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Entrevista al periodista Ángel Expósito

Con la camisa remangada por encima del codo, este madrileño de 53 años puede presumir, aunque no lo hace, de una brillante carrera que comenzó en los años ochenta y en la que ha ocupado puestos de máxima responsabilidad. Europa Press fue su gran escuela y el medio en el que recorrió diferentes cometidos hasta llegar a la dirección de la agencia. Su etapa de director en ABC le permitió descubrir otras facetas del periodismo, como el de la gestión y el de los compromisos profesionales, pero nunca ha perdido su auténtica vocación de periodista, ni mucho menos su deseo de acercarse a los escenarios donde se están produciendo los grandes dramas humanos. Recuerda con emoción sus programas especiales de “La Tarde” en Mosul (Siria) o en la frontera de México y Estados Unidos.

¿Por qué decidió estudiar periodismo?
Con 13 o 14 años, le hice una entrevista a Gloria Fuertes para la revista del colegio. Aquella experiencia me encantó: poder preguntar y escuchar a Gloria Fuertes. Y, a partir de ese momento, siempre colaboraba en el periódico del cole. Luego lo hice en las publicaciones del instituto y de la facultad. Después me cogieron como becario en Europa Press y hasta hoy.

Creo que tampoco se arrepiente de su elección.
Al contrario. Hombre, a veces te surgen dudas. De no ser periodista, también me hubiera gustado ser —por lo que he aprendido y lo que he evolucionado ejerciendo la profesión— diplomático o militar.

Desde los años ochenta, en que comenzó a ejercer el periodismo de manera profesional, hasta hoy la profesión ha cambiado mucho.
Pero ha cambiado fundamentalmente por la revolución tecnológica que han sufrido los medios. Desde la invención de la imprenta por Gutenberg, no ha existido otro cambio tan grande como el que ha generado la llegada de Internet. A partir del siglo XV se fueron produciendo algunos cambios, como la aparición de la rotativa o el offset, pero la gran revolución ha llegado con la transformación digital. Tenemos la suerte de ser protagonistas de una revolución industrial equiparable a la revolución en la industria del motor o a la llegada del barco de vapor. A todo esto hay que sumar la crisis económica y las nuevas maneras de ejercer el oficio.

Usted era adolescente en los años de la transición.
En el año 1978, cuando se aprobó la Constitución, yo tenía 13 años, pero mi hermano mayor, que me saca cinco años, estaba muy politizado y me explicaba lo que significaba todo aquello. Por lo tanto, enseguida me interesó. Luego, uno de mis padres profesionales en Europa Press fue José Mario Armero, factótum de la transición. Por lo que he estudiado y he ido aprendiendo, estoy convencido de que no se pudo hacer mejor. Hay que ponerse en aquel lugar. Todo lo que haya venido después, hasta hoy, es lo que se ha hecho mal.

¿Por ejemplo?
Hemos hecho mal el no tener orgullo de nuestra historia, el no tener educación, con mayúscula. Hemos abandonado la cultura, la dignidad, cuando deberíamos  sentirnos orgullosos de lo que se hizo en España después de una larga dictadura. Algo que no se ha hecho seguramente en ningún otro lugar del mundo. Si tuviera que resumir lo que hemos hecho mal en un solo concepto, diría que no hemos sabido educar con orgullo sobre la transición española. Pero hay algo peor que el desconocimiento: el desprecio.

¿Dónde se siente más a gusto, en el periodismo escrito, en el radiofónico o en el televisivo?
Sin duda, en la radio. Yo creo que hablo mejor que escribo y también mejor que me presento en una imagen. Eso sí, soy multimedia: televisión, digital, prensa escrita y lo que quieras.

¿El conflicto catalán ha resucitado el periodismo de trinchera?
A mí me gusta más el periodismo que hago cuando viajo a Mosul que las batallitas políticas. Pero los periodistas somos personas, para lo bueno y para lo malo. La sociedad española está tan politizada que saca los niños en las manifestaciones, y en una comida familiar no puedes hablar con tu cuñado de política porque acabas a “h”. El periodismo forma parte de esta enfermedad. Yo creo que a los que huimos de la polarización y de la política nos va mejor.

La equidistancia es muchas veces el olvido.
No hablo de equidistancia. Yo no puedo ser equidistante ante los populismos comunistas, ni puedo ser equidistante ante los incumplimientos de la Constitución. No puedo. Pero la gente está harta de política y yo no quiero echar a mis oyentes.

¿A favor o en contra de la amistad entre políticos y periodistas?
En la transición estaba justificada, pero ahora no. Puede que en determinados momentos tengamos que estar en la misma trinchera, pero eso no justifica que los periodistas nos pasemos al lado de los políticos y los políticos al lado de los periodistas. Eso es un espanto. Hay que procurar mantener la distancia porque, de lo contrario, te contaminas.

¿Qué razones han provocado el desencanto y la desconfianza hacia la clase política?
Un elemento transcendental, el 75% de la culpa la tiene la corrupción. El mayor daño al PP se lo provoca “Gürtel” y el mayor daño al PSOE se lo generan los “eres” de Andalucía. Sin lugar a duda.

