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Antes de que los números indo-árabes (0, 1, 2… 10, 11…) desembarcaran en el mundo occidental, hubo algunos sistemas de numeración alternativos a los números romanos (I, II… V, VI… X, XI…). Uno de ellos, poco conocido y menos estudiado, fue la numeración que utilizaron los monjes cistercienses.

En la Inglaterra del siglo XII se empleaban exclusivamente los números romanos, y fue precisamente en esa centuria cuando el monje inglés, John de Basingstoke, viajó a Bizancio donde conoció la “taquigrafía griega”, un sistema de escritura abreviada que representaba sílabas con un solo símbolo. A su vuelta a Britania, inventó un sistema de numeración que permitía escribir números del 1 al 99 usando una sola cifra (un solo símbolo).

En este sistema, un guion con distintas inclinaciones situado arriba, en medio o abajo del lado izquierdo de una línea vertical señalaba las unidades y simétricamente, en el lado derecho, las decenas. Ver Imagen 1.

Imagen 1. Sistema de numeración del monje John de Basignstoke. Gráfico del autor.

Durante los siglos XIII y XIV, aparece un sistema que mejoraba al del monje de Basingstoke. Esta variedad surgió en monasterios cistercienses esparcidos por toda Europa, desde España a Suecia y desde Italia a Inglaterra. La nueva modalidad era capaz de reproducir números del 1 al 9.999 con una sola cifra. Estas cifras no se destinaban al cálculo, sino a indicar años, numerar páginas, confeccionar índices de materias y otros usos relacionados con los manuscritos que estudiaban y copiaban los monjes en sus abadías. Aparecían en los márgenes de textos de teología, aritmética y astronomía como una numeración complementaria a la romana o a la indo-árabe.

En este sistema mejorado del Císter, la línea base era horizontal sobre la que se disponían distintas combinaciones de guiones que simbolizaban los números del 1 al 9 situados del siguiente modo: las unidades en la parte superior izquierda, las decenas en la inferior del mismo lado, las centenas en la superior derecha y en este lado, pero en la parte inferior, los millares. Ver Imagen 2.


Imagen 2. Sistema Cisterciense horizontal. Gráfico del autor.

Dos son las funciones básicas del cero y las cifras cistercienses no disponían de un símbolo para una de ellas, el cero como cantidad nula, pues la línea base sin ningún guion no formaba parte del sistema; sin embargo, sí se podía representar un cero posicional, es decir, la ausencia de un orden de magnitud en un número, como 20 o 5.108, dejando vacío su lugar.

Existieron algunas variantes de las cifras cistercienses, por ejemplo, en una de ellas los símbolos del 3 y el 4 estaban permutados con los del 7 y el 8.

Hubo que esperar hasta el siglo XVI para que la numeración indo-árabe ganara la partida a los demás sistemas de numeración por sus evidentes ventajas prácticas; pues, además de disponer de cifra para el cero, no solo servía para contar, sino que permitía sumar, restar, multiplicar y dividir, gracias a su carácter de sistema posicional. Esto no era posible con los números romanos (¿cómo multiplicamos XVI por IX?), ni mucho menos con las cifras cistercienses.

Cifras basadas en las cistercienses se conservaron hasta el siglo XVIII en el gremio de los viticultores de la zona occidental de Flandes para indicar el volumen de cada tonel.

En el siglo XVI, el esotérico Heinrich Cornelius Agrippa de Nettesheim describió en su obra De occulta philosophia libri tres (Tres libros de filosofía oculta) la numeración cisterciense; pero asociándola a tratados de astrología y magia, por lo que durante muchos años se consideró erróneamente este sistema ligado a las “ciencias” ocultas. Por esta razón, fueron rescatadas por masones, rosacruces y algunos folkloristas alemanes de principios del siglo XX, de los que el nazismo las tomó creyendo estúpidamente que se trataba de símbolos arios.

Curiosamente, los usos tardíos de los monjes volvieron a la línea base vertical. En ese momento se situaron las unidades en la parte superior derecha, las decenas en la izquierda, las centenas en la inferior derecha y los millares en la izquierda. Ver Imagen 3.


Imagen 3. Sistema cisterciense vertical. Gráfico del autor.

En los monasterios e iglesias cistercienses, como la de Santiago y partes de la Catedral de la Ciudad del Doncel, pueden aparecer símbolos de este u otros tipos, principalmente en sus manuscritos, pero también en sus piedras, vigas, frescos, instrumentos... ¿Cuántos de estos números habrá por las viejas piedras de Sigüenza? Ver figura 4.

Para saber más: King, David A. The Ciphers of the Monks. Stuttgart: Steiner, 2001


Imagen 4. Marca en un sillar de una casa antigua seguntina, presunta caracterización del número 170. Fotografía del autor.

Ediciones de La Plazuela - El Afilador

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