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Aula de música de adultos: cuando aprender no tiene edad

Es septiembre y la Escuela de Música está a punto de comenzar las clases. Los niños de Sigüenza y alrededores tendrán la oportunidad, como cada año, de aprender y disfrutar de los entresijos de la música como parte de su formación extraescolar. Y, para calentar motores, la Jornada de Puertas Abiertas, en la que los componentes de la Banda de Sigüenza recorren las calles y van comentando al pequeño grupo que les sigue las características de los diferentes instrumentos que tocan. Acercando la Banda a la gente e intentando animar a las personas a participar. Allí hay mayores y pequeños, y mucha alegría. Los tres trompetistas más jóvenes están arropados por otros músicos unos años más mayores, que no hace mucho también fueron como ellos. Su desparpajo y poca estatura llama la atención de los presentes. Son los pequeñines. Diferentes generaciones están representadas en la Banda y es como una pequeña familia. La Jornada de Puertas Abiertas toca a su fin frente al Sánchez y después del sorteo de una cena para dos, la directora, Elisa Gómez, anuncia el nuevo proyecto del Aula de Música para Adultos. A mis espaldas, los comentarios de personas que se van a apuntar a las clases de adultos se mezclan con las voces de otros muchos que salen del bar curiosos de ver qué pasa ante tanta gente reunida. Elisa anima a los allí presentes a formar parte de este nuevo proyecto que pretende atraer a nuevos integrantes a la Banda. Recojo el papel para la inscripción. La mujer que está junto a mí, me comenta que ella va a sacar tiempo para ir, porque aprender solfeo es una de sus tareas pendientes. La hora, me dice, se adapta muy bien para atender a su familia. Yo miro el papel, y me parece una muy buena idea. El solfeo es también mi asignatura pendiente. Y ahora se presenta la oportunidad. Oportunidad que he descartado ya hace unos días porque no sé si podré llevarla a cabo con tantas cosas que tengo entre manos: niños, casa, estudios, trabajo…. Pero, de vuelta a casa, lo voy pensando despacio. Sopesando los pros y los contras. Y cada vez, la idea de aprender solfeo y tocar un instrumento se me hace más real. Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si…. ¿Con qué instrumento te ves, mamá?, me pregunta una de las niñas, ¡Uy! ¡Pues no lo sé! Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si…. Bueno, quizás…. Y ese quizás me lleva a esa Banda, con esos pequeñines y esos otros jóvenes y aquellos más mayores. Y hay un lugar para mí, lo veo. Sí. Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si….Y de camino a casa, ya sé que la decisión está tomada.

La presentación tendrá lugar el próximo miércoles. Y cuando el miércoles llega, subo las escaleras del edificio, llego con la lengua fuera, y un poco tarde. Al entrar, la clase está llena. En medio del aula, Elisa, la directora. Se la ve contenta. Me pregunto si ella estará tan sorprendida como yo ante la imagen de ese aula tan llena. Me siento en una de las pocas sillas vacías que quedan. Mientras, intento coger el hilo de lo que la directora está contando. Sus palabras son de ánimo. Para el mes de marzo, ya hay que escoger instrumento. ¿Ya?, me pregunto. Y como si Elisa hubiera oído mi duda silenciosa, nos anima a trabajar y a ser diligentes con las clases. Podemos aprender solfeo y tocar un instrumento. Y formar parte de la Banda en un futuro. Pero tenemos que trabajar diariamente. Preparar nuestro cerebro para recibir la estructura matemática que es la música. Sus palabras nos dejan a todos una sensación muy agradable de posibilidad y nos reímos por los comentarios escépticos que aparecen como medio en broma. Recogemos nuestro material y esperamos con entusiasmo la clase del miércoles siguiente. Y allí estamos, puntuales, con nuestros poquitos de años, dispuestos a aprender y a ser diligentes, como ella nos ha pedido. Nuestras miradas fijas en la pizarra blanca con la clave de Sol dibujada. La copiamos lo mejor que podemos en nuestro pentagrama. Con un poco de práctica saldrá mejor. Y así, poco a poco, sabemos que llegaremos a marzo y elegiremos instrumento. Y, posiblemente, en la Jornada de Puertas Abiertas del curso que viene (o del siguiente), estaremos también allí, pero ya no observando, sino participando de esa gran familia que es la Banda.