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La despoblación, el Manifiesto de Sigüenza y el Día de la Marmota

Dentro de muy poco se cumplirá un año de la fastuosa ceremonia que reunió a cientos de personas en el Parador para la puesta de largo del denominado Manifiesto de Sigüenza. Desde aquel día ha habido multitud de artículos, reuniones, jornadas, congresos y ferias en distintos lugares de España con la despoblación como referente directo o circunstancial. Hacer siquiera una enumeración es tarea difícil y el riesgo de dejar fuera a alguien, alto. 

Despoblado de Matas.

Quiero llamar la atención sobre dos decisiones de la administración regional castellano manchega, una desde el Ejecutivo y otra desde el Legislativo. La primera es la creación de la figura del Comisionado para el reto demográfico que contará con un delegado en cada provincia de la región. La segunda es la constitución de la Comisión no Permanente de Estudio para Alcanzar un Pacto Contra la Despoblación.

Leyendo algunas declaraciones de las personas responsables de ambas iniciativas, el señor Alique y la señora Merino respectivamente, me parece que, a pesar de trabajar en el mismo asunto, no hay mucha coordinación entre ambas instituciones. 

En Nueva Alcarria (https://nuevaalcarria.com/articulos/alique-somos-conscientes-de-que-la-despoblacion-no-se-resuelve-en-una-legislatura) le preguntan al señor Alique:

"Hace casi un año se aprobó el Manifiesto de Sigüenza con un decálogo contra la despoblación. ¿Ha tomado nota de esas medidas?

El Consejo de Gobierno que se celebró recientemente en Sigüenza se adhirió a ese manifiesto apoyando el espíritu que recoge ese documento y a esa gente. Evidentemente hay algunas medidas que tienen que ver con los gobiernos de España y de Castilla-La Mancha, pero queremos dirigirlas fundamentalmente a dar incentivos fiscales para generar empleo en el medio rural y fijar población. Todas las propuestas son bienvenidas".

Nótese que la pregunta es directa sobre las medidas y la asunción, o no, de las mismas por parte del gobierno regional. La respuesta es que el ejecutivo "se adhirió a ese manifiesto apoyando el espíritu que recoge ese documento y a esa gente". En espíritu y a esa gente.

Así se entiende mejor la respuesta de la señora Merino, en una entrevista publicada en La Plazuela (https://laplazuela.net/index.php/entrevista/12293-entrevista-a-maria-jesus-merino-alcaldesa-de-sigueenza) donde le preguntaban por la Comisión que preside en las Cortes regionales, y en la que terminaba así: "[...] Manifiesto de Sigüenza que estamos intentando llevarlo a todas las instituciones a ver si termina de cuajar".

Está claro que, casi un año después de su publicación, el Manifiesto no termina de cuajar. Otros temas, no menores, son cómo, cuándo y dónde podría hacerlo. Esperemos que haya más suerte con la mencionada comisión. Aunque las perspectivas no ayudan al optimismo. Ya se ha celebrado la primera reunión, fue el nueve de octubre (en este enlace se pueden leer las intervenciones de los miembros de dicha comisión: https://www.cortesclm.es/web2/paginas/publicaciones/diario/comision/comision10/pdf/013DESP.pdf) y sólo tenía un punto a tratar en el orden del día: programar los trabajos a realizar. Organizarse, vamos. La sesión se levantó a los veinte minutos sin ni siquiera una fecha para la próxima convocatoria. 

Me gustaría, sin embargo, llamar la atención sobre la intervención del portavoz del Grupo Socialista, señor Pérez Torrecilla. Reconoció la pertinencia de la comisión a la que pertenece, qué menos, y apuntó: “Pero también es verdad que hay que reconocer que el Gobierno de Castilla-La Mancha lleva ya mucho tiempo trabajando en el tema de la despoblación de diferentes formas. Se me ocurren, por ejemplo, todas las medidas que se están tomando, que se tomaron ya en la legislatura anterior y que se están tomando y se van a tomar también en esta” Lo cual está muy bien pero, ¿no sería conveniente tener esas medidas en cuenta, por parte de la Comisión, para no hacer trabajo en balde? ¿No hubiera sido un buen foro, la sesión inaugural, para presentar un documento donde se hiciera, siquiera, somera relación?

