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A pocos días de finalizar el presente año en el que hemos celebrado el 475 aniversario del nacimiento de fray José de Sigüenza, quisiera dar las gracias a todos por el interés mostrado hacia mis aportaciones a esta efemérides, aunque seguiremos hablando de tan ilustre fraile, cerramos el año con estas breves notas sobre  su vida.

Sobre ciertas personalidades relacionadas con fray Jose de Sigüenza

Asensio Martínez y Martínez, padre de fray José de Sigüenza, clérigo menor de la Catedral de Sigüenza, en 1550 se le otorgó el beneficio de Sochantre de la Catedral. Un dato curioso que hemos encontrado sobre la casa donde vivió Asensio Martínez es que, a su fallecimiento, la misma fue arrendada por Alonso del Barco (quien seguro fue abuelo de Gabriel del Barco, maestro de la azulejería portuguesa) a Lucas de Torres, por trece ducados al año. La casa era propiedad del Cabildo de Sigüenza y se encontraba sita en la calle Arcedianos:

“…decimos que por quanto Alonso el Barco, pintor veçino de esta ciudad sacó y se remataron en él unas casas de morada del deán y cabildo de la Santa Iglesia desta ciudad, que son en la calle que llaman de los Arçedianos, que las vivía Asensio Martínez, sochantre ya difunto, que alindan por la una parte casas en que vivía yo, el dicho Lucas de Torres, que al presente vive Juna de Hortega, sochantre en la dicha Sancta Iglesia, y por la otra parte casas de Francisco Despinosa, vezino desta ciudad, e por la delantera la calle pública…” (A.H.P.G., Julián Villaverde, e.p. de Sigüenza, Prot. 2651, 15.07.1588).
Asensio Martínez falleció el día 17 de abril de 1582.

Don Miguel de Unamuno, quien siempre será actualidad por lo que enseñó y por lo que escribió, aunque hoy se habla más de él por su “vencer no es convencer”, fue uno de los más grandes admiradores de la obra de fray José de Sigüenza. Al comienzo de sus clases solía leer fragmentos de la obra del padre Sigüenza, en especial, el del lego jeronimiano que murió con las manos puestas sobre el manicordio, tañéndolo y cantando el salmo Super flumina Babilonis.
“¿Hay en castellano acaso pasaje de más honda y poética hermosura que el de la muerte de fray Bernardino de Aguilar, profeso del convento de la Murta de Barcelona, que murió tañendo en el manicordio y cantando Super flumina Babilonis?”

Unamuno presumía de haber leído completa la Historia de la Orden de San Jerónimo:

“Soy de los que han leído las 1240 páginas en folio y de apretada letra de los dos tomos de esa historia en su edición de la Nueva Biblioteca de Autores Españoles, que bajo la dirección de don Marcelino Menéndez y Pelayo publica la casa Bailly Baillière…, y aseguro que esa prolija lectura fue para mí espíritu un descanso tan grande como el de contemplar la masa del Monasterio desde un prado de la Herrería en que tendí mi cuerpo”.

Muchos fueron los elogios que Unamuno dedicó al padre Sigüenza:

“Tomad, en cambio, la estupenda <Historia de la Orden de San Jerónimo> del padre F. José de Sigüenza, que la escribió en El Escorial y mientras éste se construía y que asistió a los últimos momentos de Felipe II. Los libros tercero y cuarto de la tercera parte de esta obra están dedicados a describir El Escorial. Y a fe que apenas se encontrará en castellano estilo que mejor convenga al del Monasterio que el estilo literario de la obra del padre Sigüenza, obra que es una especie de Escorial de nuestra literatura clásica, modelo de sencillez, de sobriedad, de majestad y de limpieza”.

“Uno de los más grandes escritores con que cuenta España, y en él respecto de la lengua, si otros le igualan, no se puede decir que haya quien le supere, es el padre fray José de Sigüenza, de la Orden, hoy en España extinguida, de los jerónimos, que en el año último del siglo XVI publicó estando en El Escorial, su Historia de la Orden de San Jerónimo, libre de las pedanterías estilísticas y lingüísticas del siglo XVII, y que es una de las obras en que más sereno, más llano, más comedido, más recogido y más grave y más castizo discurre nuestro romance castellano”.

