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Los viajeros junto a un zigurat en Ur.

Esta reseña de nuestro maravilloso viaje a Irak la titulo de esta manera porque para mi ha sido un reencuentro con la cuna de la civilización, de la escritura, la cuna de la cultura y de las primeras ciudades. Desde que yo recuerdo siempre he querido conocer estos lugares. 

Las referencias en mi mente de los sumerios, de Babilonia, de Ur, del califato abasí de Bagdad me saltaban continuamente cada vez que pisaba su suelo. Siempre he querido visitar este país, y por fin nos llegó la oportunidad de poder hacerlo con Antonio Cano Montoro.

Desde hace pocos meses se puede viajar a Irak con cierta tranquilidad, aunque no a todas las zonas, también facilita mucho que el visado se pueda solicitar directamente en el aeropuerto al llegar a Bagdad, y además el trámite es sencillo y no lleva mucho tiempo, eso si, tiene un coste de 80 dólares.

Bagdad

La gente es muy cordial y amable, y todo el mundo quiere hacerse fotos contigo, incluso policías y militares, que en ocasiones tienes que llevar de escolta por según que sitios. En muchos restaurantes nos hacían videos y fotos como promoción, ya que eramos los primeros extranjeros que pisábamos sus negocios.

Río Tigris. Bagdad.

Muy poca gente conoce inglés u otros idiomas, no es fácil la comunicación. No vimos en el terreno ni en los edificios ningún signo de la cadena de guerras que ha padecido esta tierra y estas gentes. Pero si miles de referencias por todos los sitios, carreteras, pueblos, ciudades y cementerios de retratos de los mártires que murieron en esas guerras.

Mercado de Bagdad.

Desde la terrible guerra Irak-Iran, hasta las dos guerras del golfo, pasando por la rebelión a la invasión de Estados Unidos, la guerra civil posterior entre sunies y chiies, y la terrible experiencia del ascenso del Estado Islámico y su posterior derrota, todo ello produjo cientos de miles de víctimas mortales, que no creo que se les pueda olvidar por mucho tiempo. Uno de los dichos mas populares que oímos a los iraquíes es que con Sadam Hussein se vivía mejor, pero se moría peor.

Café en Bagdad.

La comida es sabrosa y muy abundante, además de económica, en los restaurantes siempre te ponen muchísima comida. Aunque pidas un plato, te ponen siempre aperitivos de acompañamiento, y mucho más pan del que te puedas comer. Es un signo de cortesía y de satisfacción para el anfitrión el dejar comida en todos los platos.

El primer día de llegada visitamos Bagdad, caminamos por el bazar de los artesanos, con cientos de de puestos de orfebrería, artesanía, ropa de todo tipo, mapas y de todo lo que puedas ir buscando. Maravilloso y muy colorido.

Madrasa en Bagdad.

Visitamos el mismo día la Madrasa Mustansiriyah, centro cultural de la época abasí, y una de las universidades mas antiguas del mundo. Posteriormente visitamos el Museo de Irak, centro arqueológico todavía en proceso de recuperación después de los saqueos producidos por la intervención norteamericana en Irak. La zona formó parte de la tierra de nadie y frente de guerra entre ellos y el ejercito iraquí. Muy cerca nos enseñaron la plaza donde se derribó la estatua de Sadam Hussein, retransmitido en directo para todas las televisiones del mundo, y donde también está situado el hotel Palestina, donde murió el periodista español José Couso. La visita al monumento a los caídos de la Guerra con Irán merece la pena, la silueta del monumento es maravillosa, y guarda en su interior numerosos elementos de los caídos, fotografías y una parte pequeña, aunque muy curiosa de los artilugios de tortura que usaba el régimen de Sadam contra sus enemigos.

Museo de Bagdad.

Al día siguiente realizamos una excursión a Samarra, a 130 kilómetros al norte de Bagdad. Esta ciudad fue capital del imperio abasida, y pudimos visitar uno de los monumentos mas importantes de la ciudad, la Gran Mezquita del siglo XI, con un precioso minarete todavía en pie con forma de espiral. Posteriormente visitamos en las afueras de la ciudad, y solo el exterior, un palacio abasí del siglo XV y restaurado en los años 80. El palacio tiene murallas de dos niveles, y un canal que hacía pasar el agua por su interior.

Palacio Al Mashud. Cerca de Samarra.
El autor con un soldado en Al-Mashud.

Desde que salimos de Bagdad, tuvimos varios controles policiales en carreteras, con solicitud de permisos para poder continuar, los pasaportes preparados, y también controles de milicias chiies. Estas milicias nos impidieron entrar al centro de Samarra. Reservamos por teléfono la comida en un conocido restaurante, pero, y según nuestro guía, el dueño era de confesión suní y por rivalidad religiosa, nos impidieron el paso.

Los viajeros ante el minarete de la mezquita de Samarra.

