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Sociedad

Pandemia y ficción sonora

Nunca he vivido algo parecido a lo que nos viene ocurriendo este año. Recuerdo un verano, hace ya mucho, que se aconsejó a la población seguntina vacunarse por un posible brote de cólera, y había una cierta preocupación y desasosiego ante la perspectiva de caer enfermo. Aquello pasó y nunca más se supo, tampoco la gente iba tapada ni sé de ningún caso que acabará mal pero fue muy alarmante.

La situación en la que estamos, viene primero de un severo confinamiento en marzo, no había mascarillas ni para los sanitarios, ni vacunación, “ni na de na”, al finalizar la reclusión llegó una explosión de júbilo, como si realmente hubiéramos vencido al bicho a la par que disfrutábamos del buen tiempo de verano con sus días tan largos y su luz; sin terminar agosto, volvimos a tener que tomar mayores precauciones y soportar las noticias centradas solo en el virus (erre que erre); de nuevo la repetitiva matraca de los políticos, y ahora rondamos de nuevo un encierro que  presenta un panorama muy desolador; la segunda ola viene fuerte y grupos de población se rebelan ante las directrices hoy en una dirección y mañana en la contraria. Pero yo estoy harto de que la vida gire en torno a un único tema de conversación, sea la noticia en los informativos y además no hagan más que mostrar una sensación de caos con tanto desacuerdo que en nada beneficia; si al menos viera un resquicio de convivencia más normal, donde se hable un poco de todo y las noticias no sean solo catastróficas, pero no.
En este desierto, por la cancelación de eventos culturales, se ha generado un vacío que me hace sentir al borde del abismo. No podemos ir al cine, ni a un concierto, ni a una conferencia, todo está parado, las medidas restrictivas nos acechan. Tampoco nos podemos tratar de forma normal, si te sientas con alguien a tomar un café o un vino debemos poner la máxima precaución, nos miramos cuando otros se aproximan, recelamos; sin querer nos engulle la caótica normativa y la proximidad del invierno. Y no, no pienso dejarme arrastrar, por mucho que me restrinjan los movimientos, me pidan que me aísle de los demás por el bien de todos, y me convierta en un ermitaño, voy a echar mano de todo aquello que sea evasión y dejarme ir hasta la vuelta a una normalidad que nunca será la misma. Cuando llegue ese día andaremos como náufragos, encontrando a otros que se agarraron como yo a cualquier cosa que flotara, pero ya no será igual, el tiempo no perdona y habrá pasado, aunque probablemente seguiremos vivos y con más ganas que nunca de iniciar, retomar, compartir, disfrutar, conocer, apreciar, amar, y todos esos verbos que configuran nuestras vidas con los demás.

Contra esa abstinencia, tengo la música y la lectura. Es un momento para ingeniárselas y vivir en la isla que es nuestro hogar y nuestras cosas. De manera que estoy casi preparado para el cierre de todas, o casi todas, las actividades que me vinculan con los demás. Como siempre, la radio me ofrece mucho de lo que necesito en estos momentos. Gracias a la tecnología actual me permito el lujo de escuchar cosas pasadas pero que las mantienen latentes para sintonizar en cualquier instante (podcast). Así me he topado con un programa que no conocía, se llama Ficción Sonora (rtve). Es como volver a mi infancia (yo me crié con la radio); escuchar un relato con todos los elementos sonoros necesarios para ambientarlo es como la música, puedes imaginarlo todo. Las grandes voces que reúnen para dar vida a los personajes son una delicia para los oídos y la imaginación, me  trasportan y conducen por los vericuetos de una realidad imaginada por otro. Es como, pongamos por caso, si quisiera ir al teatro y tuviera un montón de representaciones a elegir, pues esta, sí, ¡oh!, ¡qué delicia! He escuchado varias y son magníficas; “Magallanes, el viaje infinito”, “Alicia en el país de las maravillas”, etc.

El otro domingo escuche una  en directo, “El Monte de las ánimas” de Gustavo Adolfo Bécquer, justo a las 00:05, con la voz del gran actor Juan Echanove como narrador. Un relato estremecedor ambientado en Soria, donde este año (150 aniversario de la muerte de Gustavo Adolfo y Valeriano) no podrán salir por las calles con sus disfraces dentro del Festival de las Ánimas. Por suerte mantienen un calendario con otras actividades: Echanove lo volverá a narrar en vivo y en directo, habrá otras lecturas de relatos cortos de terror y fantasía, un homenaje poético-musical a los hermanos Bécquer, y  en el Palacio de la Audiencia se podrá escuchar el oratorio musical “Monte de las Ánimas y Rayo de Luna”, compuesta por Igor Escudero, pero al que no podremos acudir por el confinamiento perimetral de las comunidades.
Me pregunto que hubiera escrito Bécquer sobre la pandemia actual, lo mismo se inspiraba con la idea de ánimas con mascarilla y calabazas taladradas con luces de sirena a lo jalogüin. Hasta el año que viene.

https://www.festivaldelasanimas.com

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