Sobre la vida de los monjes nos dice:

"Allí es la quietud del lago del alma, y sin esa quietud no florece el lago. Oigamos de nuevo a nuestro padre Sigüenza, cuando nos dice que <andan estas almas sencillas (digámoslo así) como çabullidas en Dios y en sí mismas, puestas en una quietud soberana, donde no llega turbación de malicia>. Esto, a propósito del siervo de Dios fray Juan de Carrión, llamado el Simple”.

Entre las muchas citas que se atribuyen a Unamuno figura la que dirigió a unos alumnos de la Universidad de Salamanca:
“Ilustre es para las letras españolas el año 1605, ya que en él se publica, además de la primera parte de El Quijote, la tercera de la Historia de la Orden de San Jerónimo, de fray José de Sigüenza, que está tan bien escrita como El Quijote y es mucho más útil”.

Fray Antonio de Villacastín, nació hacia 1512 en Villacastín (Segovia), quedó huérfano muy joven, fue acogido bajo la tutela de un tío suyo con quien aprendió a leer y a escribir. Se independizó y marchó a vivir a Toledo, encontrando trabajo junto a un maestro asentador de ladrillos, quien le enseñó el oficio de la construcción. Quiso ser religioso y fue admitido en el convento de San Jerónimo de la Sisla, sito a 3 km de Toledo, donde hizo muchas obras para el Monasterio.

Su fama de buen obrero de la construcción llegó a oídos de Felipe II, por lo que fue requerido para participar en las obras que se iban a comenzar en El Escorial, 1562, en calidad de obrero mayor, también hizo los aposentos para Carlos V en el Monasterio de Yuste, entre otras muchas obras.
Fue junto con Juan Bautista de Toledo, arquitecto, artífice de la construcción del Monasterio de El Escorial.

Hoy, todo lo que se sabe sobre la vida de fray Antonio de Villacastín es debido, en su mayor parte, a fray José de Sigüenza, fue compañero suyo hasta la muerte de aquel, el 3 de marzo de 1603, y en su obra sobre la Historia de la Orden de San Jerónimo, narra muchos sucesos sobre la construcción del Monasterio en los que participó fray Antonio, terminando fray José su Historia de la Orden con una amplia biografía sobre el padre Villacastín, obra que termina el día de San Mateo de 1602, aunque no fue publicada hasta 1605.

Fray Antonio de Villacastín es la única persona viva de la que escribe el padre Sigüenza, así comienza la biografía de fray Antonio:
“Para fin y remate de toda esta historia quiero decir la vida de fray Antonio de Villacastín, y sirva de clave en este edificio espiritual, pues dio principio y puso la postrera piedra de esta fábrica tan insigne. Vive ahora, y al punto que esto escribo le dejo ayudando a misa, y aunque de noventa años de edad, tiene tan claro y entero juicio, que pudiera comenzar otra tan grave fábrica como ésta. No se sufre alabar a nadie viviendo, por el peligro de la inconstancia humana; parece aquí no hay que temerlo, porque cuando la hubiese, más culpa sería de la edad que suya, pues le tiene ya muy acabado (aunque era sujeto fuerte) y consumida la vista, que es otra razón que da ánimo para escribir esto, pues no podrá leerlo”.

Villacastín, pequeña villa de la ciudad de Segovia, en agradecimiento a su más preclaro hijo, le rindió un homenaje el 2 de julio de 1944, colocándose la primera piedra del monumento que por acuerdo e iniciativa de la Federación Nacional de Aparejadores, Asociación General de Ayudantes de la Ingeniería y Arquitectura Civil del Estado se iba a levantar en memoria del lego jerónimo fray Antonio de Villacastín, Aparejador excelso y alma de la obra del Monasterio de El Escorial.

La villa de Villacastín, en el libro que se editó con motivo del homenaje a tan ilustre Aparejador, muestra su agradecimiento a fray José de Sigüenza por darnos tantos datos sobre su vida y obra, e incluyen la biografía que redactó el padre Sigüenza sobre fray Antonio.

Monumento a Fray José de Sigüenza en Villacastín.

