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De como dos amigos montaron una granja en Santamera y de cómo les va

Santamera1De cómo dos amigos montaron una granja en Santamera y de cómo les va
Pretendemos hacer cosas con las que nos identifiquemos

“He estudiado Administración y ahora no tengo trabajo. No me contratan, no se convocan oposiciones, se me va acabando el dinero en la cuenta… Estoy desesperada, no sé qué hacer.” Más o menos así sonaba una carta publicada hace poco en un periódico nacional.

Aquí, entre las montañas de Santamera, con un viento helado y la contundente belleza del severo paisaje, el recuerdo de aquella carta suena a “chino”. Un proyecto que se está desarrollando aquí es incompatible con el tono de ese tipo de cartas. Se trata una pequeña granja de animales que desde hace tres años llevan Samuel de Bartolomé y Máximo Labrador.
Pero no se trata de “autoempleo”. La aparición de la granja no produjo ningún efecto en las estadísticas de ocupación laboral.
Tampoco se trata de un proyecto de negocio, a pesar de que haya dos socios llenos del alabado “espíritu emprendedor”. En este caso el “espíritu emprendedor” apunta a un objetivo muy distinto del habitual.
Tampoco es una granja para el puro “autoconsumo” aunque con esta definición está inscrita en el registro oficial. Han unido sus esfuerzos no solo para comer el chorizo hecho por ellos mismos…

“La cabra es un animal hecho para ti...”
En Santamera tienen su granja – ellos la llaman la taina – y huertos. Aquí, en una casa cómoda y luminosa, vive Maxi. La construyó él mismo aprovechando un pajar abandonado. “Una de las profesiones” que él domina, al igual que su compañero Samuel, es la de albañil. La taina y el pajar se los cedió generosamente un vecino de Santamera que vive ahora en otro lugar y no tiene tantas preocupaciones económicas como para pretender a sacar dinero de sus bienes abandonados. Samuel vive en Olmeda de Jadraque donde también se ubican dos de sus huertas.
Se conocieron cuando Samuel llevaba en Atienza el bar “El Almanzor” y Maxi “andaba por allí”. “El Almanzor” hace varios años era un punto de reunión de gente de la Sierra que tenía ciertas inquietudes artísticas y sociales. De allí surgió la revista “Punto G” que, por cierto, ahora quieren reanudar. Ahora el mismo núcleo, incluidos Maxi y Samuel, está en la agrupación que se llama Unión de Pela.
Samuel dejó el bar para buscar “otro sitio y otra historia”. Pasó una temporada en Irlanda.
Samuel: Y cuando vuelvo aquí, Maxi me lo propone…
Maxi: Le dije: “Vamos a poner cabras”. - “¡Pero, qué dices?” - “Que sí, que sí, la cabra es un animal hecho para ti...”
Samuel: Hablamos mucho, había algo muy importante en nuestras conversaciones. Después de muchos años he recuperado la idea de hacer algo completamente relacionado con el lugar donde estás, con la tierra. Yo estaba pensando en la agricultura. A mí personalmente el mundo de animales me resultaba algo completamente ajeno.
Maxi: El objetivo inicial fue tener un grupo de cabras lecheras para hacer queso. Luego el proyecto fue cogiendo otro carácter. Tenemos gallinas, conejos, caballo, burro… Una cosa se complementa con la otra…

¿Rechazar una subvención?..Santamera2
Para “enterarse de dónde te metes” los dos ex-madrileños hicieron un curso en Marchamalo.
Maxi: “Iniciación a la ganadería” o algo así se llamaba. Lo daba la Junta. Para pedir una subvención obligaban hacer este curso, y mucha gente lo hacía por esa razón.
Samuel: Yo creo que salvo nosotros y alguno que estábamos para aprender, el resto lo hacía por el puro interés de recibir el dinero para sus explotaciones. Se les veía bostezar en las clases.
Maxi y Samuel no pidieron una subvención, porque, aparte de obligarles a tener cierto volumen de producción, la subvención suponía una serie de condiciones que no querían aceptar.
Samuel: Pedir subvenciones es meterte de cabeza a un mundo completamente ajeno a tu libertad. Te van diciendo todo lo que tienes que hacer, lo que tienes que producir, con lo que tienes que envenenar el animal o la planta, lo que vas a ganar y lo que te van a dar. Te imponen un sistema en el que parte de tus necesidades pueden venir del otro extremo del mundo y que lo que tú produces no sabes dónde va a ir, ni cuantos intermediarios vas a tener. En cualquier caso, tuvieron que acogerse al sistema sanitario oficial y legal de ganadería. “Tardamos casi un año pero lo hicimos. Todo lo relacionado con la transformación de carne está muy regulado”.
Pero no crearon una empresa ni pagan seguridad social, están “fuera por completo”. No es obligatorio porque se acogen al concepto de “autoconsumo”. ¿Pero no piensan vender sus quesos? Para eso ¿no hay que darse de alta como empresa?
Samuel: Existen otras fórmulas. Un grupo de consumo.

