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Tras el viaje por Europa y el norte de África en la fragata Blanca, Odón de Buen resuelve presentarse a oposiciones de cátedra universitaria. Tras un primer encontronazo con los favoritismos de la época en la Universidad de Valladolid, logra aprobar con la unanimidad del tribunal la cátedra de Historia Natural, Mineralogía y Botánica de la Universidad de Barcelona. La cátedra englobaba las asignaturas de Zoología, Botánica y Mineralogía. Esta última suplantaba a la Geología que por coherencia debería ocupar ese lugar junto a las otras dos ramas de las Ciencias Naturales; sin embargo, la Geología no se incluía en el currículo universitario español porque proporcionaba dataciones para la Tierra más antiguas de las aceptadas tradicionalmente y mantenía que los procesos geológicos que habían dado lugar a la formación de la orografía terrestre aún se seguían produciendo.

Al obtener la estabilidad laboral que le proporciona la cátedra, emprende su vida de casado con su prometida, que no es otra que Rafaela Lozano Rey (1870-1940), hija de su mentor Fernando Lozano Montes “Demófilo”.

En su toma de posesión de la cátedra, en septiembre de 1889, el decano accidental de Ciencias, un anciano catedrático de Matemáticas ya a punto del retiro, al verlo tan joven, le recomienda que cumpla con la cátedra, pero que no se tome grandes molestias en ello, para llegar vegetativamente al número uno del escalafón nacional de catedráticos. Nada más lejos de las intenciones de Odón, que mantenía la sana ambición de implantar en la universidad española los métodos modernos que había conocido en su viaje por Europa.

Al llegar a la cátedra encontró un museo de Historia Natural, formado en su mayor parte por piezas compradas, ningún laboratorio, poco presupuesto y una tranquilidad mortecina.

Decidido a sumergir a sus alumnos en la naturaleza, los embarca en excursiones al campo, convence a los padres de los estudiantes para que inviertan 5 pesetas en la compra de material didáctico para el laboratorio en el que trabajarán sus hijos con las muestras que ellos mismos recogerán. El ministerio de Fomento aceptará años más tarde la idea y cargará con una tasa adicional de 10 pesetas las asignaturas de Historia Natural de las universidades españolas.

Odón de Buen (tercero por la derecha de la segunda fila) en el Laboratorio Aragó, Banyuls-sur-Mer, con sus alumnos.

La transformación de la enseñanza emprendida por de Buen inauguraba toda una revolución, pues sustituía las clases dictadas por clases vivas con demostraciones en directo y preguntas a los alumnos; adoptaba un libro guía de la asignatura, para que los alumnos atendieran a las explicaciones y no pasaran la clase tomando apuntes; incluía prácticas de laboratorio de zoología, botánica y mineralogía; y completaba el paquete con excursiones al campo o al mar, manteniéndose fiel a su filosofía que rezaba que las Ciencias Naturales se deben aprender en la Naturaleza, no en los libros o en los museos.

Las primeras excursiones no se alejaron mucho de Barcelona: Gavá, Castelldefels, El Papiol, Monserrat… y, año a año, se fueron ampliando en distancia y tiempo, alcanzando la isla de Mallorca y varias semanas de duración.

La excursión a Mallorca era la estrella del programa anual e incluía la recogida de muestras en costas, playas, campos, bosques… visitas turísticas y una recepción en la finca del archiduque Luis Salvador Habsburgo-Lorena, erudito e iniciador del turismo balear. Como curiosidad diremos que esta finca terminó en manos del actor Michael Douglas.

Durante la primera etapa barcelonesa, Odón fue contertulio de café de Santiago Ramón y Cajal, hasta que el futuro premio Nobel ganó la cátedra de Histología y Patología en la Universidad de Madrid en 1890.

Precisamente en ese mismo año nace su primer hijo, al que puso de nombre Demófilo (el pseudónimo del abuelo). El niño, haciendo honor al librepensamiento de sus progenitores, no fue bautizado. El diario madrileño La Unión Católica, perteneciente al ala más conservadora de la corriente canovista del Partido Conservador, publicó una crítica contra Odón de Buen por impío en la que proclamó que, siendo España un país católico, no debería estar habilitado como profesor una persona que no comulgara con esa religión. En ese periódico escribía frecuentemente Juan Catalina (1845-1911), cronista oficial de la provincia de Guadalajara.

Por sus contactos internacionales, pronto, en 1892, comenzaron las excursiones a Banyuls-sur-Mer, en el departamento francés de los Pirineos Orientales, donde Henri Lacaze-Duthiers había fundado en 1882 el laboratorio oceanográfico Aragó, en el que Odón y sus alumnos fueron siempre bienvenidos. A esta excursión, que llegó a tener lugar dos veces al año, podían acudir, no solo los alumnos de sus asignaturas, sino cualquier interesado en la Historia Natural.

 

En 1890 Odón de Buen publicó dos libros, el Tratado Elemental de Geología y el Tratado Elemental de Zoología, destinados a servir de manuales universitarios, tal y como él entendía que debía ser la enseñanza moderna. Cinco años después, el papa Leon XIII (1810-1903) incluyó los dos Tratados en el Índice de los libros prohibidos por la Iglesia Católica por mostrar la teoría de la evolución de Charles Darwin, defender que el ser humano está sometido a las mismas leyes de la Biología que el resto de los animales, así como que la Tierra sigue cambiando a lo largo de los eones.

