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El Manifiesto de Sigüenza me parece confuso

El pasado 13 de diciembre se celebró en Sigüenza el I Foro de Desarrollo Rural de la provincia de Guadalajara “Pueblos con Futuro”. Yo me enteré de la convocatoria la tarde anterior y no pude asistir como era mi intención. Lo solicité, eso sí, pero el sistema preparado para gestionar las inscripciones me devolvió un aviso diciendo que el aforo estaba completo. No me extrañó porque mi petición llegaba con un margen muy escaso. Además, supuse, se trataría de una reunión en la cual las plazas ofertadas no serían muchas si se quería conseguir un intercambio de opiniones matizado y fecundo entre los asistentes. Más, si como era el caso, se convocaba a debatir y analizar una situación compleja. Cuando leí las noticias que daban cuenta del acto me sorprendió la multitud congregada en el Parador. Asistieron, decían, entre quinientas y seiscientas personas. Las entidades convocantes sabrán la cifra exacta porque tuvieron que preparar el material necesario, desde tarjetas de identificación, con su cinta para colgar, hasta cafés. Como no estuve no sé cómo fueron las intervenciones de los participantes en las distintas mesas ni, por tanto, las aportaciones que se hicieron. Sí he leído el documento presentado tras la jornada, el denominado Manifiesto de Sigüenza, y quisiera compartir algunas inquietudes, dudas y certezas, que me surgen tras dicha lectura. Me centraré en el aspecto formal del texto publicado, no en el contenido. Esa es otra tarea y conviene no mezclar, aunque alguna referencia es necesaria para poder explicar mis dudas.

El texto me parece confuso, lo que denota fallos en la preparación y, por tanto, en el contenido. No sé si hay una definición canónica de manifiesto. Pero estaríamos de acuerdo en que un manifiesto es un texto donde un grupo aexpone a la sociedad en la que vive su postura sobre aspectos que le son propios como grupo.

Sin embargo, en el Manifiesto de Sigüenza encontramos, a la vez, peticiones genéricas como esta:

Además se solicita[n] planes de gestión y financiación apropiados que coadyuven y compatibilicen sectores como la agricultura, la caza o el turismo que favorezcan una gestión favorable y la conservación de los espacios naturales.

O esta:

El Foro exige que el medio rural tenga servicios, recursos y oportunidades comparables al medio urbano.

Con otras extremadamente detalladas como: un bono del 25% sobre la potencia instalada y la energía consumida, de igual aplicación para los operadores de telefonía (punto 2), un complemento económico del 25% del salario por fijar la residencia de los empleados públicos en municipios rurales (punto 3), una lámina mínima del 40% de los embalses de cabecera (punto 4), Se propone por el Foro una reducción en cinco puntos de la tabla de IRPF y de diez puntos a la imposición de la empresa. Así mismo se insta a la aplicación de un IVA al 0% en los productos de primera necesidad y de un 7% al resto (punto 6), bonificaciones del 50% en la cuota de autónomos rurales y en la cotización por Pymes de entornos rurales (punto 7), ayudas a la creación de empleo en las zonas rurales, incrementadas en 150% sobre el resto (punto 7). Estas últimas parecen más propias de un documento de gestión, donde se proponen objetivos, por definición, concretos, que de una declaración de intenciones. De un documento marco, si se quiere, que debe tener otras expectativas y un recorrido más largo.

Yo echo de menos una presentación detallada, hasta el extremo, de lo que los convocantes prometen en el Preámbulo:

Los Grupos de Desarrollo Rural de Guadalajara hemos organizado este Foro, en el ecuador del actual periodo, para informar sobre la gestión que se lleva a cabo.

Ese debería ser un documento prolijo, y sin límite de espacio, hasta mostrar todos los logros conseguidos por los Grupos desde que llevan funcionando y los proyectos en los que trabajan ahora. Los lectores de dicho documento serían, no lo olvidemos, la población en general, los habitantes de los territorios donde desarrollan su trabajo los Grupos convocantes, personas interesadas en estos temas de otros lugares del mundo, profesionales de distintas disciplinas académicas relacionadas y administraciones públicas de diversos ámbitos. Así podrían conocer las diferentes áreas de actuación, fondos concedidos y gestionados, etc. ¿Qué mejor argumento, para explicar el trabajo realizado, que presentar la situación encontrada cuando se constituyó cada Grupo y el momento actual? Mostrar los datos de actividad económica (tampoco sobraría algún indicador socio cultural) y número de habitantes antes y después de la actuación de los Grupos. Ofrecer datos de ese tipo sería más ilustrativo, sería una mejor presentación, que la simple afirmación en un manifiesto. ¿Estaría de más un listado con todas las empresas puestas en marcha?, con los sectores de actividad, empleo creado, supervivencia después de unos años desde que entraron en funcionamiento… Ese es el tipo de información que difunden todos los promotores de empresas. Es su tarjeta de presentación. Y dice mucho más del empleo de los fondos concedidos que el afirmar, como se hace en el documento, que no ha habido fraude.

