En el recuerdo, cada vez más vago, de las personas de cierta edad se conserva la imagen de aquellos viejos, o no tanto, que debajo de su chaqueta y siempre por encima de la camisa llevaban una prenda, habitualmente de color negro, que no sólo les protegía del frío y del esfuerzo, sino que les permitía portar cualquier objeto no voluminoso. Una prenda hecha de lana, de un tamaño notable para poder dar varias vueltas al cuerpo y terminada en hilos trenzados. Un extremo se colocaba por dentro del pantalón y el otro remetido al final de las vueltas para darle sujeción. La faja se identificaba, además, como una prenda propia de labradores y pastores, de ganaderos y obreros en general.

En Sigüenza no se ven, pero se conservan. El Miércoles Santo los armaos bajan a la antigua ermita de San Lázaro como han hecho desde hace siglos quienes pertenecen a la Cofradía del Santo Sepulcro. Hay que realizar el traslado de la Urna con el Cristo yacente y portar a su Madre bajo la advocación de La Soledad. Nunca ha sido una procesión, por ello van con el llamado antiguamente traje de dentro, sin coleto, sin mallas, sin faja roja. Van siguiendo el ceremonial que implantaron los hermanos que desde el siglo XVII realizan el mismo camino entre la ermita y la catedral.
Puesto que es un sencillo traslado para que se pueda realizar el Descendimiento y la procesión en la tarde noche del Viernes Santo dentro de la Catedral, optaron por vestir como lo tenían por costumbre el resto del año, aunque con la pana nueva por respeto a quienes portaban a hombros.

La Cofradía del Santo Sepulcro, al igual que la de la Vera Cruz, tenía entre sus fines no sólo celebrar las funciones religiosas de la Semana Santa sino también ayudar a los hermanos hasta el final de su vida, por este motivo se preocupó de atender y regular su entierro. Sus primigenias constituciones de 1636 dedicaron unos capítulos a la celebración del funeral y al acompañamiento del difunto. Portar el féretro desde la casa a la iglesia y de ella al cementerio era una obligación del resto de los hermanos y un derecho del fallecido. Un traslado que exigía y exige respeto y que, por la misma esencia de la Cofradía, hizo que le acompañaran con el traje de dentro, como el Miércoles Santo.
Los armaos son los únicos que tiene ese derecho, un verdadero privilegio, pues quienes trasladan la Urna de Cristo y a la Virgen de la Soledad serán quienes porten al difunto en su último camino en este mundo. Resulta complicado sobremanera explicar la extraña sensación que producen esos dos momentos en los que portas a Cristo y a tu hermano de carga, considerando que se ensalza su entierro antes de la Resurrección.
Los armaos acompañaron, y acompañarán siempre, a sus hermanos de carga el día de su entierro con ese traje de dentro en el que destaca esa tradicional y humilde prenda de color negro sobre el blanco de la camisa. Es una seña de identidad igual que la del traje completo de armao.

El verdadero patrimonio de la Cofradía de la Vera Cruz y del Santo Sepulcro de Sigüenza, más allá del artístico y del monumental, es el haber sabido transmitir desde hace siglos, a través de sucesivas generaciones, el valor de la hermandad. Una fraternidad en la que han convivido siempre desde armaos septuagenarios a los que apenas han alcanzado la mayoría de edad. Los jóvenes cuando entran aprenden de los mayores y ellos, a su vez, enseñarán a la siguiente generación. Por esta transmisión secular conocen bien que el último acompañamiento al hermano de carga será, como el Miércoles Santo en el traslado de Cristo y su Madre, con el traje de dentro y la faja negra.
Pedro Ortego Gil
Armao












