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La España vacía y el infierno en la Tierra

Señores políticos capitalinos, la España vacía no existe. Dejen de vaciarnos, por favor. Aquí vive gente, se sorprenderían si lo vieran. A algunos, desde la distancia de sus torres urbanas de marfil, desde su comprensión de la realidad consistente en la suma de titulares cotidianos, les sonará extraño, pero hemos estado viviendo aquí, el infierno en la Tierra según todos los medios, durante los últimos 40 años. Los mismos durante los que ustedes han venido ignorando aquello que tantos servicios ha dado al poder. Es decir, a su poder.

El régimen, que no sistema político, "que nos dimos entre todos" en el 78 se creó bajo la supervisión de los cabecillas, residentes en Madrid, de unos nuevos órganos del Estado que hasta ahora no habían existido como tales en toda nuestra historia: los partidos políticos identitarios y estatales. En este régimen de poder, la masa, porque así se nos conceptúa en una tradición política que viene desde la segunda mitad del XIX, cuando nacen los partidos identitarios, aún no estatales; en este régimen, la masa, digo, ha de refrendar uno u otro de los bloques sin mediar previa palabra con el ciudadano mediante procedimiento formal, es decir, por pura identificación (de ahí el calificativo de resonancias fasciosas), como si de un equipo de fútbol o del cantante de moda se tratara, una relación puramente unidireccional y subordinada, en un plebiscito convocado cada cuatro años que lo único que pregunta en realidad, por si el lector no se lo había planteado, es sobre la continuidad del gobierno partidista anterior. Terminadas las votaciones refrendarias o plebiscitarias, jamás "elecciones" ya que no se elige nada (un plato combinado siempre lo combinan otros), el poder se concentra en la persona que encabeza el bloque ganador, de ascendencia siempre urbana por diseño obvio, no pintando nada en este estado de cosas la relación con los distritos electorales de los llamados diputados, que en realidad son exclusivamente los empleados del jefe del bloque de turno en las aún hoy día llamadas Cortes. Es decir, por pura definición, los cortesanos del jefe de facción, dueño absoluto de la sede del Estado.

Los llamados "constituyentes" fueron más allá, y no contentos con instaurar un régimen ajeno a la libertad política, quisieron añadir "estabilidad" intentando favorecer el burdo mecanismo de limitar las opciones, idealmente reducidas a dos, en reminiscencia del pacto Cánovas-Sagasta de 1885. No fuera a ocurrir que alguno saliese rana. El miedo a la libertad y no otra cosa es lo que ha dominado todos los cambios políticos de los últimos siglos en este país, y lo del 78 no fue ninguna excepción, impidiendo una y otra vez que sea el conjunto ciudadano dando un paso al frente, y no el poder establecido y miedoso, el que tome sus propias riendas de una vez como verdadero constituyente indiviso, es decir, no "partido", como correspondería a un sistema político de plena legitimidad democrática. En su demostrable ignorancia, como mínimo de las matemáticas elementales, aquellos artífices creyeron aquilatar ese principio turbio de estabilidad mediante una estructura premeditada de circunscripciones electorales en el que la creación consciente y por diseño de restos minoritarios, es decir, las provincias pequeñas, apuntalaran la ventaja de los mayoritarios, es decir, del bipartidismo. Como si no se supiera por teoría política o por simple comparación con lo ya vigente, cuarenta años tuvimos para estudiar otros sistemas ademocráticos semejantes implantados tras la segunda guerra mundial por toda Europa, que los regímenes de partidos por cuotas proporcionales tienden a la disgregación y a la multiplicación de facciones. Lo excepcional en España es que el bipartidismo haya durado tanto, posiblemente por motivos puramente idiosincrásicos, es decir, por esa herencia cainita nuestra, pero estaba claro que tarde o temprano esa alternancia perfecta de inspiración decimonónica se tenía que romper, y bastó una crisis de la economía como excusa para que aflorara el hastío de la sociedad hacia los políticos, que no son sentidos como representantes de nadie porque, efectivamente, no lo son, para que la disgregación, en una especie de huída hacia adelante del desinformado pueblo español, tuviera lugar y se instalara para quedarse (mientras perdure el régimen actual). Ahora que el pastel se divide en cinco trozos principales, el diseño trabaja a la contra de aquella "estabilidad" pretendida, aunque ya venía haciéndolo en realidad con los partidos regionales desde hace tiempo. En provincias pequeñas y con muy pocos votos a los que convencer, un diputado, es decir, hay que insistir, un empleado del jefe de Madrid, jamás de su distrito, por azares no tan controlados desde la las cúpulas partidistas relativos, por ejemplo, a la imagen personal del señor Cayo de turno o a otras circunstancias locales ajenas al discurso mayoritario, mediático y urbano, en un amago paradógicamente de lo más parecido a la representación que puede tener lugar en este sistema intrínsecamente no representativo, un diputado, digo, puede acabar cayendo en cualquiera de las cinco facciones aparentemente ya consolidadas en este momento, tomen las siglas que tomen como marca en el futuro. Es decir, el sistema al final ha acabado funcionando para apuntalar la implosión de los poco disimulados planes de aquellos genios de entonces que creyeron estar haciéndose un traje a medida, empeñados en sorber (sistema proporcional) y soplar (bipartidismo) al mismo tiempo.