El portavoz sigue dando muestras del celo gubernamental y apunta un par de detalles más: Bueno, prueba de ello, de que se está trabajando ya es el anuncio o el trabajo que ya se está realizando en una nueva ley, que estaba poniendo en marcha o está trabajando en ello el Gobierno y, por supuesto, hace poco también tuvimos aquí en Comisión, precisamente al comisionado para el Reto Demográfico, que también da prueba de eso, precisamente de lo que estoy diciendo, de que el Gobierno ya está trabajando en esto” Efectivamente, el Comisionado. Que tiene por misión la misma que ellos. Y además hay una ley que, según la intervención, no queda claro en qué momento de su trámite se encuentra.

Cada vez hay más protagonistas, sin salir de la región, trabajando en el asunto. Pero falta alguno por aparecer y en relación con otros territorios. Dice el señor Pérez Torrecilla: “[…] no solo es un problema de Castilla-La Mancha, es un problema que afecta a muchas comunidades autónomas, por supuesto. Por ejemplo, Galicia o Castilla y León están en una situación muy parecida a la de Castilla-La Mancha. Pero también hay que indicar que el presidente de Castilla-La Mancha ya está en contacto con los dirigentes de estas comunidades autónomas para hacer un frente común”. Es decir, el presidente también está actuando al respecto, junto a varios de sus homólogos, en tareas que no constan en la comisión y que serían útiles para, una vez más, no acumular esfuerzos vanos y servir de inspiración si fuera el caso. Con ese panorama no es extraño que de un plazo amplio para los trabajos de la comisión: “Entiendo que habrá que hacer, habrá que dejar un tiempo prudente para que podamos ir desarrollando las propuestas que se van a plantear. Lo que diría es que, como muy tarde, para el verano tendríamos que tener ya unas conclusiones sobre las medidas que se van a tomar, sobre las propuestas. Si fuera posible preparar una ponencia para entonces y que de ahí salieran unas conclusiones que pudiéramos trasladar al Gobierno”

Quedamos a la espera de noticias.

A mí me parece que, a estas alturas, nadie puede ir de nuevas. El punto desde donde hay que dar el primer paso es este que está delante de los pies. No es ni el mejor ni el más oportuno, es el que hay ahora. Así pues, teniendo en cuenta las circunstancias, el plan hay que hacerlo con los datos y los recursos disponibles. Correcciones, cuando se pueda y en la medida que se pueda. Todo lo demás es dar largas.

Con lo que se lleva hablado hay material de sobra (limpiando mucha hojarasca, eso sí) para tener un marco general, identificar medios y recursos, establecer prioridades, diseñar objetivos, definir acciones específicas, delimitar plazos, nombrar responsables de las distintas áreas y diseñar una herramienta para evaluar el funcionamiento. Para ver el plan en acción, póngase en práctica en alguna zona (tamaño a decidir durante el diseño) controlada.

Todo lo demás, como se puede ver sólo mirando alrededor, es el Día de la Marmota.

 

Turismo de cementerios

El turismo de cementerios, también conocido como necroturismo o tanatoturismo, es una parte del conocido como “turismo oscuro” que se considera incluido en la categoría de “turismo de patrimonio”.

El turismo oscuro, de forma general, engloba los lugares y ámbitos relacionados con la muerte desde una perspectiva muy amplia. Estarían incluidas las exposiciones y visitas a lugares como mausoleos, campos de concentración (Auschwitz, por ejemplo) o sitios en los que fallecieron personajes famosos como pueden ser John Fitzgerald Kennedy o James Dean, entre otros muchos.

Este tipo de turismo tuvo mucho auge en el siglo XIX por la influencia de las corrientes culturales del Romanticismo y del movimiento Neogótico. En el siglo XX, fruto de las dos guerras mundiales, se generó un enorme patrimonio histórico que dio origen a otra vertiente específica del turismo oscuro que es el turismo bélico.

