Una ruidosa corrida para San Roque

Pues sí, era el día de San Roque, y se celebraba en la plaza mayor, usando la puerta del toril. Hubo asistencia de autoridades, que generalmente eran el alcalde mayor y los alcaldes ordinarios. Las autoridades asistieron todas, pero entre ellas estaba el alcalde ordinario Baltasar de Gálvez que, mira por donde era familiar del Santo Oficio y, según parece bastante bruto. También estaba en la corrida el cura de Valdealmendras, Juan Torres, aunque oficialmente, como clérigo le estuviera prohibido; pero el clero no hacía ni caso.

El caso es que el ínclito Gálvez mandó a sus alguaciles que se quitara una almohada de terciopelo carmesí de la ventana de la casa del organista de la catedral donde se encontraba doña Ana de Ardanza, una dama destacada de la ciudad. Doña María respondió con ironía que la quitaría y, si lo hubiere querido el alcalde se habría ido de la plaza. A eso contestó Gálvez: “pues mira que gentil desvergüenza que una mujer común y ordinaria tenga el atrevimiento a tener almohada…”

Y enseguida se monta el lío por que el cura, el bachiller Torres, salió en defensa de doña María, diciendo a Gálvez que estaba en un error al considerar a María de Ardanza una mujer de humilde cuna y, sin mediar palabra, Baltasar Gálvez cogió su vara de justicia y apaleó al cura de Valdealmendras.

Podemos figurarnos la que se montó y la inmediata prisión de Gálvez, no obstante los de la inquisición tuvieran tantos privilegios. Quizá por eso fue tan bruto.

Una cosa así creaba desprestigio entre la población y por eso procesaron a Gálvez y el tribunal del Santo Oficio le castigó con severidad. Le cayeron tres años de servicio en las galeras reales, otros tres años de destierro de las ciudades de Cuenca y Sigüenza, a seiscientos ducados, quinientos para el bachiller Juan de Torres y cien para los gastos extraordinarios del proceso y al pago de todas las costas del mismo.

Baltasar Gálvez apeló al Consejo, pero murió mientras estaba en prisión. Y menos mal, porque tres años remando, matan también a cualquiera.

Los hechos en la plaza fueron el 16 de Agosto de 1607 y el 8 de Octubre de 1609, la Suprema revocó la sentencia anterior –había muerto el reo y el escándalo habría sido menor- y se condenó a Baltasar Gálvez a pagar doscientos cincuenta ducados al cura e Valdealmendras, pena que pagó el hermano de Gálvez con los bienes del difunto

¡Qué lío el día de San Roque!

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