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— Cuando yo uso una palabra —afirmó Humpty Dumpty con un tono de voz más bien desdeñoso- quiere decir lo que yo quiero que diga...., ni más ni menos.
— La cuestión —insistió Alicia— es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.
— La cuestión —zanjó Humpty Dumpty— es saber quién es el que manda...., eso es todo.

Alicia a través del espejo, Lewis Carrol.

Las polémicas alrededor del lenguaje tienen el mismo tiempo que el lenguaje mismo. Y no puede ser de otro modo, como intentaré demostrar en este artículo. La fuerza y el impulso de la lucha feminista ha conseguido cuestionar el uso del lenguaje castellano en lo que al género se refiere. Ya sólo preguntarse acerca de por qué hablamos como lo hacemos, por qué usamos unas palabras y no otras (y cómo los significados de las mismas van cambiando con el tiempo), o por qué la estructura de la lengua es la que es y no otra, es un objetivo loable en sí mismo. Sin embargo las feministas nos encontramos, cuando planteamos tales cuestiones, con torvas miradas, gestos de desconfianza y argumentos en contra poco elaborados pero aparentemente contundentes. El principal de ellos, condescendiente con nuestro trasnochado utopismo, consiste en afirmar que no es importante cómo digamos las cosas sino cómo pensemos y qué hagamos. Es decir, plantea que una cosa es el lenguaje y otra muy distinta nuestro modo de pensar y de actuar. Este artículo pretende desmontar tal pretensión. Aunque no hablaré de feminismo es esta lucha la que inspira la argumentación. Para que se sepa desde el principio, y para ahorrarle un mal empleado tiempo a cualquiera de los 293 votantes de VOX en Sigüenza. Nada más lejos de mi intención que engrosar más, si cabe, sus abultadas resmas de lecturas.

Que el lenguaje no es sólo la principal herramienta que utilizamos para comunicarnos sino que es, también, la única herramienta que tenemos para pensar es algo que ya hace años quedó fuera de la discusión académica, por incomparecencia de los detractores. Sencillamente no podemos pensar no verbalmente. Cada una en su idioma, faltaría más. La cuestión es que los modos particulares de un idioma, el significado que tengan en él las palabras y el universo de posibilidades que dicho idioma contemple determinan no sólo la comunicación sino el propio pensamiento, que suele ser (o debería de ser, intuimos) el germen de la acción. Numerosas obras sesudas tratan sobre este asunto, desde Wittgenstein hasta Chomsky. Su lectura es en verdad árida y pesada. Muchas páginas para demostrar algo que la observación de la realidad circundante nos confirma de modo aplastante: sólo a través del lenguaje puede el pensamiento abordar la realidad y por lo tanto en cierto modo la construye, no sólo la describe.

Una de las consecuencias de esta afirmación es que el lenguaje es también un campo de batalla en el que cada grupo social intenta imponer su visión de la realidad. Los mismos que dicen que no tiene ningún sentido pretender cambiar los modos del habla (por ejemplo utilizando indistintamente el femenino o el masculino como neutro) se esfuerzan con denuedo en introducir los giros lingüísticos, las palabras, los sentidos que mejor defienden sus intereses. A base de torticeros eufemismos, de la imposición de significados equívocos y de obvias manipulaciones lingüísticas intentan imponer un mundo, el suyo, y normalizar una barbarie, la de la realidad que padecemos. Saben perfectamente que el lenguaje construye el pensamiento. Funciona. Y luego dicen que el lenguaje no importa..... Vamos a los detalles.

Diario El País, 6 de Mayo de 2019: “El ejército reanuda los asesinatos selectivos de militantes palestinos”. Se refieren a Israel, claro. Relata la noticia un ataque aéreo a un coche en el que viajaban el presunto y no se sabe cuántos más. Israel asesina gente (llevan ya casi 400) sin proceso judicial alguno, y llevándose por delante a menudo a cualquier amigo, familiar o viandante que estuviese cerca. Pues resultan ser “asesinatos selectivos”.