De ahí, y no de otro sitio, viene el inédito barullo mediático reciente sobre la cuestión rural, en este país ausente de prensa libre, siempre escrita al dictado de los omnipresentes partidos: del repentino interés por las "provincias" y los "provincianos" de sus señorías capitalinas, demasiado parecido a lo del amor al tal Andrés. ¿Se imaginan lo que le pasaría a un diputado sujeto, en lugar de a las órdenes de quien le puso en la lista, a sus electores de distrito por mandato imperativo directo si no hiciera caso de lo que en el distrito pasa? En efecto, sería fulminado por sus electores de inmediato. Distritos uninominales por mayoría absoluta y con mandato inmediatamente revocable, es decir, un representante verdadero del elector en cada distrito, que tiene que escuchar y responder legalmente y en todo momento ante él, que tiene oficina personal en el distrito del que depende, que cobra (o deja de cobrar) directamente de ese distrito y no por gracia de un jefe que le puso en una lista a cambio de ser luego votado como presidente, miembros ambos, diputado y jefe, de una misma camarilla completamente ajena al ciudadano, organizaciones opacas y no controladas por el pueblo por mucha vestimenta de apariencia democrática que quieran mostrar en sus procedimientos internos y que al final siempre se demuestra falsa, como no puede ser de otro modo (ley de hierro de las oligarquías, Robert Michels). Es decir, en lugar de unas "cortes" que nos acercan más al antiguo régimen que al control del poder por el pueblo, una verdadera cámara de representantes legales que actúan bajo la espada de Damocles del mandato imperativo, o sea, de la obligatoriedad de cumplir lo apalabrado sin meter, por supuesto, la mano en la caja, y de la posibilidad de destitución inmediata por simple acuerdo de sus electores en el mismo momento en que ellos lo deseen, simplemente por haber sido defraudados en sus expectativas. Representantes a las órdenes de la nación, jamás a las de una cúpula faccionaria ajena al elector y remota en el espacio y en intereses al distrito. Eso es lo que le hace falta a la "España vacía", señores mandantes, que no mandatarios, de Madrid. Un sistema que iría a costa de su poder omnímodo, obviamente, nadie se extraña que ninguno de ustedes quiera hablar de esto mientras nos arrojan zanahorias cada cuatro años, más bien pocas y más bien pochas hay que decir. Tendremos que hablarlo los demás, es decir, el pueblo, la nación que algún día será constituyente, cosa que jamás lo ha sido en este país.