Un documento más amplio permitiría definir conceptos como rural y urbano. Las cuales serían muy útiles a la hora de identificar ámbitos de aplicación de las bonificaciones de todo tipo que se piden. Serviría también para dibujar mapas y establecer calendarios de las mismas en los territorios donde desarrollan su trabajo los Grupos de Acción Local. Adjuntándolos después al documento. Lo cual sería otra prueba de la seriedad del trabajo realizado y del profundo conocimiento que tienen los Grupos del territorio, la sociedad y los habitantes.

Por otra parte, dado que en el Foro se hallaban representantes de varias administraciones públicas, estaría bien que las peticiones que se hacen a otras se acompañaran con ejemplos de cómo han tratado esos mismos temas desde su ámbito de actuación. Siempre según sus competencias.
Por último, me gustaría señalar que, en el Preámbulo del Manifiesto, se puede leer:

Este Foro nace con la pretensión de fijar aquí un punto de partida y, pasado un periodo prudencial, volver a reunirnos para evaluar la situación.

La pretensión de permanencia me parece una buena noticia. No querer ser “flor de un día”, aunque haya sido muy brillante, es loable. Pero si el punto de partida es confuso hay que extremar la atención para que el camino no se vuelva cada vez más oscuro.

Relaciones ¿saludables?

Este mes se celebra un día muy especial entre las parejas, San Valentín.

Este día es llamado así por Valentín, un sacerdote que en el siglo III ejercía en Roma. Gobernaba el emperador Claudio II, quien decidió prohibir la celebración de matrimonios para los jóvenes, porque en su opinión los solteros sin familia eran mejores soldados, ya que tenían menos ataduras. Éste no se iba a quedar de brazos cruzados, y ofrecía matrimonios a escondidas, para que se prometieran amor eterno.

Se celebra anualmente el 14 de febrero como conmemoración a las buenas obras realizada por San Valentín de Roma que están relacionadas con el concepto universal del amor y la afectividad.

En relación con este romántico día nos gustaría hablaros de los principales mitos del amor romántico y explicarlos brevemente, porque creemos que afectan negativamente a las relaciones entre los adolescentes:

• El mito de la unidad defiende que ambos miembros de la pareja han de ser uno y tienen que hacer y estar juntos todo el tiempo. Nada más lejos, las personas han de ser independientes y tener su propio espacio.
• El mito de los celos hacepensar que los celos son una parte del amor, indispensables para demostrar que estás realmente enamorado o enamorada. Los celos no son signos de amor, sino de inseguridad y dependencia.
• El mito de la omnipotencia dice que el amor lo puede todo y que dos personas realmente enamoradas superan cualquier obstáculo que se les ponga en medio. Pero hay situaciones intolerables que no se deben aguantar y debes alejarte de la otra persona.
• El mito de la media naranja cree que un ser humano sólo es realmente feliz cuando una persona encaja completamente con otra, se entienden y coinciden en gustos. Por el contrario, nadie necesita a otro para completarse ya somos personas completas y tener pareja no es una elección indispensable para ser feliz.
• El mito de los polos opuestos dice que para que una pareja se forme es necesario que sean opuestos en gustos y aficiones, pero cuanto más cosas tengamos en común con la otra personas más probable es que la relación sea duradera.

Estos mitos sustentan esa idea del amor incondicional que lo puede todo y se basa en la falta de individualidad y de libertad. Esa idea de amor es dañina porque sirve de base a la violencia dentro de la pareja y genera relaciones tóxicas.

El ideal de amor que nos muestran a los/as adolescentes ha provocado que surjan ideas erróneas sobre lo que es, y lo que no es, una relación afectiva saludable. Las falsas creencias en nuestra cultura conducen a la juventud a establecer relaciones amorosas dañinas que en lugar de basarse en los principios del respeto, tolerancia y autonomía, se basan en otros que pueden llegar a justificar comportamientos intolerables incluyendo la violencia de género sin que las parejas se den cuenta de la gravedad de la situación.