En los últimos años, ha cobrado especial relevancia y aceptación la celebración de la Fiesta de Halloween, con origen en Estados Unidos pero que ha tenido una gran difusión y popularidad en el público español. En esta época despunta, a nivel internacional, la celebración del Día de los Muertos de México, incluido en la lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO, siendo unos de los destinos que más afluencia recibe.

Podemos ver que el turismo oscuro incluye un amplísimo abanico de ámbitos y gran diversidad de formas de orientar las distintas actividades que se puedan proponer. Si nos centramos en el turismo de cementerios o necroturismo, estaríamos hablando de un sector dentro del turismo cultural y, principalmente, dentro del turismo de patrimonio.

Los cementerios son espacios especialmente ricos en arte, arquitectura, historia y antropología. Su valor patrimonial, tanto material como inmaterial, ha sido reconocido por el Consejo de Europa incluyendo “La Ruta Europea de los Cementerios” dentro del catálogo de Itinerarios culturales en 2010, reconociendo así  la posibilidad de generar un tipo específico de turismo cultural basado en los entornos funerarios, pero además en 2011 la Organización Mundial de Turismo distinguió “La Ruta Europea de los Cementerios” con el Premio Especial del Jurado de los Premios Ulises, por su innovación, difusión e interpretación del patrimonio europeo. Los países que participan en esta ruta son Alemania, Austria, Croacia, Eslovenia, España, Estonia, Francia, Grecia, Italia, Noruega, Polonia, Portugal, Reino Unido, Rusia, Serbia, Suecia. España es el país que más cementerios tiene incluidos en esta ruta siendo Cataluña la región más presente con 9 cementerios. El resto de regiones incluidas en el itinerario son Andalucía, Asturias, Cantabria, Comunidad de Madrid, Comunidad Valenciana, Galicia, País Vasco.
En España, la actividad de turismo de cementerios aún no está muy desarrollada aunque cada vez ofrece más oferta y tiene más aceptación. En el resto de Europa las actividades en cementerios son mucho más cotidianas y también en algunos lugares de España, como el cementerio de La Almudena de Madrid, que incorpora actividades en su cementerio dentro de la programación cultural de verano (Veranos de la Villa) o dentro de cualquier campaña de promoción cultural (ej.: Madrid Otra Mirada).

También es destacable el caso de Monturque, un pequeño municipio de la provincia de Córdoba que ha apostado por esta alternativa con grandes resultados. Monturque es una localidad de Córdoba de menos de 2000 habitantes que organiza anualmente “Mundamortis”, unas jornadas temáticas sobre la muerte y la cultura funeraria que duran tres días y atraen gran cantidad de turistas.

La actividad cultural en los cementerios se puede plantear desde distintas perspectivas, según sea la riqueza patrimonial del sitio concreto. En muchos cementerios, se centra en el valor arquitectónico, pero hay otras perspectivas que considerar como el valor artístico, histórico, paisajístico,  natural o de tradiciones y costumbres.

De hecho, también se pueden plantear distintos objetivos a la hora de elaborar una oferta cultural en los cementerios:

Social: Acercar la cultura funeraria a la cotidianidad de la población para desmitificar y eliminar los tabúes que actualmente existen en torno a la muerte.

Turístico: Crear una actividad turística en torno a los cementerios centrada en resaltar su valor como patrimonio material (arte, arquitectura) e inmaterial (historia, rituales).

Bajo estas premisas, se puede proponer la creación de una actividad cultural estable enmarcada en el turismo de cementerios en la provincia de Guadalajara, resaltando su valor cultural dado que ya se ha reconocido su importancia como patrimonio material e inmaterial.

Dicha actividad, además de interesante y atractiva, debe ser respetuosa y compatible con las prácticas antropológicas de nuestra cultura en lo relativo a la muerte y el recuerdo de los difuntos, profundizando de este modo en su valor como patrimonio inmaterial. Se conseguiría así dar opciones para que las personas vivan el cementerio y el recuerdo de sus seres queridos como algo más próximo y cercano, y no solamente reservado a fechas muy concretas.

