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Paco SerranoPaco Serrano, editor y librero nació en Madrid pero siempre ha estado muy vinculado a Sigüenza. Estudió filosofía y ciencias políticas en Madrid y al terminar la universidad se instaló en el barrio de Vallecas donde montó la librería Bulevar, que fue foco de activismo político y cultural en su época. A continuación participó en la editorial El Museo  Universal y en otros proyectos editoriales. En el año 2000 montó una librería de viejo en el centro de Madrid y no descarta algún día instalar una sucursal en Sigüenza. La Plazuela quiso hablar con él acerca del libro visto en todas sus facetas.

De dónde viene tu vinculación con Sigüenza?
Mi abuela paterna, Engracia Manso era de Sigüenza, compró una casa frente al arquillo en el año 1926 o 1927. En los años 1954 y 1955 se arregló la casa y a partir de ese momento íbamos un fin de semana al mes, además de los tres meses de verano. Mi vinculación es emocional porque hasta los 21 años, mis amigos, mis novias fueron de allí. Luego tuve la suerte de tratar a personajes seguntinos como Pepe Esteban, con el que existía afinidad ideológica y con él he trabajado en varios proyectos. También durante unos veranos estuve ayudando, con la búsqueda de documentación, a Natividad Rodrigo, una seguntina que estaba haciendo una tesis doctoral sobre las colectividades agrarias libertarias en Castilla-La Mancha. Esa vinculación me permitió investigar el tema de la guerra en Sigüenza. Conocí en Madrid a algunos personajes que habían estado en Sigüenza durante la guerra civil, como un cenetista que fue lugarteniente del batallón de la CNT en Sigüenza y uno de los últimos que quedó en la Catedral durante el asedio. También intenté también hablar con el famoso cura Galo Badiola sobre la guerra pero a él nunca pude sacarle nada. La presencia de la guerra en Sigüenza, con las heridas físicas y morales que provocó, hicieron que poca gente quisiera hablar de esa época.

Háblanos de tu trayectoria en el Madrid de la transición
Yo vivía en el centro de Madrid y estudiaba Filosofía y Políticas. Cuando terminé la universidad, me fui a Vallecas porque en aquella época había que proletarizarse, y eso significaba ir a un barrio obrero. Allí me quedé a vivir cuando me casé a los 22 años. En el año 1978 junto a un colectivo de gente montamos la librería Bulevar. Fue una  rica experiencia social en el barrio y tuvo una gran incidencia política y cultural. Fue uno de los primeros sitios en Madrid en donde se hizo animación de calle; había un grupo de teatro para niños, un grupo de guiñol, otro de actividades artesanales... En la trastienda creamos una de las primeras radios libres de Madrid: Onda Verde Vallekana.
 La librería duró hasta 1983, por entonces llegó al límite de sus posibilidades y ya no era posible mantener el negocio del libro y la radio libre.

Tras esa etapa pruebas suerte en el campo editorial…
Al dejar la librería me incorporé al Museo Universal, un proyecto editorial que publicaba libros de grandes viajeros y facsímiles. Entre ellos editamos La catedral de Sigüenza de Villamil.

En 1986 por diferencias ideológicas, abandono el proyecto y con otros compañeros montamos una editorial que se llamaba “La idea”. Esta editorial sacaba libros de bajo costo, muy modestamente impresos pero con pretensiones. Luego, conjuntamente con Pepe Esteban, creamos una colección de libros taurinos llamada “Las páginas del Tendido”. Editamos unos 20 pequeños libros con diseño muy elegante que se vendieron muy bien. Esta etapa duró tres o cuatro años.
Por aquel entonces empiezan a surgir en Madrid empresas de servicios editoriales trabajando sobre todo para las administraciones. Me incorporé a una de ellas, haciendo trabajos de asesoramiento y producción editorial para comunidades autónomas y ayuntamientos.

¿Cómo fue tu introducción en el mundo del libro antiguo?
Yo desde siempre había tenido contactos de amistad y comerciales con libreros de viejo. De pequeño conocí a un curioso personaje que malvivía con el libro viejo y que afirmaba poseer una primera edición del Quijote. Contaba que una universidad americana le había ofrecido por venderles esa edición sacarle de pobre y ayudarle a salir de España. Nunca supe si lo que decía era verdad pero el hecho es que unos años después desapareció sin dejar rastro.

En el 2000 decidí con mi hija y con mi yerno abrir una librería de viejo. La abrimos en Montera, en un pasaje socialmente muy degradado pero estéticamente muy bonito. Luego nos trasladamos a la calle Ruiz, en el barrio de Malasaña. Llevamos ya 13 años, como negocio no es gran cosa pero te permite subsistir. Y significa una vinculación más con el mundo del libro.

¿Cómo ves en la actualidad el mundo del libro?
El libro nuevo está en una crisis absoluta, creo que hay una gran bola de nieve que algún día explotará. Se edita mucho más de lo que se compra y con tiradas demasiado altas.

Aquí no existe la tradición de saldar los libros porque se considera un desprestigio. En otros países si un libro no se vende, a los seis meses se salda. Además del descenso de las ventas debido a la crisis, han desaparecido también muchos puntos de venta ya que es difícil mantener las pequeñas librería con el margen comercial que tienen. Por otro lado las editoriales no han entendido el mercado del libro electrónico, no tiene sentido que una descarga de un libro electrónico cueste casi lo mismo que un libro en papel.

Las grandes librerías on-line como Amazon ¿Van a acaparar todo el mercado?
Tienen todo a favor. Toda la oferta está en sus manos y con el sistema español de precio fijo no tienen ninguna competencia. Pides el libro y lo recibes en 72 horas. Estaremos condenados a leer lo que esos grandes grupos impongan. No obstante, pienso que siempre quedarán pequeños resquicios.

¿Existe futuro para las pequeñas editoriales?
La figura romántica del editor está en vías de extinción, tiende a ser un peón más de una multinacional que es la que impone su criterio. Solo quedarán pequeñas editoriales de presencia testimonial, ya que editar ahora mismo es muy complicado. Si editas en papel, colocar 600 ejemplares es prácticamente imposible. La cuestión es cómo la persona interesada puede acceder a un libro de una pequeña editorial. Por una parte las librerías son cada vez más escasas y por otra los medios de comunicación están cada vez más concentrados. Las reseñas en los grandes periódicos ahora mismo ya casi no valen para nada. Solo pueden conseguir que alguna gran superficie te coloque el libro algo mejor.

La única vía que veo, para las pequeñas editoriales y para los nuevos autores, es hacer pequeñas tiradas digitales y crear grupos naturales de referencia o de intereses comunes.

Que funcione el boca a boca, y estos grupos puedan convertirse en potenciales compradores. Ahí todavía existe un campo de experimentación…

Viñeta

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