Si las chicas y chicos asumimos estos mitos corremos el riesgo de que en el futuro no seamos capaces de detectar estos signos de violencia y podamos acabar estando sometidas/os y pensando que la relación no es dañina o no se debe abandonar; igualmente no aprenderemos los correctos valores de una relación de amor y el trato que se debe de dar a la pareja.

¿Nos están educando para tener unas relaciones saludables?

¿Cuántas películas y obras vinieron a tu mente al leer este artículo?

Finalmente, queríamos hablarles de las personas solteras.

Obviamente, no a todas las personas les afecta negativamente el hecho de estar solteras porque hacen viajes en solitario, tienen mascotas que les acompañan, pasan más tiempo con sus amigos/as, no tienen que dar explicaciones ni discutir, entre otras ventajas.

Al contrario, hay solteros/as que este hecho les afecta y hacen lo que sea por encontrar a su “media naranja”, ya sea en persona, como en las redes porque no pueden vivir solos/as sin el amor de otra persona.

Bueno, ya saben, no tienen porque deprimirse si están solteros/as porque no es el fin del mundo, además, después de todo, todo el mundo es una naranja entera sin necesidad de otra persona.

Espero que les haya alegrado un poco este artículo a los solteros/as y que a las personas con pareja os haya otorgado más información sobre este día tan especial para vosotros/as.

¡Hasta el próximo artículo del Equipo Joven de La Plazuela!

María Rodríguez Sánchez (2003)
Nacho Caballero Albacete (2005)
Adalia Gómez Merino (2005) Ilustración.

Tres huevos duros y un manifiesto seguntino

13 de diciembre de 2018, acto multitudinario en el Parador para vendernos la moto rural. Mucho parabien, mucho paripé, abrazos por aquí, abrazos por allá, mucha palmadita en la espalda, ¡cuánto tiempo!...; ¡hay que ver cuánto y bien hemos trabajado por esto!, vamos a hacernos la foto, si ponte tu también…; quinientos cincuenta convidados de piedra, intervenciones muy medidas, preguntas filtradas, nada de directo, nada de debate, todo precocinado y controlado, no vaya a ser…; una Ley de Desarrollo Rural de 2007 que todos se pasan por el arco del triunfo…; pero ahora sí, hay elecciones en mayo y ¡ahora sí vamos a cumplir con los derechos que también otorga la Constitución a los habitantes del desierto rural español!…; ¡qué morro!

Quinientos cincuenta invitados a la clac y al ágape en el Parador, todos callados o aplaudiendo cuando tocaba (luego nos pusimos hasta las trancas); todo pagado -¿con fondos comunitarios?- a mayor gloria de las administraciones (autonómicas, provinciales y locales); mucho bombo, mucho platillo y hasta un decálogo de buenas intenciones que le fue entregado al Paje… A ver qué dicen ahora los Reyes Magos

Se lo tragó la montaña

La pesadilla empezó el domingo 13 de enero, a las 13:57 horas, y terminó el sábado 26 de enero, a la 1:30 horas de la madrugada. Durante esas dos semanas, Julen, un niño de apenas dos años y medio, encogió el corazón de millones de ciudadanos españoles. Engullido por la montaña, atrapado a más de 70 metros de profundidad, tras caer por un pozo de 25 centímetros de diámetro, el pequeño Julen era también el hijo de todos nosotros, hasta el punto de hacernos creer en los milagros.

“¿Sabemos algo nuevo del niño?” fue durante esos días una de las preguntas más frecuentes entre familiares, amigos y compañeros de trabajo. No era necesario, por otra parte, dar ninguna pista para saber de qué niño estábamos hablando. Las últimas noticias sobre el suceso las comentábamos cada día al volver a casa.

Tampoco era necesario explicar en qué lugar del mapa está Totalán (Málaga), ni las características geológicas de la tierra que estaba siendo perforada para intentar recuperar a la criatura que había caído por el maldito agujero, mientras disfrutaba con su bolsa de gusanitos en la mano de una jornada de recreo en el campo. Cada obstáculo, cada roca que se interponía en la broca de la máquina tuneladora o del taladro de los mineros asturianos, era como un mazazo a la esperanza depositada en esa operación rescate.