Porque, aunque aún no lo sabe, la representación verdadera y funcional también le hace falta al resto de España, a la parte masiva y mediatizada, la que no quiere venir a vivir al campo, apunten bien esta idea, señorías, si quieren comprender algo de lo que le está pasando a esa España que se empeñan en vacíar en sus discursos. Porque el campo es muy incómodo y hay que hacerlo todo desde cero, porque el campo es algo "como de la posguerra", un lugar de pintoresca miseria que nadie quiere para sí mismo aunque sí para usarlo, es el verbo correcto, el fin de semana, para pasear "en plena naturaleza", es decir, con barandillas, hagan el favor, y con la pauta bien trazada y señalizada, para tomar unas tapas en un escenario mejor cuanto más literalmente lo sea, es decir, cuanto más artificial y parecido a la urbe, lugares creados y no encontrados ni mucho menos descubiertos tal cual son, mucho menos respetados porque siempre quieren ser adaptados, remodelados, domeñados al dictado de una imagen que no es propia del sujeto activo sino implantada por quienes no han comprendido nada (nada más que su interés), siempre elaborada desde la predominancia sociológica de la gran ciudad, que es la que mueve masas y que es la más fácil de amasar, siempre completamente ajena a la realidad rural e incluso a la realidad misma. El campo idílico, bucólico y pastoril del fin de semana, es, no se cansan ustedes de ahondar en el estigma, partidos y medios, sea directa o subliminalmente, el mismísimo "infierno en la Tierra" en el día a día y, por añadidura, más valdría "urbanizarlo" para hacerlo "civilizado", que si no, claro, no se puede. Ya podrán intuir que con ello hacen flaco favor, y sigo aquí su concepción paternalista de las cosas, a ese campo que tanto, de repente, les preocupa ahora.

Ese y no otro es el origen profundo de la "despoblación", que es puramente sociológico, más que económico, no se equivoquen y no nos engañen más, en este país en el que la iniciativa y el pensamiento propios, imprescindibles para "dar el salto al campo", están ninguneados y apartados bajo la hegemonía cultural partitocrática, en el que, en esa forma de pensar colectiva cuidadosamente moldeada a lo largo de los años, cuando algo es bueno, jamás ha salido de la nación libre, que la nación no sabe aún ni lo que es eso, aunque lo sabrá, no lo duden, sino de la "gracia" que tenga a bien conceder el partido o facción de turno, en similitud de la pleitesía propia de otros tiempos. Reminiscencias que son parte, nos guste o no, de nuestro ethos como pueblo, cuya naturaleza profunda, herencia de al menos los 40 años anteriores al 78, pero resultado también del diseño de lo que vino después, cercena en general, al contrario de lo que pasa en parte de Europa (véase el campo de Francia o Inglaterra), el impulso exploratorio y de asunción de riesgos personales necesario para emprender una nueva vida fuera de las ubres acomodaticias de la gran ciudad. Por que sí, el mundo rural es difícil, no nos vamos a engañar, pero en absoluto imposible. Solo tienes que tenerle de verdad ganas. Si no, ya podemos seguir añadiendo siglas a la ensalada de letras de los ARI, ARU, FEDER, LEADER, PAC, etc, que se viene salpimentando desde hace tiempo en el guiso de ese tan propagandístico "desarrollo rural" y que han servido hasta ahora más bien para echar sal en las heridas ya que la lechuga de debajo, es decir, los pretendidos nuevos pobladores, sigue brillando por su ausencia, salvo honrosísimas y parcas excepciones que, además, suelen instalarse sin pedir sal ni albahaca: ya se la plantan ellos. Con condimento o sin él, la sociedad hegemónicamente urbana e ideológicamente urbanita prefiere no venir por pagos tan exóticos más que a recrearse en ese exotismo, y el domingo por la tarde a casa, es decir, a la caravana, ni hacer, en fin, ningún tipo de extravagancia ajena al guión. Insisto, apúntense el concepto, que es la clave. Malos mimbres en todo caso teniendo como tenemos una de las más bajas densidades poblacionales, hablo de la nación en conjunto, de toda Europa. Lo cuál, visto desde determinado punto de vista, sería en realidad un privilegio si no fuera por el exacerbadamente deficiente reparto que se hace de él en términos territoriales, cosa que tampoco ha sucedido completamente al azar, también hay que decir, desde el punto de vista de la planificación política del territorio (AVE, autopistas radiales, etc.) ¿O se piensan sus señorías que con sus novedosas propuestas para los proximos comicios, vistas y revistas una y mil veces, que ahora dicen que van a tener a bien conceder, trasplante de ideas de diseño urbano intrasplantables a la realidad rural más allá de aquel cuatrienal eco, siempre amortiguado como corresponde a su naturaleza, van a solucionar lo que no es más que el resultado del carácter en lenta evolución de todo un pueblo, producto de una herencia política que niega por diseño consciente el mismo espíritu de nación libre compuesta de individuos capaces, además de la pura y dura estructura demográfica paulatinamente apuntalada durante décadas por un sistema de infraestructuras contrario a todo lo que vienen a predicar ahora, de repente, cuando les mueve el miedo de no ser capaces de seguir sujetando ese estado de cosas que nos tiene atascados precisamente aquí? ¿De verdad quieren hacernos creer que son ustedes tan poderosos para cambiar de un plumazo, siempre en el nombre y por el bien de su pueblo agradecido, cosas tan firmemente instaladas sin que nada profundo, es decir, su capacidad de impregnarlo todo en esencia, cambie en realidad? Lo lamentable no es que ustedes se lo crean, que ya sabemos que no se lo creen. Lo triste será que lo sigan haciendo, a estas alturas, los "refrendantes".

