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Algunos creen que hay conexiones invisibles entre el Universo y los humanos. Algunos pseudocientíficos conocidos mantienen este tipo de creencias, como el psicoanalista suizo Carl Gustav Jung (1875-1961), que elaboró el concepto de la sincronicidad: hechos que ocurren simultáneamente con un sentido entre ellos y con una conexión no causal; es decir casual con sentido, pero sin causa. Por ejemplo, que consiga lo que quiero cuando llevo puesto mi reloj de la suerte, o que una frase escuchada a medias en la radio me dé la respuesta a lo que estaba preguntándome desde hacía días.

Veamos un ejemplo: hoy me levanto de mal humor, rayo el coche al salir del garaje, presento mi trabajo y mi jefe se enfada conmigo, y para colmo, por la tarde me duele el estómago. ¿Es esto una serie de casualidades? es decir, se trata de hechos sin conexión que se han producido el mismo día “por casualidad, ¿o es una sincronicidad?, es decir, una cadena de sucesos aparentemente inconexos, pero que se relaciona a través de hilos indetectables, pero “reales”.

Para admitir el fenómeno de la sincronicidad, necesitaríamos una teoría que explicara esta “casualidad no causal”. Una teoría del tipo de la siguiente: En el Universo existen fuerzas indetectables, que conectan de forma indefinida los elementos del propio Universo; estas fuerzas deberían tener alguna relación con las mentes humanas, en general, y con la mía, en particular, de entre los 6.000 millones de personas que forman la humanidad…

Es decir, necesito una teoría basada en elementos que no ha visto nadie (las fuerzas, las conexiones, las mentes, el mecanismo que concentra estos elementos sobre mí…) y que debo aceptar como explicación haciendo un acto de fe, solo porque es una explicación posible.

Sin embargo, se me ocurre una explicación mucho más sencilla: esta noche he dormido mal, por lo que estoy fatigado e incómodo; sin ser consciente de ello, estoy irritable y nervioso, de modo que no pongo toda la atención en lo que hago; estoy impaciente y hago las cosas deprisa y sin comprobar suficientemente; mi incomodidad hace que hoy aguante mucho peor las cosas que no me gustan de los demás; nervioso y enfadado, engullo la comida apresuradamente y prácticamente sin masticar, y termino con una mala digestión. No necesito fuerzas indetectables, ni conexiones desconocidas, solo mi propia actitud y unas molestias físicas.

Utilizando el Criterio de Economía (como lo denominaba don Miguel Clemente, mi profesor de filosofía en los Maristas de Guadalajara) o La navaja de Ockham (como lo llaman en las películas): Si un hecho tiene varias explicaciones posibles, debemos optar por la explicación más sencilla. La explicación más sencilla es la que establece la conexión directa por medio de mi estado psicológico, no pasando a través del Universo, luego debemos tomar esta.

Si un hecho tiene varias explicaciones posibles, debemos optar por la explicación más sencilla.

 

Criterio de Economía

Siempre aparece alguien que dice, vale acepto la teoría sencilla, pero la otra, la compleja, sigue siendo posible, entonces ¿cómo demuestro que no es verdad?

Bien, como nunca se puede demostrar que una teoría científica sea verdad sin lugar a dudas, la ciencia opera al revés que la justicia: todas las teorías son provisionales, por lo que deben ser sometidas a prueba todos los días para ver si terminan siendo falsas (es decir, son sospechosas toda su vida).

Toda proposición científica debe ser susceptible de ser falsada o refutada.

Criterio de Falsabilidad de Karl Popper, filósofo austriaco.

Sin entrar en profundidades del positivismo basado en las ideas de Popper, según el método científico, una teoría debe ser lo suficientemente explícita como para que se pueda someter a prueba. Teorías indemostrables hay infinitas. El Universo efectivamente puede contener esas fuerzas que se conectan con los humanos, quién sabe; pero ni una sola de esas premisas está probada, y lo que es peor, ni siquiera se pueden someter a prueba, porque sus elementos son, por el momento, indetectables e indefinidos. Luego no son una teoría, sino una simple idea.

Decía el poeta alemán Friedrich Schiler (1759-1805) que “no existe la casualidad, y lo que se nos presenta como azar surge de las fuentes más profundas”. La sincronicidad, por tanto, no es más que una muestra adicional de la supervivencia del pensamiento mágico en nuestra sociedad “moderna”. Creemos que lo que sentimos es una verdad objetiva fuera de nosotros, en la naturaleza, solo porque lo sentimos fuertemente así. Pues lo siento, pero no es suficiente.

Portada del álbum de Police, Synchronicity.