Vivimos en una sociedad en constante evolución y que está consiguiendo grandes logros en ciencia y tecnología. Esto es maravilloso pero el inclinar tanto la balanza del lado de la razón y el intelecto puede llevarnos a descuidar experiencias tan íntimamente humanas como la muerte. La experiencia de la muer te es dolorosa. No en vano hemos llegado al punto de vivir como si no existiera. El problema es que ésta buscada ignorancia colectiva nos aliena de nuestra propia naturaleza y nos deja en total indefensión y desamparo ante la muerte. La sociedad actual ha convertido la muerte en un tabú pero esto no ha sido siempre así.

Nuestros antepasados tenían una relación con la muer te mucho más cotidiana y más sana. En este sentido, la actividad en cementerios podría redundar en promover esta salud emocional tratando de acercar a la sociedad a los espacios funerarios con actividades que nos conecten con la cultura mortuoria desde la elegancia y el respeto.

En la provincia de Guadalajara la actividad de necroturismo según las bases expuestas se inició el pasado año con la celebración de un concierto de música clásica para la celebración del Día de Todos los Santos promovido por la Asociación Cultural Ágora Petricor contando con el apoyo del Ayuntamiento de Guadalajara y del Grupo Mémora. Debido al éxito logrado el año anterior, este año se repetirá el concierto de música clásica.


En medio del desastre y sin que nadie nos lo explique

Estamos el uno frente al otro, en la cafetería del Círculo de Bellas Artes, y llega la camarera con el café frío y la cucharilla sucia. Observa lo que tiene delante. Se ajusta las gafas culo de vaso y reflexiona en voz alta: “Amigo, vamos al puto desastre”. A continuación reclama la atención de la empleada, a la que le devuelve educadamente el café y la cucharilla, esperando tener más suerte en el segundo intento.

Durante la espera de ese nuevo café, y yo con mi botellita de agua, ponemos cara de circunstancias, nos observamos antes de intercambiar los primeros golpes, y bromeamos sobre el café frío y la maldita suciedad de la cucharilla. Mi interlocutor mira de nuevo a su alrededor y repite la sentencia: “Vamos al puto desastre”. La suya es una apreciación genérica, sin matices, como si intentara invitar al compañero de mesa a que se pronuncie y elija a los culpables. Tampoco parece, por el tono de su voz, que este tipo de “desastres” le haga perder la paciencia y le ponga de mal genio.

Seguidamente, cuando le recuerdo el motivo de nuestro encuentro, tampoco parece inmutarse. Mira el móvil que tengo sobre la mesa y me recuerda que el suyo solo lo usa para hacer y recibir llamadas. Pertenece a la primera generación de los Nokia y no tiene cámara de fotos ni acceso a Internet. Ni falta que me hace, parece querer insinuarme. Aunque, por razones de trabajo, algunos colaboradores se encargan de colgarle fotos y mensajes en las redes sociales. Y, sobre todo, vídeos de sus actuaciones en el canal Youtube, que luego ven miles y miles de entusiastas seguidores.

A Leo le cuesta entrar en materia, como si meterse en la entrevista le diera pereza, pero finalmente hablamos de sus viajes. Acepta todo tipo de preguntas, incluso las que no tienen respuesta, pero no cabe duda de que su querencia natural son los monólogos. Al fin y al cabo, es un maestro de esa narración oral que escenifica como nadie. “Una vez, viniendo de Valencia en tren, atropellamos a un rebaño de ovejas y a un caballo. Yo iba en el sentido contrario a la marcha del tren y vi pasar una oveja como si la hubieran disparado con un cañón. Luego otras dos o tres, hasta que el tren se detuvo. El maquinista estaba pálido, porque no sabía si llevaba jinete el caballo”.

Son cosas que pasan. Y, a pesar de los sustos, seguimos viajando y contándolo. “Antes, para ver las fotos del viaje de un amigo – me comenta, dejando la renovada cucharilla a un lado - tenías que ir a su casa. Te invitaba a cenar y a los postres te colocaba 200 fotos de Nueva York. Y ahora no. Ahora te están llegando sus fotos de Nueva York en tiempo real. Y con el 5G, antes de que las dispare. Las redes sociales son vehículos de exhibicionismo, no vehículos de comunicación. La gente se crece. Es lo que hay”.