 

Ocho de marzo en las calles de Sigüenza

Se detuvo el tráfico. Se paró el aire. Mientras los nombres de las mujeres asesinadas rasgaban el silencio como saetas uno tras otro y nos herían el alma. Las siluetas inertes, sin vida quedan recortadas sobre el asfalto.

Ocho de marzo, Sigüenza. Nos juntamos en la plaza. El reloj da las doce y las mujeres tomamos la voz

Queremos que se nos vea, que se nos tenga en cuenta, que estamos, que somos y lo gritamos por las calles. Porque no partimos con las mismas posibilidades, porque no vivimos en igualdad de condiciones, porque nuestros derechos llegan más tarde y más pequeños, porque no disponemos de la misma cuota de poder, porque en algún momento siempre hay alguien que decide por nosotras.

Tenemos la necesidad de pedir que se nos crea y lo pedimos recorriendo las calles con nuestras pancartas.

Tenemos la obligación de exigir nuestra mitad del mundo y de la vida. No la mitad peor, ni la más trabajosa, ni la peor pagada. Y la exigimos también en las calles con nuestros manifiestos, nuestras poesías, nuestras citas.

Y en este deseo de avanzar hacia la igualdad nos unimos, nos dimos las manos realmente mujeres venidas de Villaseca y Castejón de Henares, Atienza, Albendiego, Riosalido, Ujados, La Olmeda de Jadraque, Cañamares, Bujarrabal, Pozancos, Santamera, Sigüenza, Ures, Alcolea del Pinar, Cogolludo… y metafóricamente fundidas en un abrazo que recorre el planeta de parte a parte, mujer a mujer desde Asia a África, desde América hasta Oceanía, haciéndonos más fuertes y más valientes. Cadena humana de calor y empatía en la que nos faltó el eslabón que forma parte de nuestro ayuntamiento desde la concejalía de economía y hacienda, Eva Guadalupe Plaza Ávila. Como mujer y como representante de todas que es, la invitamos a unirse en próximas ocasiones. Igualmente, como hombre solidario invitamos a nuestro alcalde, José Manuel Latre, a que apoye la vida y las justas aspiraciones de las mujeres.

Pero las mujeres no somos ni queremos ser oscuras, ni tristes. Somos vitalistas, alegres, divertidas, optimistas, festivas y también quisimos compartir nuestro entusiasmo, nuestra animación y nuestro contento. De manera que ya en la tarde, echamos a rodar nuestras risas desde la Plazuela de la Cárcel que bajaron tropezando en los empedrados, parándose en cada esquina para fundirse con jotas y canciones en una zarabanda de voces, palmas e instrumentos hasta llegar a la Alameda.

Allí, juntas de nuevo, soñamos el mundo que queremos: un mundo igualitario, un mundo de mujeres sin miedo y sin abusos, un mundo en el que vayamos todas y todos de la mano.

Pero bien sabemos que los sueños no los regalan, los sueños se conquistan luchando.

No pararemos hasta tener el mundo soñado.

¡Que viva la lucha de las mujeres!

