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La letra violeta

Historia del Feminismo I

Hay quien piensa que esto del feminismo es una nueva moda por la que nos ha dado a las mujeres. Si lo pensáis, es lo típico de las mujeres ¿no? (ironía modo on) Esas cabecitas huecas nuestras están especialmente diseñadas para entretenerse con cuestiones caprichosas y frívolas. En unos meses, en un par de años como máximo, nos dará por cualquier otra tontería y dejaremos de molestar tanto con esto del feminismo.

A quien piense esto, no se me ocurre otra cosa que decirle que: ¡Pobre criatura! (nivel de condescendencia very very high).

El movimiento feminista tiene una antigüedad de más de 300 años en los que muchas mujeres y hombres se han involucrado y hasta han dado la vida por defender los derechos de las mujeres.
Con este artículo iniciamos una serie en la que hablaremos de la historia del feminismo.

El estudio de la historia del feminismo ha articulado su recorrido en tres olas:

Primera ola: Feminismo ilustrado

Segunda ola: Feminismo sufragista

Tercera ola: Feminismo contemporáneo

Hay autoras que defienden que actualmente estamos en la cuarta ola del feminismo, pero no adelantemos acontecimientos, que en este artículo nos centraremos en la primera ola.

La historia del feminismo se articula en olas porque cada una tiene un propio marco teórico; unos objetivos concretos, también llamados “agenda”; y una vanguardia, que son las personas o grupos que promueven las acciones necesarias para conseguir la agenda.

Los primeros escritos feministas se remontan a 1405 con el libro “La ciudad de las damas” de Christine de Pizan, filósofa, poeta humanista y escritora que rebate en su libro los argumentos misóginos de su época defendiendo el acceso de la mujer al conocimiento y condenando la opresión, los abusos y agresiones a que estaba sometida.

En 1671, Poullain de la Barre, filósofo cartesiano, publica el libro “La igualdad de los sexos” que es considerada una de las obras que dan inicio a la primera ola del feminismo y en la que defiende el derecho a la educación de las mujeres. Una de las principales reivindicaciones del feminismo de la primera ola.

El feminismo ilustrado parte de la idea, aceptada en su época, de la soberanía de la razón y, dado que las diferencias mayores que encontraban entre hombres y mujeres radicaban en su complexión física, no resultaba admisible que en una sociedad política bien conformada se defendiera una supremacía de los varones por cuestiones físicas. Es decir, no existían razones intelectuales e inteligentes para defender una teórica superioridad de los varones sobre las mujeres. La vanguardia de la época estaba conformada por mujeres y hombres formados que saben leer y escribir y que son capaces de mantener una polémica por escrito y con argumentos.

La agenda feminista se centra en reclamar que las mujeres no sean casadas en contra de su voluntad, y en que a las mujeres se les de una educación en igualdad de condiciones que a los hombres.

Otro de los hitos de la primera ola es la “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano” del 28 de agosto de 1789 que, como su propio nombre indica, era una declaración de los derechos de los hombres, no de las mujeres, así que, en respuesta, Olympe de Gouges escribió la “Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana” en 1791, que era prácticamente un calco de la declaración anterior en la que incluía “y de la mujer” allí donde aparecía “del hombre”. Olympe de Gouges acabó siendo guillotinada por su actividad política.

En esta época, en 1792, se publica otro de los textos fundacionales del feminismo: La “Vindicación de los Derechos de la Mujer” escrita por Mary Wollstonecraft, filósofa y escritora inglesa, que defendía la independencia económica de las mujeres y sus derechos civiles y políticos.

Cada ola del feminismo ha tenido una reacción antifeminista que trataba de desacreditar sus argumentos y mantener la opresión y carencia de derechos de las mujeres. El feminismo ilustrado tuvo que confrontar el naturalismo, que justificaba la exclusión de las mujeres de los derechos de la ciudadanía con el argumento de que el orden natural había dado a las mujeres el papel de madres y esposas y por tanto no tenía sentido darles derechos o espacios fuera de esas funciones.

¿Os suena? Es inquietante ver el calado que ha tenido este argumento que aún hoy parece que una mujer no es un ser completo si no tiene una pareja (heterosexual, claro) e hijas o hijos a quienes cuidar y educar y por los que sacrificarse, porque una madre que no se sacrifica no es una buena madre (sarcasmo modo on).

A quienes sigan pensando que el feminismo es una frívola moda que no tiene mucho sentido y a la que no le queda recorrido, le recomendaría que no leyera los siguientes artículos de esta serie: la decepción que les espera es mayor y más profunda.

A las demás personas: Se avecina la segunda ola y es apasionante. No os la perdáis.