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Pues hombre, según donde, cómo y cuándo. Digo donde porque, dependiendo de la edad que tenga y, si es viejo, no le recomiendo ir por Sigüenza y su tierra, mejor por tierras llanas; si es joven puede hacer de todo e incluso le hará bien a la salud pasándoselo bien.

Hoy, lo del cómo va a montar en bicicleta el cura no tiene importancia; montará como le dé la gana y lo mismo el cuándo, aunque lo mejor será evitar lluvia y nieve o incluso el demasiado sol.

¿Pero siempre ha sido así? 

Pues no. Por lo menos en la península italiana en el primer cuarto del siglo XX. El cura no podía ir en bicicleta.

Ignoro la situación española y no pienso perder tiempo en investigarlo; pero, repasando el catálogo del archivo privado de Pío X, Papa desde 1903 a 1914, he encontrado que por el norte de Italia no se podía; había sido impedido por los obispos, no obstante la ventaja que suponía en tierras llanas y el ahorro de tiempo para ir de un sitio a otro.

Y ¿quién tenía la culpa?

Pues la sotana. Si naturalmente un cura quería usar la bici, no tenía más remedio que arremangarse la sotana, pues quitársela hubiera sido un escándalo y eso a los típicos defensores de las buenas maneras, de la educación y de la dignidad de los sacerdotes les habría llevado a poner el grito en el cielo y a dar la lata.

En la región de Lombardía, un concilio provincial había prohibido al clero, de manera absoluta, el uso de la bicicleta pero algo debió permitir la congregación del Concilio cuando el cardenal Ferrari, arzobispo de Milán, en nombre de los demás obispos, escribió una carta al Papa con su adhesión a la encíclica Pascendi y pidiéndole que permaneciera en vigor la prohibición absoluta del uso de la bicicleta por parte del clero como había establecido el concilio provincial, deseo que iba contra lo establecido por la congregación romana. Pío X contestó con carta autógrafa autorizándolo a publicar la determinación del concilio tal y como habían establecido los obispos lombardos. Estábamos en 1907.

Así es que ya saben: en algunas partes del norte de Italia el cura no podía ir en bicicleta.

Pero el tiempo corre y las opiniones cambian.

En Junio de 1912 monseñor Della Chiesa (luego Benedicto XV), arzobispo de Bolonia, en nombre del cardenal arzobispo de Ferrara y de los obispos de la región de Romaña, escribió al Pontífice que en la reunión que habían tenido, habían hablado de lo aconsejable que habría sido la no aplicación de penas graves contra los sacerdotes que montaban en bicicleta. Pío X escribió al cardenal Boschi, arzobispo de Ferrara, que tenía en cuenta los muchos razonamientos expresados para no castigar con rigor el uso de la bicicleta, pero que se reservaba estudiar y mandar estudiar el tema, en vista de una norma general.

La cosa debió tener también su cosa en otros países pues el Papa escribió una nota preparatoria de un texto que luego firmaría el secretario particular, monseñor Bressan, sobre el tema de la bicicleta, dirigida al cardenal Perraud, obispo de Autun, en 28 de Diciembre de 1903 sobre el uso de la bicicleta. Quiero especificar que en Italia el día de los inocentes no es el 28 de Diciembre, sino que es el 1 de Abril cuando se hacen las inocentadas.

De todas maneras el tema fue tal que ha dado lugar a varias publicaciones.

Pedro A. Olea Álvarez 

Sigüenza 30 de Abril de 2024.

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