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La letra violeta

Pintoras en el Museo del Prado

Os invito a visitar la exposición “El Prado en las calles” que actualmente se encuentra en la plaza mayor de Sigüenza. Es sin duda una muestra magnífica y un lujo el tenerla en nuestra ciudad.

Y, ya que estamos, os invito a que os fijéis en el papel de la mujer en el arte que refleja esta exposición. A ver si por un casual pasa el “filtro violeta”…

Vale, vale, la propuesta no tiene ninguna emoción. Es fácil adivinar que el papel de “creación” es el de los hombres y el papel de “inspiración” es el de las mujeres.

Si toda nuestra historia es machista, el arte no podía ser menos, ya que el arte refleja y representa la realidad de su época. En esta ocasión también los “sujetos” del arte son los hombres, los que interpretan el mundo, los que eligen la perspectiva para representar la realidad y los creadores de las obras; y las mujeres son los “objetos” del arte, las musas, las cosas bellas, los adornos ideales para ser representados.

Es curioso que dentro de los roles de género se atribuya al sexo femenino la sensibilidad, la imaginación y la delicadeza, pero a la hora de crear arte esas características solo sirven para ser un objeto observado y utilizado, no para crear. Es como aquello de que las mujeres siempre han sido las cocineras pero si hablamos de “chefs” se trata principalmente de hombres.

Como aún hoy sucede, las mujeres en el mundo del arte lo tuvieron muy difícil. Era complicado poder dedicarse al arte pero demás, muchas de aquellas que lo conseguían, vieron usurpada la autoría de sus obras por sus maridos, sus maestros o sus padres. Las que consiguieron mantener la autoría de sus obras pese a todo, vieron cómo sus cuadros o esculturas eran despreciadas y minusvaloradas en cuanto se conocía que las obras estaban realizadas por una mujer. Además de la tremenda injusticia para con ellas, esto nos deja un legado cultural pobre e incompleto que solo refleja la sensibilidad artística y la percepción de la mitad de la humanidad a lo largo de la historia.

El propio Museo del Prado, consciente de esta carencia, ha iniciado varias acciones para divulgar la figura de las poquísimas artistas de las que posee obras. Os dejo a continuación reseña de dos pintoras a modo de ejemplo:

Rosario Weiss: (Madrid, 1814 – Madrid, 1843) Hija ilegítima de Francisco de Goya y de Leocadia Zorrilla, ama de llaves de Goya. Desde niña, fue instruida en la pintura por Goya y con unas grandes dotes artísticas. Se conservan de ella setenta y siete dibujos en la Hispanic Society que fueron atribuidos a Goya y que se pudo demostrar que eran de Rosario. A los 10 años fue capaz de reproducir la serie completa de los Caprichos.

En el museo del Prado se conservan “Los duques de San Fernando de Quiroga” (copia) y “Retrato de una dama judía de Burdeos”.

Rosa Bonheur: (Burdeos, 1822 – Thomery, 1899) Se especializó en la representación de animales y tuvo gran éxito internacional. Rosa también empezó copiando al oleo los animales que aparecían en los cuadros del museo de Louvre y estudió su anatomía visitando mataderos.

En el museo del Prado se conserva la obra “El Cid”.

Fuente: https://www.museodelprado.es/