Hablamos del postureo y de la pérdida de tiempo de quienes entran a debatir asuntos absurdos o superficiales en las redes sociales. “Tengo amigos que han abandonado Twitter y Facebook o que ya solo los utilizan de forma esporádica. Han dejado de entrar en polémicas por pura salud mental”, le digo, y me responde que le encanta el arte mesopotámico.

Aunque suponía cuál sería su respuesta, intenté que Leo me ratificara que no le gustan los controles y cacheos de los aeropuertos. “Cada día hay una moda nueva: bolsa de plástico sin asa, el ordenador en una bandeja, el zapato en otra, la chancleta apartada de los líquidos… Me cansa. Es horroroso. Una vez pasas el control para embarcar, estás a su disposición, como si fuera un secuestro legal”.

También hablamos de sus viajes por la geografía española, con su mochila, algún libro y unos cascos. “A mí de España me gusta todo. Extremadura es un lujo; Asturias te mueres; Cataluña es espectacular… Pero, desgraciadamente, estos sitios no tienen glamour y la gente se va al Caribe o detrás de un antílope en un safari fotográfico”.

Le gusta visitar los mercados, intentar conocer lo que opina la gente del lugar y procura huir de los escenarios con mayor densidad de turistas haciendo selfies. Me confiesa también que tiene una colección de muñequitos que se han ido acumulando por sus frecuentes desplazamientos: “suelo comprar cosas de madera, para que no me piten en el puto aeropuerto”. También comparte conmigo un pequeño secreto: su curiosa teoría sobre la vocación viajera de los japoneses. “Pobrecillos. Tienen un país que está hecho donde no puede estar, con terremotos cada veinte minutos. Con esa zozobra en la que vive esta gente, cogen una semana de vacaciones y salen zumbando hacia Europa”.

Le cuesta mucho más explicarme de manera razonable por qué vale más el taxi hasta el aeropuerto que el viaje posterior en avión a un país europeo. “Es un misterio para mí. No me salen las cuentas. O el avión está muy subvencionado o no lo puedo entender. La gente te dice: me he ido a Roma por diez pavos. Pues, que quieres que te diga, yo con diez pavos no llego a Aranjuez”.
Nos despedimos, mientras una señora se le acerca, le planta dos besos en la mejilla y le da las gracias por intentar alegrarnos la vida. Leo Harlem, coge la mochila y se somete disciplinadamente a una sesión de fotos de mi compañera Victoria Iglesias.
A la salida del Círculo de Bellas Artes, un grupo de japoneses se fotografía en el cruce de Alcalá con Gran Vía.

Javier del Castillo

Un ratón en campaña electoral

Le vi asomar las orejas y el hocico por el lateral de un armario de la planta sótano de casa, una habitación espaciosa donde guardamos un poco de todo, como en las tiendas de barrio. Colecciones de periódicos –entre otros las del “El Afilador” y “La Plazuela”–, libros prescindibles que probablemente nunca llegue a leer, ropa del gimnasio, objetos decorativos en desuso, maletas, la herramienta del jardín, un frigorífico, las sillas y la mesa de la terraza, una tumbona, la tabla de planchar, una bicicleta estática, bolsas con los vídeos de películas antiguas, los cds o los dvd que a uno le han ido regalando, balones de fútbol y baloncesto, álbumes de fotos, posters del Real Madrid y la selección española, algunas láminas de paisajes… Lo que en mi infancia sería la cámara o el desván, ubicado casi siempre en la buhardilla.

El pequeño roedor desapareció al instante. Fue visto y no visto. Sin embargo, desde la noche del sábado 26 de octubre, en la que el simpático “mus musculus” hizo su aparición y se ocultó no sé muy bien dónde antes de que nos presentáramos, se ha convertido en protagonista de nuestra vida cotidiana y doméstica. A la sorpresa inicial de todos nosotros le siguió la preocupación, así como la indagación  respecto a la vía de entrada elegida por el animalito para introducirse en la vivienda. Habrá entrado por una de las dos ventanas que dan al jardín o por la puerta del garaje. Al final, el problema es que ha entrado, sin previo aviso, y no sabemos lo que va a durar ahora la visita.   