Un año sin Trevijano

Se cumple un año del fallecimiento de Antonio García-Trevijano Forte (Alhama de Granada 18/07/1927 – Madrid, 28/02/2018), y es necesario recordarlo, primero por injustamente repudiado e ignorado durante buena parte de su vida, segundo porque solo él dio la explicación esencial a lo que nos pasa en este país y porque, por tanto, necesitamos sus ideas y propuestas, las cuáles sin duda le sobreviven y tarde o temprano triunfarán porque no puede ser de otro modo: el solo decía que el sol sale en verano mientras los demás hablan de lluvia. Fue hombre de cultura enciclopédica que supo unir todo ese saber profundo y meditado de las ideas de los grandes pensadores con las enseñanzas de su propia acción política, en la transición y el franquismo, del que terminó siendo el aglutinador de toda la oposición antes de que fuera traicionado por los aspirantes al nuevo poder. Creó un cuerpo teórico y práctico que trascenderá como uno de los pensamientos más brillantes y completos sobre lo político, con la virtud de ser plenamente aideológico, es decir, de verdadera ciencia política. En su obra, de profundidad inagotable en cada página, muestra los fundamentos de ese inasible concepto llamado democracia que, desde él, queda inequívocamente definido. En sus libros interpreta el significado político jamás explicado de hechos históricos como las revoluciones francesa y norteamericana, imprescindibles para entender dónde estamos y, sobre todo, dónde no estamos. Su extensa e intensa “Teoría pura de la república” es, seguramente, por el cambio de paradigma que supone al que lo estudia, el libro más importante que he leído en mi vida.

Trevijano, o mejor Don Antonio, como nos referimos a él todos los que en vida le respetamos aunque solo fuera por lo que nos enseñaba generosamente cada semana en sus programas grabados en plataformas de internet, fuera de los grandes medios, que lo silenciaban, él, digo, fue el primero que habló aquí públicamente de separación de poderes y el único que lo ha hecho en los correctos términos; nos enseñó que no es lo mismo representatividad, cosa imposible e innecesaria en un parlamento, que estar representados, cosa posible, necesaria e inexistente en España y en la mayor parte de Europa; nos enseñó a diferenciar entre nación y estado y nos mostró que sin ésta enfrente y atándolo corto no puede haber democracia; denunció hasta el último día que en España y en Europa el poder lo ostentan facciones y no representantes a las órdenes del elector, que nos gobierna una oligarquía de cúpulas de partidos de masas, es decir, identitarios, integrados en el estado, del que son dueños y tienen a su servicio; que el miedo a la libertad que impidió la ruptura democrática en el 78 es el que la sigue impidiendo hoy, mientras se nos mantiene en la confusión (“del error se sale, de la confusión no”) de que el remedio está en cambiar el collar al perro cada cuatro años en lugar de cambiar de perro, de una vez, por uno que nunca ha habido en España. Don Antonio fue el único antisistema que ha tenido Europa en los últimos 40 años, pero no un antisistema “echao al monte” y fuera de la sociedad, sino uno constructivo que defendía, no ya una simple opinión sobre lo mejor para su país, sino lo único bueno posible según un edificio teórico indestructible, un conocimiento fácil de enunciar pero no rápidamente fácil de asir por sus múltiples implicaciones, en todo caso al alcance de cualquiera dispuesto a hacer un pequeño esfuerzo. La instauración de un sistema inteligente de control del poder y de verdadera libertad política, y no solo un régimen con libertades públicas, que es la zanahoria que se nos concedió, nunca mejor dicho, en la transición y que, por supuesto, no es lo mismo.

Nomofobia

¡Hola queridos/as lectores/as! Un mes más, estamos aquí el equipo del Espacio Joven “la Plazuela” para hablar de un tema interesante: la nomofobia. ¿Y qué es eso? Os estaréis preguntando.

La nomofobia es una especie de miedo o fobia, como indica su nombre, hacia el hecho de estar sin teléfono móvil. Es, originariamente una expresión inglesa “no mobile-phone phobia”.

En Reino Unido se realizó un estudio en 2011con 2.163 personas y los resultados fueron que el 53% de los usuarios/as sufren un ataque de ansiedad cuando no encuentran el móvil, se quedan sin batería o no tienen cobertura.