Una vez conocido el fatal desenlace, después de una tarea incansable y ejemplar de todos los efectivos desplazados a la montaña de Totalán, nos queda la sensación de que haberlo intentado con ahínco. Se hizo todo lo que se podía hacer y más para llegar hasta donde se encontraba el cuerpo de Julen. Según las conclusiones de la autopsia, el pequeño falleció el mismo día en que cayó al pozo —una circunstancia que evitó más sufrimiento—, pero hasta que no se confirmó la noticia muchos de nosotros seguimos soñando con un milagro. Siempre había un pequeño resquicio de esperanza, que poco a poco se fue cerrando, como el pozo casi imposible que se cruzó en el camino de Julen, aquella mañana del 13 de enero.

Nos queda ahora la sensación tranquilizadora de que se hizo lo que había que hacer y con una buena coordinación de los efectivos disponibles en cada momento. Siempre habrá alguien que le busque tres pies al gato. Y desalmados que sigan lanzando bulos y mentiras por las redes sociales. Pero lo cierto es que no se escatimaron esfuerzos humanos —bomberos, espeleólogos, protección civil, mineros, técnicos, ingenieros, militares, fuerzas especiales de la guardia civil, etc.— ni medios materiales.

Trescientas personas intervinieron en una lucha sin cuartel contra las condiciones más adversas del terreno. Los vecinos de Totalán les abrieron las puertas de sus casas. Y fueron también testigos del trabajo ejemplar que llevaron a cabo quienes participaron en la operación rescate más importante que se haya realizado en los últimos años. Y, si alguien todavía lo pone en duda, las 85.000 toneladas de tierra removida en la ya famosa y descarnada montaña de Totalán son una demostración palpable y evidente del despliegue realizado.

Mientras las investigaciones judiciales tratan de esclarecer las circunstancias previas a la caída de Julen en ese pozo (¿por qué no se pidió permiso para hacerlo y por qué no estaba tapado?), deberíamos de hacer un esfuerzo para respetar la presunción de inocencia y el dolor de una familia que ya perdió a otro hijo hace unos años.

A veces se nos olvida que somos vulnerables y sucesos como el ocurrido en la montaña de Totalán ponen en evidencia la fragilidad humana. La pérdida de Julen nos ha caído encima como una losa. Como la losa inexistente que tenía que haber sellado y taponado el pozo por el que se coló el niño al que hicimos nuestro durante varias semanas.

Abrir en canal la montaña que se tragó a Julen no ha servido para devolverle la vida al pequeño, pero sí ha servido para comprobar que los españoles, enfrentados en tantas cosas, somos capaces de unirnos y de trabajar de forma eficaz y solidaria para intentar salvar a un niño. Que no somos indiferentes ante una tragedia tan terrible y conmovedora como la vivida en las últimas semanas.

Como explicaba Francisco Umbral en el libro “Mortal y rosa” (1975) al recordar la muerte de su hijo de seis años a causa de una leucemia, “la vida, asesinándote, se ha dado muerte a sí misma, ha perdido su sentido y paga su crimen en tardes de sol en las que nadie cree y anocheceres de niebla donde nadie es feliz”.

El pequeño Julen nos hizo soñar con un milagro. Intentamos convencernos de que la montaña que se lo tragó nos lo devolvería con vida. No ha sido posible, pero su recuerdo seguirá estando presente en quienes preguntábamos por él todos los días.

El estado de partidos y la civilización

Los que inventaron la democracia, hablo de la posible porque de utopías traducidas en sufrimiento ya hemos tenido bastante en la historia, crearon instituciones inteligentes encaminadas a controlar el poder, del que abiertamente desconfiaban. Y entre las estructuras de poder más dignas de recelo, estaban, y están, las facciones. La cosa viene incluso de antes: decía Bolingbroke en 1749 que un partido político degenera en facción cuando el interés de la ciudadanía es subordinado al interés del partido. Pero desde Maquiavelo sabemos que la política no es más, ni menos, que la lucha por el poder. ¿Cómo podría darse por tanto que un partido no degenerara en facción? Al español de a pie, difícil de engañar en su fuero interno a pesar de la inundación de soflamas y de la adscripción a una u otra tendencia por simple y legítimo interés personal, esto no le sonará a marciano.