Por lo tanto, nos olvidamos enseguida del tema y comenzamos a tomar algunas decisiones. En primer lugar, sacar fuera de la estancia el jamón que tengo colocado en una mesa pequeña, junto al frigorífico. En segundo lugar, tratar de aislar al intruso, cerrando herméticamente puertas y ventanas. Después, retirar el tendedero y la mesa de la plancha, para no tener que compartir el mismo espacio físico con el ratoncito.  

Sitiado y acorralado en su extraño hábitat, sin aparente resquicio por el que salir al exterior de la estancia, el paso siguiente era encontrar el método más eficaz y rápido de atraparlo, vivo o muerto, para evitar sustos y para tratar de recuperar la paz y la tranquilidad en la familia. Así que, después de buscar en Google “¿cómo cazar a un ratón?”, “¿métodos más eficaces para eliminar ratones?” o “¿qué hacer cuando se te cuela un ratón en casa?” (solo este último te ofrece 9.790.000 resultados), pusimos en marcha el operativo para su caza y captura. Pero la cosa no iba a resultar tan fácil como parecía.

Comenzamos a primera hora de la mañana del domingo –suerte que en Madrid las grandes superficies también abren los días festivos– recorriendo centros comerciales (AKI, Leroy Merlin, La Fronda), en los que fuimos adquiriendo cepos de distintos tamaños y colores, cajas en forma de tubo con varios compartimientos en los que introducir unas bolsitas rosáceas con cebos… Y por si ninguno de los recomendados sistemas de captura diera resultado, también compramos algunas dosis de veneno debidamente aisladas y protegidas. Bolsas, con una especie de plastilina cubierta por plástico, pero que no debes manipular sin guantes ni dejarla al alcance de los niños.

Una vez acumulado todo este pequeño arsenal para reducir al también pequeño  invasor, y con las debidas precauciones, pasamos a la acción. El dispositivo de combate estaba preparado: listos para el ataque. Y cuanto antes iniciáramos las hostilidades, pensaba yo, mucho mejor. Así que colocamos los trozos de queso curado en los cepos y ballestas, cogimos las cinco casetas trampa –de diferentes diseños y tamaños–, les colgamos las bolsitas de veneno dentro y nos dirigimos a la planta sótano convencidos de que esa batalla estaba ganada de antemano y que el dichoso animalito, al verse acorralado, sacaría la bandera blanca por debajo del armario y se rendiría sin condiciones. Ni siquiera habría intercambio de prisioneros, porque no era el caso.
Pero nos equivocamos. El ratoncito invasor seguía sin dar señales de vida, metido en su refugio o quizá contemplando divertido el gran despliegue de medios técnicos y humanos que habíamos montado. Ante su incomparecencia, le dejamos en compañía de las trampas, los cepos y el veneno y nos retiramos con la esperanza de que al día siguiente al levantarnos lo encontraríamos atrapado en alguno de esos artilugios o dando tumbos por debajo de alguna estantería o armario. Nada de nada. Al amanecer –una de las ventajas del cambio de hora es que la luz solar también madruga– visitamos la estancia de nuestro ahora invitado y todo estaba como lo habíamos dejado el día anterior.

Han pasado ya tres días y seguimos sin tener  noticias del ratón. El operativo montado, con algunas nuevas aportaciones de Amazon, parece condenado al fracaso. Bien porque con el cambio de hora se ha despistado el animalito o porque se ha fugado en algún descuido al abrir o cerrar la puerta de entrada a su refugio.

Lo cierto es que sigue sin dar señales de vida. Habrá que armarse de paciencia y esperar a que se rinda. Algo parecido, salvando las distancias, a lo que hace el Gobierno cuando roedores de mayor tamaño –Quim Torra, sin ir más lejos– se esconden detrás de una bandera o de unas capuchas para prender fuego a la convivencia.

Pero esta ya es otra historia.     