La incomunicación nos puede llegar a producir una sensación de ansiedad que nos invade y nos hace desear intensamente el momento en que volvamos a estar conectados con nuestros teléfonos móviles.

Este tipo de adicción sin sustancia es más habitual en adolescentes, porque tenemos más necesidad de ser aceptados/as por los/as demás y estamos más familiarizados con las nuevas tecnologías. Además pasamos muchas horas conectados y desarrollamos nuestra identidad en las redes sociales (identidad digital).
Hay gente que no puede vivir sin su móvil. Algunas personas incluso pasan más de 5 horas seguidas conectadas a Internet. Pensareis que lo estamos exagerando, pero es la verdad, porque cuando estás con el móvil el tiempo pasa más rápido y no sabes lo que te pierdes al estar con él y eso es un problema. No decimos que esté mal usarlo pero con moderación y sólo cuando lo necesitas como para llamar y quedar, buscar información y cosas así, pero no para estar todo el día jugando y conectado a las redes sociales.

El juego que más adicción está creando es el Fortnite, seguido del Brawlstars entre otros. Una vez que “metes” dinero ya estás enganchado/a. Tenemos amigos que se han llegado a gastar 300 euros y lo que más nos impacta es que se sienten orgullosos de gastar el dinero en esas cosas.

Algunas personas piensan que no puedes sacar nada positivo de las nuevas tecnologías, pero... ¿realmente es así?

Nos referimos con nuevas tecnologías no sólo a teléfonos móviles sino a ordenadores, tablets...

A continuación, queremos ver el lado positivo de la tecnología si sabes usarla adecuadamente:

1. Puedes ser más sociable. Hablar con tus amigos, con tú familia…, pero nunca debes de dar tu número ni datos personales si no conoces a la persona, ya que puede ser algún fraude. ¡Cuida tú privacidad en Internet!

2. Puedes aprender. Realizar trabajos, mirar cosas que te interesen, buscar información, etc.

3. Mejora la calidad de vida. Gracias a esta necesidad se han inventado herramientas que mejoran aspectos fundamentales, como la salud, la industria y el comercio.

4. Las redes sociales. En primer lugar, fomentan la conexión entre personas de una forma más rápida y directa. Se han convertido en el espacio para generar interacción entre amigos/as y también entre empresarios/as y clientes. Eso sí, hay que saber utilizarlas correctamente.

5. Mejora la educación. Debido a que podemos usar las nuevas tecnologías para tomar apuntes, descargar libros, ver vídeos de algo que no hayas entendido al 100%..., etc.

Realmente vale la pena introducirlas para una nueva educación, en la cual estén implicadas, pero que tampoco se pierda el escribir y realizar apuntes y cosas al modo tradicional.

Algunos consejos para prevenir la adicción al móvil o nomofobia:
• No te obsesiones con conectarte a todas horas.
• Controla el tiempo que estás conectado/a.
• Sé consciente del número de veces que consultas tus aplicaciones.
• Antes de conectarte, piensa qué vas a hacer.
• Respeta horario de sueño, comida y obligaciones.
• Utiliza Internet como herramienta de ocio, pero márcate un horario.
• Busca alternativas a Internet para tu tiempo libre.
• Mientras estudias desconecta la mensajería y las redes sociales.
• Cuida tus relaciones sociales fuera de Internet.

Y si ya tienes un problema de adicción al móvil reconócelo, toma conciencia de las consecuencias, pide ayuda y déjate ayudar.

Creemos que la solución a éste y otros problemas asociados a las nuevas tecnologías es que recibamos una educación digital de calidad que nos ofrezca todas las ventajas y nos avise de los inconvenientes que nos podemos encontrar.

