En este momento se exponen en Sigüenza, en la Casa del Doncel, un buen número de cuadros de Mariano de la Concepción Torreira. Es una posibilidad para contemplar “en vivo” la obra de este original pintor y dibujante. El artista nació en Sigüenza (1937) pero muy pronto rebosó el marco local. Esta es la cuarta exposición en su ciudad natal. La primera, por iniciativa de Alfredo Juberías, marcó el principio de su camino. La segunda fue hace 43 años (“Cuando murió mi madre”, así la recuerda Mariano). La tercera y penúltima, del año 1999, fue una exposición colectiva de tres personajes muy diferentes: Mariano Canfrán Lucea, Máximo Robisco y Mariano de la Concepción, todo un acontecimiento, hay gente que tiene el tríptico de aquella exposición en la pared, enmarcado. Nada extraño que empecemos la entrevista con Mariano de la Concepción recordando al pintor Máximo Robisco que murió hace casi dos años.
Máximo no exponía su obra porque no quería hacer lo que hace todo el mundo, regalar algún cuadro a los organizadores de la exposición. Tampoco vendía porque decía que era demasiado caro… ¿Qué te parece esta postura suya?
Máximo era muy celoso con su obra. Se entiende. Queremos que nuestro sitio sea inaccesible, pero dentro de eso la obra tiene que estar extendida. Pues si no, vas a pasar desconocido totalmente, aunque seas un gran pintor.
¿A lo mejor al revés, está bien para crear un mito, una imagen del “artista” como una persona rara?
A mi jamás me ha gustado crear una imagen, yo creo que la mejor imagen es tu trabajo. Dalí salía a veces provocando, era una excentricidad, pero también hacía su dibujo.
Yo con Maxi tenía una relación muy esporádica. Aquí en Sigüenza yo estaba encerrado en casa, pintando, haciendo cosas que me encargaban, a veces cosas rarísimas, pintaba cajas de cerillas que me encargaba Marcos López Artiga. Un monigote, en cada cajita uno diferente. Y así un cajón entero. Él las traía y se las llevaba. Las vendía en Malasaña, en Madrid. Participó en la movida de Madrid y luego montó una movida aquí.
Aparte de los curiosos encargos de Marcos López Artiga, propulsor de la “movida” en Sigüenza, Mariano “ilustraba” tarros de miel, botas de vino. Exponía sus dibujos en los escaparates de la tienda de tejidos de Álvarez.
Empecé a pintar con la persona que restauró la Catedral de Sigüenza después de la guerra, Antonio Labrada. Fue un restaurador que tuvo tanta vinculación aquí que llegó a ser alcalde de Sigüenza. Yo aprendí dibujar con él, con las esculturas, los restos de las ruinas que había aquí... Participaba en sus tertulias y las de Gerardo Relaño. Este último me puso en contacto con Pepe de Juan que era director de la “Nueva Alcarria” y con él hice la primera exposición en la Diputación de Guadalajara. Muy densa, muy oscura porque yo entonces no pintaba más que en blanco y negro. Y entonces conocí a mi primo Rubén Torreira (falleció hace un año) que era de la misma promoción de Bellas Artes que Antonio López. También hiperrealista. Él llevó mis dibujos a la galería Kreisler de Madrid. Y allí tuve mi primera exposición en Madrid junto a Rubén. Y después ya empecé a moverme por muchos sitios.
¿Qué te parece el hiperrealismo?
No tengo que ver nada con hiperrealismo. Es muy bueno. Pero no me encaja en mi línea.
He participado muchos años en el premio Rafael Penagos. Es el premio de dibujo más famoso que había en España. Lo convocaba MAFRE. Estuve seleccionado muchos años pero nunca premiado porque me salía del canon del hiperrealismo. Conocí a Antonio López en una charla que él daba en Guadalajara. Le comenté eso y él me dijo: “¿Sabes porque nunca has ganado? Porque te has salido del canon”.
¿Estudiaste dibujo en alguna escuela?
Rubén me quería meter en Bellas Artes. Yo era muy rebelde y no quise estudiar lo que hacía falta para entrar. Estuve trabajando en Guadalajara en un estudio de arquitectos, allí aprendí mucho de dibujo. Con los arquitectos me sentía cómodo. Conseguí vender mi pintura aunque era pintura muy difícil para vender.