El pasado día 7 de septiembre Villacastín vivió, un año más, una jornada de homenaje a quien fuera el alma constructora del Monasterio de El Escorial y, otro año más, se entregó el Premio Europa Fray Antonio de Villacastín, en reconocimiento del trabajo a las personas e instituciones que se dedican a la Conservación del Patrimonio. Este año se ha distinguido al Consejo General de Arquitectura Técnica de España. Y como todos los años, no falta en estos homenajes un recuerdo a fray José de Sigüenza, así dijo el Presidente del Consejo de Aparejadores, don Alfredo Sanz, refiriéndose a fray Antonio:

“…de una enorme personalidad a la par que una profunda humildad, como nos lo traslada su panegirista el también monje jerónimo y coetáneo Padre Sigüenza…”.

Si en Sigüenza tuviéramos un Premio Fray José de Sigüenza que se concediera a la persona o institución que más se hubiera destacado por promover la historia, arte y patrimonio de la ciudad, no faltarían candidatos, aunque creo que todos estaríamos de acuerdo que don Pedro Olea sería un dignísimo premiado.

Vida de San Jerónimo por fray José de Sigüenza.

XVI centenario del tránsito de san Jerónimo

El pasado mes de septiembre se iniciaron en el Monasterio de Santa María del Parral los actos conmemorativos de los 1600 años del fallecimiento de San Jerónimo, año 420, que culminarán el 30 de septiembre de 2020. A lo largo del año se sucederán conferencias, exposiciones, conciertos, lecturas bíblicas, etc.

Quien mejor ha relatado la biografía de San Jerónimo fue fray José de Sigüenza, en su primera obra publicada, año 1595, que forma parte de la Historia de la Orden de San Jerónimo, y que tituló Vida de San Jerónimo, Doctor Máximo de la Iglesia.

De esta obra, la última edición está fechada en el año 1853, editada en la Imprenta de la Esperanza de Madrid.

De ella, entre los numerosos elogios recibidos, citamos:

“Corre la narración como las dulces aguas de las corrientes serenas. Con singular maestría se entretejen los hechos con las meditaciones, las noticias literarias con las observaciones exegéticas, las ideas del orden contemplativo con las censuras de los adversarios…. Cada cita y cada hecho y cada reflexión parecen nacidas en su propio lugar, abrillantadas luego por la pulida forma literaria en que Sigüenza fue maestro incomparable. Así no es extraño que para muchos sea la obra principal del autor, por su fondo y por su forma, la mejor pensada y la escrita con mejor fortuna”. (Juan Catalina García)

“No es dejarnos llevar por el entusiasmo afirmar que <La Vida de San Gerónimo>, del Padre Sigüenza, es un monumento de la hagiografía española por su concepción, por su estructura, por su ritmo ideológico y por su alto valor literario. La figura de San Jerónimo, en la pluma de fray José, cobra vida ante nuestros ojos y adquiere las dimensiones de un verdadero gigante de la ciencia bíblica y de la santidad monástica dentro de la contextura de un cenobita de recia expresión y espíritu transfigurado”. (Lorenzo Rubio González)

En el año 2000 la Junta de Castilla y León rindió homenaje a fray José de Sigüenza con la reedición de los dos tomos de la Historia de la Orden de San Jerónimo, con la colaboración de Caja Duero, y un estudio preliminar del profesor F. Javier Campos y Fernández de Sevilla, O.S.A.
Sería lógico y de agradecer, principalmente por la ciudad de Sigüenza, que Castilla-La Mancha participara en la celebración de estos 1600 años del tránsito de San Jerónimo, y que mejor forma de celebrarlo que reeditar la Vida de San Jerónimo, con un prólogo o estudio de la persona que más sabe sobre fray José de Sigüenza y San Jerónimo, don Juan José Asenjo. De este modo tendríamos una edición actualizada de la magna obra de fray José de Sigüenza que publicó en vida.

No quisiera terminar estas palabras sin felicitar a todos la Navidad, que llama a nuestras puertas, y desear que el próximo año sea de felicidad y buenas noticias para Sigüenza.

Antonio Nicolás Ochaíta
Autor del libro “Vida y obra de Fray José de Sigüenza”, 2019

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