Adalia Gómez Merino.
María Rodríguez Sánchez
Nacho Caballero Albacete
Ilustración: Iuliana María Ciudin y Lucía Cortés Miguel

(El equipo Espacio Joven “La Plazuela” está formado por jóvenes de 12 a 16 años, si quieres formar parte pregunta en el CIJ “La Salamandra”. Ayto. Sigüenza)

Por otra parte hay miles de inmigrantes en los CIEs

Tenemos un sueño. Que el desierto demográfico de las zonas rurales interiores de la provincia de Guadalajara se conviertan en un oasis demográfico, donde personas de diferentes nacionalidades, refugiadas de guerras, hambrunas, cambio climático etc. encuentren un lugar para poder vivir, acogidos por los lugareños como hermanos diversos de la gran familia humana única. Enriqueciéndose unos a otros, abriendo horizontes nuevos, paradigma del futuro. 

La despoblación en las autonomías del interior de la península es muy acusada. Del total de casi 47 millones de ciudadanos, solo 4,6 millones ocupan lo que equivale al 70% del territorio nacional. Esta despoblación preocupa a niveles gubernamentales.
Por otra parte hay miles de inmigrantes que pasan por los CIEs (centros de internamiento de extranjeros). Se trata de establecimientos públicos de carácter no penitenciario en los que son mantenidos bajo vigilancia policial, casi como si fueran delincuentes, y donde al final no se les plantea ninguna solución.

¿No sería posible buscar una solución inteligente en la que el dinero de las arcas del estado o de los gobiernos autónomos o provinciales se gastara de una forma más humana y constructiva que en los CIEs?

Hay ejemplos muy detallados de repoblaciones a lo largo de la historia. En el siglo XVII Prusia acogió a los hugonotes que huyeron de Francia, debido a la abolición en 1598 de la libertad de conciencia y de culto de los calvinistas, lo que provocó la emigración de decenas de miles de franceses. Por otra parte, tras la guerra de los Treinta Años grandes zonas del país, que entonces estaba formado por reinos y ducados autónomos, habían quedado devastadas. En 1685 se publicó el edicto de Potsdam, en que el príncipe Friedrich Wilhelm ofrecía buenas condiciones de asentamiento a los refugiados en el reino de Brandenburgo.

En el siglo XVIII había en Andalucía extensas zonas de terreno baldío debido tanto a la estructura latifundista como a la falta de brazos para trabajar las tierras. La idea de la colonización agrícola, hecha realidad en Prusia, fue aceptada en la provincia de Córdoba, que tenía ya un antecedente en el siglo XVI en Benamejí. En 1767 se publicó una Real Cédula, muy detallada e instructiva, a la que siguieron otras. Así se fundaron entonces, entre otras poblaciones, La Carlota y La Carolina.

Naturalmente cada momento histórico y cada situación son diferentes. Pero valgan estos casos mencionados como antecedentes y ejemplos de lo que es posible.

“Tenemos invierno demográfico y sin embargo nos cuesta recibir gente”, ha dicho hace poco Luis J. Argüello, secretario de la Conferencia Episcopal Española.

Japón se veía venir encima el problema de la falta de trabajadores hace décadas, pero no reaccionó hasta ahora, cuando el agua le ha llegado a los cuellos: El Parlamento de Japón ha votado recientemente a favor de la entrada de un número nunca antes visto de trabajadores inmigrantes: 300.000 en los próximos cinco años, a partir del próximo mes de abril.

En este momento y aquí en la provincia de Guadalajara, así como en otras, a la vez que se acoge a quienes necesitan ser recibidos, esto puede contribuir a que los pueblos no se extingan, a que los colegios sobrevivan, a que haya población que trabaja y que a la vez asegure el futuro de los que se van jubilando, etc.

Para esto solicitamos un requisito indispensable: que los alcaldes puedan acoger migrantes en los pueblos y aldeas sin necesidad de que tengan papeles al llegar, sino que los adquieran al cabo de un tiempo viendo una respuesta sincera por su parte.

A través de los Ayuntamientos, con apoyos de la Administración y de voluntariado habrá que fomentar el conocimiento intercultural e interreligioso mutuo, facilitar el aprendizaje del castellano para los que llegan y formación para el trabajo posible en la provincia, explorando cultivos alternativos etc.

Con tal fin será necesario crear un equipo interdisciplinar. Partimos de un sueño, pero conscientes de que, aunque el escenario no es sencillo, si se centran los esfuerzos, la generosidad de todos puede hacerlo real.