Claro, paisajes y bodegones, eso es muy bonito. Pero otros cuadros, de, digamos, temas sociales... En tu página web se puede ver un cuadro bastante tétrico sobre una prostituta o algo así…
Tengo mucho de este tema. Cuando hice mi primera exposición en Guadalajara, en blanco y negro, expuse un cuadro grandísimo “La noche del amor”. Tú imagínate, una cama, una mujer tendida, un hombre encima de ella con pantalones bajados y tres esperando el turno. Alguno me dijo “Qué atrevimiento” y tal y cual, pero no pasó nada. A alguno le gustó que hiciera esto, una especie de rompimiento.
¿Has ilustrado libros?
Alguna vez me encargaron alguna ilustración para El Quijote... Yo fui uno de los fundadores del periódico “Segontia”, Camilo José Cela nos mandó una colaboración, después hicimos otro periódico de Sigüenza, “Foco”, a multicopista. Hice una portada en “Segontia” y algún dibujo. También escribí, me gusta escribir.
Tienes un estilo muy propio. ¿Naciste con él o lo elaboraste en tus primeros años?
Tengo unos dibujos primitivos anteriores a eso. Dibujaba de manera plana, no se me daba la expresión de las caras. Me ha llevado mucho tiempo conseguir que fuera expresiva la pluma. Dibujo con la pluma más fina que hay.
Al principio pinté solo en blanco y negro, con óleo pero en blanco y negro. Empecé a coger algo de color, y la llamarada de color llegó cuando viaje a La Habana. Hice una exposición completa sobre La Habana, y el único cuadro sin vender fue ese que se encuentra ahora en la exposición, el resto se vendió todo. Entonces ya metí mucho color..
Uno de tus temas favoritos son los músicos…
Mi padre tocaba la batería en la Banda Municipal de Sigüenza. Mi tío José tocaba el oboe. El tío Andrés tocaba la trompeta y otro tío tocaba el piano. Yo la música la tenía en casa… No soy músico porque nunca me dio por la música, me dio por hacer garabatos y garabatos… Pero ya no hago músicos. Lo que hago ahora son esqueletos. Mi sobrina se quedó asustada, le digo: “Pero tú obsérvalo tranquilamente” Al rato dice “¡Qué divertido el cuadro!” No sé porque pero me apetece. Se venda o no se venda. El artista nunca puede ser comercial porque entonces pierde su esencia.
¿Cómo trabajas sobre un cuadro? No siempre se entiende ¿qué va primero, la línea o el color?
Hago un boceto –encajo bien el dibujo–, luego la base de color y luego la pluma, a veces en el proceso rectifico el boceto. A veces piensas que va a ser lento y se hace muy rápido, parece que algo le va ayudando. Hay cosas que te sorprenden…
A diferencia de la artesanía, en el arte nunca sabes qué va a salir al final ¿no es así?
Sí, y además yo creo que el artista tiene que dejarlo sin terminar, dejar espacio para la interpretación. Con los colores muchas veces no llego al final, se puede prescindir de ello, no hace falta. Me gusta dejarlo en blanco.
Haces una especie de series temáticas: los músicos, los botargas, la Alhambra, La Habana… ¿Y ahora en qué tema estás?
Hice una cosa sobre Valle-Inclán, de las cuatro “Sonatas” y ahora quiero hacer algo relacionado con sus obras teatrales. Tengo empezada una historia sobre Camarón. …He recibido dos veces un premio de la Fundación Rafael Alberti en Cádiz, tengo mucha relación con esta ciudad. Allí está marcada la Ruta de Camarón en San Fernando, empecé hacer dibujos en esta ruta, pero luego metí otras cosas de Camarón… Hice una cosa, muy extensa, sobre la Alcarría…
¿Y hacer alguna cosa temática de Sigüenza?
A lo mejor este verano cuando venga… Yo soy de mucho ver las cosas… Pasear por la noche, buscar la luz. Lleva más tiempo prepararlo.
¿Tienes relación con Antonio Pérez y Pepe Esteban, que son más o menos de tu generación?
Con Antonio Pérez me relaciono mucho. Coincidimos varios años en el premio Nacional de Dibujo en la Diputación de Guadalajara, hemos sido Jurado. A Pepe Esteban también le veo, porque él también está en el jurado de estos premios, en la modalidad de literatura. Y hemos hecho alguna tertulia en Guadalajara.
¿Quién pintores te gustan más?
El primero de todos, Picasso. Lo que pasa es que abrió todos los caminos y también los cerró. Pero bueno… Allí aprendimos todos. Y luego me han marcado Gutiérrez Solana, Goya, Van Gogh, los expresionistas; Velázquez mucho, su técnica.
¿En su momento salir de Sigüenza y ver pintura te cambió?
Claro. Aquí no vi nada más que recortes. Antonio Pérez me dijo que casi agradecía que lo persiguieran: “Eso me obligó ir a París y allí descubrí un mundo”.