Después de haber sido director de ABC, ¿cómo ve la caída imparable de la prensa escrita? ¿Culpables?
A lo mejor la culpa la tenemos nosotros, los periodistas. Cuando nos politizamos tanto, cuando nos identificamos tanto, cuando nos creemos tan listos, cuando somos capaces de saber más de fútbol que el seleccionador y más de toros que el empresario de Las Ventas, es que se nos ha ido la pinza. Es más importante un médico, un enfermero, un soldado, un guardia civil, un bombero o un maestro de escuela que el mejor periodista. No digo más influyentes. Digo más importantes.

¿Somos conscientes de la precariedad que hoy existe en nuestra profesión?
Pero eso no puede ser una excusa. Una vez le escuché decir a Iñaki Gabilondo que el peor enemigo del periodismo es el paro, porque precariza la libertad y las condiciones laborales. Pero no olvidemos, tampoco, que la precariedad también afecta a la Guardia Civil, a los médicos, a los camareros o a los vigilantes jurados. No nos quejemos tanto que esto sí que es trasversal y no sólo periodístico.

¿Qué aporta la proliferación de nuevos periódicos online?
Overbooking. Seamos sinceros: la aparición de tantos medios digitales es producto del chantaje y del impuesto revolucionario a grandes y medianas empresas. Cuando las empresas prioricen sus inversiones publicitarias se normalizará el mercado y desaparecerá el overbooking. ¡Ah!, se siente.

¿La radio suele esquivar mejor los problemas económicos y de credibilidad?
Desde el punto de vista de la influencia, es más influyente el presentador de “Las Mañanas” de COPE que todos los presentadores del telediario de las tres juntos. La gente conoce más a Herrera que a los principales directores de periódicos. ¿O no? Por otro lado, si la revolución digital ha beneficiado a alguien, sin duda alguna ha sido a la radio. Antes te escuchaban en función de los postes o repetidores que tenías, mientras que ahora te pueden estar escuchando en Wisconsin.

¿Qué le sobra y qué le falta a la radio?
Le sobra política y le falta vida, más vida. Si yo me voy a Mosul (Siria), quiero entrevistar a las víctimas que salen huyendo de los bombardeos. Y si quiero hablar del maltrato, quiero entrevistar a la persona agredida. Nos falta calle, vida y protagonistas.

¿Qué experiencias le han impresionado más de sus programas especiales en puntos conflictivos del planeta?
Escuchar las bombas en el Hospital Oeste de Mosul y ver las columnas de humo a dos kilómetros y medio, y contemplar las hileras de refugiados guatemaltecos, salvadoreños y hondureños cruzar el Río Bravo, entrando en México. Esas dos imágenes —las bombas y los centroamericanos intentando entrar en EE.UU.— me impactaron.

¿Cómo será el periodismo dentro de veinte años?
Con la revolución digital concluida, no sabemos dónde acabará, pero siempre habrá alguien, aunque sea en un tuit, en una radio, en una tele interestelar o en un periódico de papel que llegue al último planeta, que nos cuente lo que está pasando. Y ese va a ser un periodista.

¿Quiénes han sido sus grandes maestros?
Tengo muchos. El primero de ellos, José Luis Cebrián que me fichó para ser reportero de Europa Press a los 19 años, cuando él era responsable de la agencia. Llegó también a ser director de ABC. Curiosamente,  yo acabé siendo director de Europa Press y después de ABC. Luego, como oyente de radio desde que era un chavalín, me gustaba Iñaki Gabilondo.

¿Las redes sociales se pueden considerar periodismo?
No. Como no lo es la sección de cartas al director de los periódicos. En las redes sociales hay que estar y hay que usarlas, pero no son periodismo. Lo que no se puede hacer, como hacía un director de periódico, es hacer la portada en función de los tuit que había. Ahora me explico cómo acabó.

¿Las agencias siguen siendo una gran escuela de periodistas?
Son la mejor escuela. Haces de todo y aprendes a saber qué es noticia y qué no lo es. También aprendes a ser breve y conciso. Y, sobre todo, aprendes a competir.

¿Qué noticia no le hubiera gustado tener que dar?
Lo pasé muy mal la mañana del atentado de Irene Villa, porque ese mismo día mataron a otra persona y le amputaron las piernas a un militar, todo ello aquí, en Madrid. Fue una mañana atroz de atentados.

¿Algún consejo para futuros periodistas?
Vocación con mayúsculas, nada más.

¿Por qué insiste tanto en hacer periodismo solidario?
Porque no hay nada más desagradable que llegar a Madrid desde Mosul, como me pasó a mí hace dos veranos, y encontrarte con Ignacio González en Soto del Real o con Puigdemont y su cuadrilla montando el pollo.

¿Por qué se le perdona a la izquierda lo que no se perdona a la derecha?
Por complejo. En los países decentes y sensatos no pasa esto.

Entrevista: Javier del Castillo

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