Un grupo de consumo
“Solamente comer estos chorizos hechos por nosotros ya es parte del objetivo”, reconoce con orgullo Samuel durante la comida a la que nos invitaron. Pero el autoconsumo no es el objetivo final. La idea es crear un grupo de consumo, formado por productores y consumidores que se conozcan “de cara”, tengan confianza mutua y controlen toda la cadena alimenticia. En España ya hay organizados muchos grupos de consumo, unos pequeños, otros cuentan con miles de participantes.
Samuel: Se trata de un grupo de gente que quiere consumir productos que estén hechos por gente de confianza. Es una alternativa a ir a comprar al supermercado. Nosotros tenemos una asociación “La Taina”, la apostillamos como “Asociación Campesina La Taina”. En nuestro estatuto uno de los guiones es la organización de un grupo de consumo.
En la Sierra, en la Unión de Pela, intentamos organizar un grupo. Aquí, en la comarca, está la empresa “La Espelta y la Sal”, elaboran el producto que da la tierra, evitando ciertos usos y costumbres que existen aquí y que nos parece una barbaridad, como es fumigar los campos. Y hacen harinas y pasta. Los excedentes que tienen de esta agricultura ecológica es lo que están comiendo nuestros animales. Sería interesante que hubiera más productores con los que tener semejantes relaciones. Pero ¿recordáis las reuniones de Sigüenza, para formar un grupo de consumo? Acabó en nada… En Sigüenza había muy poca gente, por la Sierra pasa lo mismo… Y siempre damos con el mismo bache: que alguien que quiera unirse tenga producción.

San Chivín
El grupo de consumo supone apostar por un productor local. Y por la vida local en general, que no sea solo un escaparate para turistas. “Lo que hacemos –dice Maxi–  supone un esfuerzo, y si no apostamos por alguien quien hace un esfuerzo, si no apoyamos un poco… Yo un día voy a Sigüenza a ver a jugar al futbol al equipo local. No voy a ver al Real Madrid…”. La asociación “La Taina” está metida en muchas iniciativas culturales de la zona. Gracias a Maxi y Samuel, Santamera celebra en diciembre una fiesta de invierno: San Chivín :). “Este año se ha hecho por segunda vez. Contábamos con el apoyo de la gente de la Pela y fue una jornada específica sobre alimentación local, ecológica y artesana. Juntamos 100 personas. Se hizo una comida popular y se prolongó hasta las altas horas de la noche... Esto parece algo excéntrico pero está ocurriendo en toda Europa y en España, sobre todo en Catalunya, el País Vasco… También hay gente en Soria que hacen algo parecido...”

Woofer
Aunque no tienen internet y van a ver su correo a Sigüenza, si lo aprovechan: están en contacto tanto con el movimiento Vía Campesina, como con WWOOF. Esta última es una curiosa red internacional de granjas orgánicas, o ecológicas, que están dispuestas aceptar trabajadores voluntarios.
“Dentro de la red WWOOF nosotros pagamos 20 euros anuales. Aquí en el último año ha venido gente de todas partes del mundo: de Estados Unidos, de Alemania, de Malta, de Francia, un chino que quiso aprender hacer quesos… Solo podemos acoger dos personas a la vez, si no, hubieran venido más. Hay gente que quiere aprender y gente que quiere simplemente viajar de esta manera, es una forma de viajar con poca pasta, aprender idiomas. Una chica de Brooklin ya ha venido dos veces, está montando una granja en estado de Nueva York, en la zona rural, la interesa todo lo que hacemos... por cierto, es azafata de American Airlines, tiene 40 años… También acogemos gente que no tiene nada que ver con la red, que viene y dice: “Quiero estar con vosotros”, pues aquí estás. Hay gente que ha tirado meses aquí con nosotros.

La crisis ¿es un acicate?
Parece que ahora con la crisis, por lógica, tendría que venir más gente que, al perder la esperanza encontrar un trabajo en la ciudad, decide buscarse la vida en una zona rural. Sin embargo Máxi y Samuel no lo ven así.
Samuel: Es una coletilla lo de la crisis, pero las cosas obligadas no salen bien. Por aquí cuando vienes, lo haces porque te gusta vivir de cierta forma. Nosotros ya estamos aquí desde hace muchísimo tiempo.
Perspectivas de futuro
Samuel: Estamos a gusto en el día a día. Es importante pensar en lo que haces ahora. No sé que nos ocurrirá dentro de cinco meses. Ni queremos crecer ni queremos disminuir. Queremos que venga gente y nos eche mano. En el campo en general y en esta zona hay recursos. Pretendemos hacer cosas con las que nos identifiquemos y que tienen que ver con lo que pensamos que tiene que ser el mundo en que estamos.
Texto y fotos:
Galina Lukiánina/Jose Mª Cañadas