El Open Arms, el barco de la esperanza, una oportunidad para Sigüenza y los pueblos de su comarca

De los objetivos del tan citado desarrollo sostenible de la agenda 2030 que han propuesto varios organismos mundiales, el primero es el fin de la pobreza, el segundo hambre cero, el tercero salud y bienestar, y así hasta una veintena. Estos primeros son los que de principio mueven a las personas a migrar de sus países de origen, la inmigración está en ebullición en las puertas de Europa y hace que millones de personas se replanteen su futuro antes de convertirse en náufragos en su propio país. Unos son recogidos en medio de hambrunas y guerras y se refugian en campos en plena selva o en el infinito desierto a la espera de una cita para reubicarse después de largos años de espera. Estos que están atrapados por el hambre y la violencia, se resignan y consideran su situación injusta, indigna y desgraciada, respecto a lo que ellos entienden que existe al otro lado del mediterráneo. Dicho esto y  rescatando el titulo del artículo, el buque español de la ong Open Arms con su activismo humanitario totalmente justificado, ha puesto en evidencia  el desconcierto, la falta de humanidad generalizada y de criterios comunes en la Unión Europea para abordar con determinación el drama de la inmigración en el ámbito de su influencia.  El estado español, uno de los más solidarios del mundo, que sin duda contribuirá a una redistribución de los migrantes, debe mirar más allá, analizando y buscando respuesta a sus desequilibrios de su territorio en cuanto a población, al empleo, a la vivienda, etc... que nos son los mismos que Francia o Alemania.

España debe aprovechar interesadamente los mencionados movimientos migratorios, y aquí hay que mencionar a Sigüenza y toda su comarca enmarcada en la denominada España vacía, en la España que agoniza  lentamente y que ve como se agotan sus fuerzas, su gente. Esta puede ser una oportunidad para asentar nueva población que mejore nuestras pequeñas poblaciones y de vida. Toda Sigüenza y sus organizaciones sociales y religiosas tienen un largo recorrido en pro de asistir a todo tipo de personas migrantes, a todo tipo de nacionalidades y en su acogida como refugiados. Esa experiencia, esos conocimientos adquiridos sobre la maquinaria legal y burocrática de tantos años de trabajo, podrían dirigirse mediante una legislación estatal o comunitaria acertada y racional , a repoblar nuestras poblaciones más deprimidas, dando prioridad a la reunificación familiar, a la formalización de parejas o grupos, o la instalación de emprendedores para nuevas economías o industrias, todo ello recogido en un contrato de permanencia en el lugar de acogida de varios años, que garantice un compromiso serio por parte de quien pretenda instalarse para vivir y por supuesto para contribuir a la comunidad.

Sin duda desde nuestros pueblos y aquí nos olvidamos de que la gran mayoría de nosotros y nuestros antepasados, dimos muchas vueltas y recorrimos muchos caminos, emigrando, fusionándonos, mezclándonos, integrándonos para conformar cualquier comunidad. Todavía habría que seguir salvando prejuicios y obstáculos sobre las personas que vienen de fuera para su instalación como nuevos vecinos, pero sin duda lo que Sigüenza y nuestros pequeños pueblos tan saneados, arreglados y comunicados pueden ofrecer debido a su evolución como parte de un gran espectro en paz, avanzado, justo y democrático, es infinitamente mejor que la gran mayoría de sus lugares de origen; sanidad garantizada, educación de calidad, tecnologías al alcance, igualdad de género, agua limpia y saneamiento, energía asequible, vivienda y trabajo decente.

Estos últimos se pueden generar sacando del olvido de nuestros pueblos; viviendas, locales, que fueron públicos o simplemente por el paso del tiempo acabaron siendo ruinas por desatencion de sus propietarios. Antiguas escuelas, casas de maestros, de médicos, de curas, hornos, huertos, garajes, naves agrícolas y ganaderas, almacenes, respecto al empleo el punto de partida puede ser, personal para mantenimiento del pueblo, para vigilar, para realizar servicios sociales y sanitarios a los vecinos, para relevar a los negocios existentes, todo tipo de servicios de proximidad, para trabajar mediante las nuevas tecnologías de la comunicación, Pero para eso hace falta otra revolución, movilizarse para reconquistar la paz y la alegría con las pequeñas cosas, aterrizando en las pequeñas ciudades y en los pequeños pueblos, pero sin prisa.

Javier Muñoz Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.