El debate sobre los partidos-facción se intensifica durante el siglo XIX, pero sería en la primera mitad del XX cuando los argumentos de los recelosos se verían brutalmente afirmados con la llegada de los regímenes de partido único. Una sola facción para agrupar todo es, por definición, una no-facción: el estado total. El estado es apropiado completamente por el partido, cuya jerarquía ocupará todos los órganos estatales. Poder, partido, estado e incluso nación se hacen uno y lo mismo. El comunismo fue una generalización ideológica, en la que, por definición de ideología, una verdad parcial, la de una parte de la sociedad, se convierte en verdad universal, siendo su triunfo el llegar a imponer esa parcialidad al resto. Los regímenes fascista y nazi no se nutren de una exacerbación teórica del faccionalismo sembrada en la tierra fértil de un estado aún feudal, como ocurre con las conclusiones de los pensadores alemanes respecto a Rusia, sino de la falta de inteligencia en el diseño de instituciones supuestamente democráticas, aptas para el crecimiento sin techo de las parcialidades, abonadas como reacción, eso sí, por la revolución bolchevique. La república de Weimar, de la Alemania de entreguerras, por ejemplo, instaura por primera vez el sistema de listas electorales de distrito, es decir, el voto a siglas, no a candidatos, creando así un régimen político que ha sido llamado por los teóricos «de partidos estatales» o, eufemísticamente, «democracia de partidos». Ese régimen de facciones sin contrapesos ni representación del elector, como admitieron con hipocresía sus teóricos que no dudaron en llamarlo, a pesar de todo, «democrático» (Leibholz), fue germen del de partido estatal único de Hitler, que lo sucedió sin necesidad siquiera de tener que derogar la constitución de 1919.

El régimen de poder actual de España y de los países europeos, con la excepción del Reino Unido y Francia por razones históricas, entra en la misma categoría que el de Weimar. Los partidos son estructuras del estado, al igual que el partido único de los totalitarismos. Poseen de hecho el estado, que se dobla a sus necesidades faccionarias mediante el control sin contrapesos de los poderes políticos, legislativo y ejecutivo, y de la justicia, conceptuados como un único poder monolítico. El partido o coalición de gobierno ocupa la mayor parte de la jerarquía estatal: se estima que el 95% de los altos cargos son rotados con cada cambio de gobierno en España, que tiene en esta cifra el récord mundial, frente a menos del 5% de países como Estados Unidos. La única diferencia con los totalitarismos es que, en lugar de un solo partido, varios de ellos utilizan el poder único en distinta proporción según asignaciones otorgadas en las urnas. La oposición, en función de este reparto, forma parte de distintas instituciones según un sistema de cuotas (consejo de los jueces, tribunal constitucional, televisión, etc.) o dirige autonomías o municipios que, en última instancia, responderán ante la estructura jerárquica del partido. Es decir, la oposición, resumida en las cabezas de sus dirigentes, posee menos parte del estado que el partido en el gobierno, pero parte tiene. Por ello pensadores rigurosos de lo político han terminado por llamar a estos regímenes europeos copiados de Weimar «oligarquía de partidos estatales» al ser varias las facciones (oligos, unos pocos) que se reparten el poder en cada momento según cuotas.

Como también sabían los padres de la democracia formal, dotados de un ejemplar realismo práctico, las facciones son inevitables. O se entraría en contradicción con la meta civilizadora inexcusable que es la libertad: en un país libre todo el mundo debe tener derecho a asociarse libremente. El problema no es ese, sino la apropiación de los mecanismos del poder por asociaciones u organizaciones con fines políticos en principio privadas, es decir, no controladas por el conjunto ciudadano. Se evita sacando las facciones de la estructura estatal y, una vez fuera, creando normas claras e inteligentes para que luchen entre ellas por imponer sus ideas, que no su poder, en igualdad de condiciones. Los partidos, aunque debiera ser sin exclusividad como ahora, pueden proponer candidatos políticos que compitan en igualdad, cosa que tampoco ocurre hoy, pero la apropiación de las instituciones mediante la jerarquización del partido les tiene que ser vetada. La receta es instaurar el control del diputado por parte del elector, que ahora responde ante su jefe, al que se debe por haberlo colocado en la correspondiente lista electoral, y separar de raíz los poderes políticos para que el partido de gobierno no pueda comandar la legislación del parlamento, para lo cuál es necesario legitimar ejecutivo y legislativo en elecciones separadas. Lo contrario es resignarse a soportar la corrupción sistémica y la degradación institucional, inevitables cuando el poder es uno y descontrolado y el voto un simple refrendador de cuotas. La única forma que se conoce para conjurar los riesgos del poder es que instituciones inteligentes posibiliten su control por el ciudadano y lo aparten de los intereses faccionarios, siempre con tendencia totalitaria. Lo inteligente es sacar los partidos fuera del estado y depositarlos en el lugar de donde nunca debieron salir, que es la sociedad civil. Es decir, lo inteligente sería, por definición, civilizarlos.