Ese mismo día volvimos a Bagdad, lo aprovechamos para pasear por la ciudad, visitamos zonas concurridas, cafés emblemáticos, y aprovechamos para dar una vuelta en barco por el rio Tigris, precioso. Para cenar fuimos a un barrio en que todas las calles eran restaurantes, con mucha luz, muy concurridos, con comida abundante y olores a cordero por todos lados.

Retratos de mártires de guerra por todos los lados.
Monumento a los mártires de la guerra contra Irán.

Al día siguiente visitamos a 85 kilómetros de la capital los restos arqueológicos de Babilonia, con restos de templos, palacios, torres y puertas de los recintos amurallados del interior y exterior de esta ciudad que fue capital de uno de los imperios mas poderosos de la antigüedad, con nombres de reyes como Hamurabi o Nabucodonosor. También se recuerda, en el momento que entras por sus puertas, los nombrados jardines colgantes de Babilonia, una de las siete maravillas del mundo antiguo. Parte de las murallas y la puerta de entrada, de un color azul intenso, están reconstruidos en la época de Sadam Hussein. Las verdaderas puertas de Babilonia están en el museo de Pérgamo, situado en Berlín. En todo caso se pueden ver en estas ruinas partes de relieves de leones alados originales, piedras y losas con inscripciones cuneiformes. El conjunto es maravilloso sobre todo si te acompaña un guía que te pueda explicar todo. Nosotros tuvimos la suerte de tener un guía local que lleva muchos años haciendo el recorrido, y, según el, fue detenido y torturado por el ejercito norteamericano por intentar defender las ruinas.

En Babilonia

Desde la misma Babilonia se puede ver a lo lejos, y sobre una colina artificial, uno de los palacios de Sadam Hussein. Ni que decir tiene que fuimos seguidamente a visitarlo. El palacio, situado también a orillas del Tigris es maravilloso, y en su día sería muy cómodo y lujoso. En la actualidad esta completamente saqueado y vandalizado, se pueden visitar los cuartos de baño, salones, dormitorios, pero esta todo destrozado, lleno de pintadas, y eso si, en la actualidad no se puede visitar el piso de arriba, porque lo impiden unas enormes alambradas.

Palacio de Sadam Hussein, cerca de Babilonia.

Esa misma tarde llegamos a Karbala, ciudad santa, donde están situados los santuarios del Imán Hussein y de su amigo Abbas. Estos dos santuarios, uno muy cerca del otro son muy parecidos y es centro de peregrinaje de todo el mundo chií. Ambas mezquitas santuarios están abiertas de forma permanente. Se pueden visitar sin ninguna restricción, incluso se pueden hacer fotos y videos en su interior. Miles de peregrinos, de todos el mundo chií, de muchos países y razas, con distintas vestimentas, sectas sufíes, personas en trance, misticismo y locura colectiva para poder tocar y rezar un momento en los mausoleos. Personas de todas las edades rezando. El espectáculo es maravilloso. Riqueza tanto en los adornos, con mucho oro y plata, como en la arquitectura, todo muy iluminado. Merece la pena estar ahí. Las mujeres y los hombres van en el interior por separado. Es duro para algunos porque las riadas de gente, empujones y pisotones hacen temer en cada momento alguna avalancha. Muchos peregrinos duermen y comen en los patios cercanos a las mezquitas.

 

 

Calle de Karbala.

Mezquitas y mausoleos del Imán Hussein y de su amigo Abbas en Karbala.

En la ciudad, y para las mujeres, es un poco dura la visita, ya que es completamente obligatorio el ir cubiertas todo el cuerpo y cabeza, que no deje ver nada de pelo, desde que sales de la habitación del hotel, en tiendas, restaurantes, en la calle.

Desde esta ciudad y al día siguiente salimos a visitar en primer lugar un magnifico palacio fortaleza abasida llamada Ukhaider, en muy buen estado de conservación y con una estructura de doble muralla sorprendente y curiosa. Seguidamente llegamos a Nayaf, ciudad santa y donde está situada la mezquita mausoleo del Iman Alí Ibn Abi Talib. yerno de Mahoma considerado por los chiíes como el primer Imán, y fundador de la escuela de pensamiento chií. Las aglomeraciones de gente, el fervor religioso lo inunda todo, la mezquita es preciosa, y por dentro podemos ver la suntuosidad y lujo de oros y sedas que engalanan la tumba. Se puede ver todo muy de cerca y es posible tomar fotos y videos, aunque si tardas un poco, los guardianes de la tumba, armados con plumeros verdes te pueden impedir el acceso de un plumerazo. Desde mi punto de vista esta visita es la mas significativa y preciosa de todo el país.

Mausoleo y mezquita de Alí, yerno de Mahoma, en Nayaf.