 

Hacía ya tiempo que la sociedad española había dejado de prestar atención al Índice; sin embargo, el diario ultraconservador La Unión Católica se hizo eco de la noticia mientras recrudecía la campaña contra él: difunde el bulo de que en una excursión de Buen había encontrado un hueso que identificó como perteneciente a un hombre prehistórico, cuando se trataba del hueso de un burro que un bromista había colocado para reírse de él. En aquellos años, el diario estaba dirigido por Juan Menéndez Pidal (hermano de Ramón), que será gobernador de Guadalajara durante el año 1903.

 

En agosto de 1895 el Consejo de Instrucción Pública, atendiendo a criterios científicos, declara ambos manuales válidos para la formación universitaria, decisión que rubrica la reina regente, en nombre del rey, a petición del ministro de Fomento. Al mes siguiente el Boletín Eclesiástico del obispado de Barcelona informa de la inclusión en el Índice de los Tratados de Odón de Buen, condena su lectura y hasta su simple posesión. Unos días después, el diario La Unión Católica interpela al ministro para que retire los textos señalados por la Iglesia. La semana siguiente el obispo de Barcelona, Jaime Catalá y Albosa, amparándose en la Ley Moyano (1857), demanda oficialmente que se retiren los textos, que se prohíba a Odón de Buen examinar a sus propios alumnos y que las clases las imparta un profesor que no sea “anticatólico”.

 

La prensa ultramontana olió sangre y sus periodistas se lanzaron como lobos sobre su presa. La Unión Católica, El Siglo Futuro, La lectura dominical… creyeron que era el momento más favorable para echar al incómodo Odón de Buen de su cátedra y, por ejemplo, El Siglo Futuro publicó en esos días la falsedad de que de Buen había numerado sus libros para detectar, y suspender, a los alumnos que no los comprasen. La prensa liberal, por el contrario, se alineó en la defensa de la Libertad de Cátedra, posición en la que se encuadraron El Día, El Liberal o La Iberia.

 

El 6 de octubre, el rector de la Universidad de Barcelona, el farmacéutico y antidarwinista Julián Casaña (1833-1911), abrió un expediente a Odón de Buen y, mientras se completaba la instrucción, le impide impartir sus clases. Inmediatamente, el diario La Unión Católica publica que el ministro ha aceptado la reclamación del obispo; lo que era una noticia falsa, ya que esta orden nunca vio la luz.

La difusión del embuste moviliza a los estudiantes de la Universidad de Barcelona que acuden en masa al campus para vitorear a Odón de Buen y acompañarle hasta su casa. Unos pocos exaltados toman otro camino, alcanzan el Palacio Episcopal y rompen algunos cristales de las ventanas del inmueble. Las protestas estudiantiles se prolongarán hasta las vacaciones de Navidad.

 

El día 8, Odón, que aún no ha recibido la comunicación oficial de su suspensión, se dirige a la universidad a dar su clase. Lo esperaba una muchedumbre de estudiantes y obreros, en tal número, que el aula no alcanzaba para albergarlos, de modo que se desplazan al Paraninfo. Odón de Buen comenzó la lección de ese día con el siguiente aserto: Parece que esto huela a muerto, pero conste que si alguno muere, será la libertad de cátedra. Al finalizar, un grupo reducido de estudiantes se dirige al Rectorado, entrando en él y despachando algunos de sus muebles por la ventana.

El conflicto concluye en noviembre, cuando se reúne el Consejo Universitario de la Universidad de Barcelona que, una vez escuchadas las alegaciones de Odón de Buen, resuelve que no existe motivo de sanción para el catedrático. En enero de 1896 el Gobierno español dispone que Odón de Buen reanude sus funciones de catedrático; y como consecuencia del enfrentamiento con Odón de Buen, el rector es destituido.

 

A partir de ese momento Odón de Buen comprende que, si quiere hacer evolucionar la universidad y desarrollar la Oceanografía, debe aspirar a puestos de mayor influencia científica y social, y comienza a presentarse a todas las vacantes que van surgiendo en las cátedras de Ciencias Naturales de la Universidad Central de Madrid.

 

Aún en Barcelona, participa de la vida política de la ciudad. En 1901 es elegido concejal del Ayuntamiento por una agrupación republicana, a la vez que mantiene su esforzada labor de divulgación científica a través de la dirección de la colección Manuales Soler y de la revista El Mundo Científico.

 

En aquella época convulsa de anarquistas y huelgas generales, un obrero metalúrgico entra en el ayuntamiento para poner una bomba, al percatarse de que el que habla en el Pleno es Odón de Buen, desiste y hace estallar la bomba en la calle sin dejar víctimas.

 

En 1906 el ministro de Fomento crea el Laboratorio Biológico-Marino de Baleares, por el que Odón de Buen había luchado tanto, nombrándole director. Aquí comienza la historia de sus logros institucionales e internacionales que nos reservamos para el artículo siguiente.

 

Odón de Buen, pionero de la oceanografía mundial, 1

 

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