Que es lo que hacen los estados democráticos, no van a matar así sin ton ni son. Aparecen en Google más de 60.000 resultados con esas palabras, pero siempre vinculadas a los mismos. ETA cometió 858 asesinatos, aproximadamente, cientos de ellos mediante un tiro en la nuca. Pero ninguno fue selectivo. Como vemos la selectividad o no del asesinato tiene poco que ver con su método o con el número de víctimas y mucho con a quién le queremos blanquear el historial y a quién no. Esta técnica de apostillar un concepto negativo para suavizar el crimen la encontramos por doquier: los ataques de los buenos son siempre “preventivos”; los malos matan civiles pero los buenos asumen apesadumbrados las “víctimas colaterales”; tiramos bombas, sí, pero siempre “inteligentes”, no como esas torpes y bobaliconas que emplean los malos. La sección de “internacional” de cualquier diario es una magistral lección del uso del lenguaje para encasillar a los países en buenos y malos, lo cual es curiosamente un reflejo exacto de quiénes son nuestros aliados y quiénes nuestros enemigos. Venezuela es siempre un “régimen” o una “dictadura”. ¿Han visto ustedes en la prensa alguno de estos términos asociado con Arabia Saudí? Arabia Saudí es la “monarquía saudí”. Se encuentra en el puesto 159 de 167 en el Índice Democrático de The Economist, uno de los más empleados, pero su posición es equivalente en cualquier otro. Es una de las dictaduras más autoritarias, machistas y retrógradas del mundo pero, ay, nos compran barcos y trenes; y tienen buenas relaciones con cierto español campechano..... La “monarquía saudí” frente a la “dictadura” de Maduro...... y luego dicen que el lenguaje no importa.

El campo económico se encuentra igualmente sembrado de ponzoñosas manipulaciones para justificar el saqueo generalizado. Eso de “privatizar” suena feo porque todo el mundo entiende que algo público, del conjunto ciudadano, pasa a ser privado, es decir de un puñado de ellos. Es mucho más pulcro “externalizar”, así nadie gana ni pierde. Si la economía se hunde no es tal, sino que afecta “crecimiento negativo”. ¿Habéis oído alguna vez hablar a algún político de “recortes” propiciados por su partido? ¡Son los otros los que hacen recortes!, lo nuestro son “reformas”. Si todos los bancos están entrampados hasta las cejas pues hacemos un “banco malo” con los pufos de todos ellos. Está claro que si ese es el “banco malo” los demás, que con sus quehaceres han generado el otro, han de ser todos buenos. Europa obligó a dilapidar el Estado Social de Grecia y lo presentó ante el decadente continente como una “reforma estructural” o como un necesario “ajuste”...... y luego dicen que el lenguaje no importa.

Ha sido interesante observar cómo la palabra “populista” ha mutado desde definiciones bastante estrictas en el ámbito de la filosofía política hasta un sinsentido en cualquier caso negativo que nuestros prebostes se arrojan recíprocamente. Al principio eran las izquierdas latinoamericanas; luego las izquierdas en general; poco después se empezó a incluir la extrema derecha, y hace unos días me regocijé con este titular, de El Mundo: “El PP pasa al ataque contra el ‘populismo de centro’”. Se refieren a Ciudadanos y la expresión es de Casado. ¿Alguien sabe a estas alturas qué demonios significa ser populista?. Simplemente ser de los malos para el que habla. No creo que haya un solo político que no haya sido tildado de populista por otro. “Populismo” es ya una palabra sin significado que sólo responde como arma ofensiva..... y luego dicen que el lenguaje no importa.

Ni siquiera la clerecía, a priori más ocupada en recogimientos y teologías, puede sustraerse de esta cósmica batalla. Vamos ya por 97 casos de pederastia sensu stricto denunciados en España (23 sólo en 2018, el ritmo de crecimiento es exponencial). En el mundo son Legión. ¿Cómo llaman a merendarse imberbes en la sacristía y aledaños? Pues nada, “conductas deshonestas”, “acercamientos impropios” y toda una retahíla de eufemismos poco comparables con sus contundencias acerca del matrimonio homosexual como una “amenaza contra la humanidad”, Benedicto XVI dixit, que con este olor a incienso me ha dado por los latinajos. Digo yo que sodomizarse mutuamente motu proprio, para ellos, o practicar el cunnilingus ad satietamem, para ellas, no es materia tan grave si es de común acuerdo. Pero ellos lo ven de otra manera, por el lenguaje que utilizan. Parece ser eso más reprobable que obligar (¡obligar!) a un púber a tocarte el nardo. Un leve “acercamiento impropio” no es cosa de qué preocuparse ante la severa mirada del Creador, pero con una “amenaza contra la humanidad” en el juicio final no te salva ni el bueno de San Judas Tadeo, celestial abogado de causas perdidas. Y luego van y dicen que el lenguaje no importa.

Espero que a estas alturas insistir más sea vano. Cada artículo periodístico, cada noticia en la televisión, cada anuncio publicitario, cada discurso personal en la academia o en el bar revela, a través del lenguaje, no una información neutra que se quiere transmitir sino un mundo que se quiere construir. Y en nuestras manos está utilizarlo, y cambiarlo, para construir el otro mundo que queremos. Claro que el lenguaje es un campo de batalla. Ellos lo saben. Sólo quieren que tú no luches.

Isato de Ujados
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