 

 

Muy cerca del mausoleo esta situado un gigantesco cementerio que recomendamos visitar por la cantidad de lápidas, inscripciones, retratos y carteles de la gente que yace allí. En muchos casos, y antes del entierro, llevan los ataúdes hasta la tumba del Imán, y luego lo transportan al cementerio, mucha gente quiere ser enterrada allí, para estar cerca de Alí. También visitamos otra mezquita, donde están enterrados los compañeros del profeta.

Al día siguiente salimos de Karbala para alcanzar Uruk a media mañana. Visitamos el yacimiento arqueológico donde se pueden identificar estructuras de palacios, tumbas etc. realizados en ladrillo cocido al sol hace mas de 5000 años en la que fue la urbe mas evolucionada de la civilización sumeria, aquí se desarrolló la escritura, la agricultura, y donde se elaboraron leyes para ordenar la convivencia entre los primeros habitantes de grandes ciudades.

Zigurat en Ur.

Seguidamente nos desplazamos a Ur, donde pudimos ver las inmensas ruinas de la ciudad, y en las que destaca un maravilloso Zigurat, muy bien conservado y parcialmente reconstruido, y en el que, según nos dijeron, hasta hace bien poco se podía subir por sus escaleras. En esta ocasión estaba cerrado. El Zigurat lo pudimos ver al anochecer, y en el momento que se ponía el sol cerca de el, la estampa tan preciosa, con su juego de luces y colores, nos hizo evocar la misma vista que tendrían los sumerios miles de años atrás. Ur se relaciona como el lugar de nacimiento de Abraham, citado en la Biblia como Ur de los Caldeos. (Génesis 11, 28-31).

Seguimos nuestro viaje hacia el sur para encontrarnos con el delta pantanoso y reserva natural de las Marismas de Mesopotamia, estos humedales en la confluencia de los rios Eufrates y Tigris son únicos en el mundo, donde apareció la cultura humana, la civilización, la agricultura. Esta enorme extensión de lagunas, canales, algunos construidos hace varios miles de años, y zonas inundadas de agua dulce alberga una población autóctona, con una cultura milenaria que viven de los recursos naturales, en casas flotantes, de la pesca y ganadería.

Marismas de Mesopotamia.

El humedal está bastante degradado, ya que actualmente tiene un 40 por ciento de extensión de lo que fue en los años 80. Todo debido al cambio climático, y a la acción del hombre. En los años 90, el dictador Sadam Hussein desecó muchas zonas para castigar a sus habitantes por rebelarse contra él.

Al llegar al humedal, lo primero que visitamos fue un monumento precioso construido en memoria de de los habitantes caídos en la época del dictador. Muy cerca de allí subimos a unas canoas con las que se atraviesa parte de una laguna, donde pudimos observar aves acuáticas, alta vegetación, algunas casas flotantes y búfalos de agua bañándose cerca de los asentamientos humanos. La temperatura a mediodía era de 45 grados. Hicimos una parada en la que pudimos comer las exquisitas percas recién pescadas.

Después de esa magnifica excursión nos dirigimos al punto donde confluyen ambos ríos Eufrates y Tigris, en el que la unión de ambos se llamará, hasta su desembocadura, el Chad el Arab. El lugar, en el que se puede observar el árbol del conocimiento, o árbol de Adán, en el paraíso terrenal, donde aparece un tronco viejo caído, es una zona destartalada y sin ningún interés. Se puede coger un barco para navegar en la confluencia de los dos ríos.

Basora.

Siguiendo el curso del rio, y al día siguiente, llegamos a Basora, segunda ciudad en número de habitantes de Irak, y primera ciudad económica. Ciudad moderna, en plena expansión, con mucho dinero que se ve en sus edificios y comercios, y sobre todo con mucha luz.

Mercado de Basora.

En esta calurosa ciudad pudimos ver los mercados tradicionales, que no son muy interesantes, y paseamos por la parte histórica de la antigua ciudad, donde se conservan algunos edificios de valor histórico. Una parte muy importante de esta zona está en proceso de reconstrucción, por parte de la Unesco, y por lo que pudimos ver, cuando esté terminado será un sitio precioso, con palacetes, canales y casas tradicionales.

Basora.

Esa misma tarde tomamos un ferry para pasear por el rio, y divisar la animación de ambas orillas, con el paseo, llamada La Corniche, lleno de puestos, atracciones, restaurantes y muy iluminado. Estando en esta ciudad no pude mas que evocar mis lecturas de juventud, en las que Agatha Christie situaba a esta ciudad en algunas de sus novelas, ella misma vivió allí una larga temporada.

Al día siguiente finalizaba nuestro viaje, y nos despedimos con nostalgia de estas tierras tan maravillosas, tan castigadas muchas veces, con gentes muy amables y generosas. Gentes que vivieron tiempos mejores pero con la esperanza en un futuro que puede, que tiene que ser mejor.