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Recuerdo Iglesia de Santiago

Navidades y recuerdos en la iglesia de Santiago

El pasado 22 de diciembre el Coro de la Universidad de Alcalá y el Coro de Sigüenza Universitaria nos felicitaron la Navidad con un magnífico Concierto de Villancicos en la iglesia de Santiago, especialmente emotivo por el debut del Coro seguntino con el Coro de la Universidad.
En el mismo acto, organizado por Sigüenza Universitaria y la Asociación de Amigos de la Iglesia de Santiago, se clausuraron los Cursos del Otoño Universitario, coordinados por Javier Bussons, con la entrega de diplomas a los 16 alumnos del Curso de Biodiversidad, dirigido por el Profesor Julio Álvarez y a los 17 alumnos del Curso de Coro y Técnica Vocal, con la Profesora Andrada Alpozan, que también ejerció de directora del Concierto de Navidad, finalizando con el Gaudeamus igitur.
Corría el año 1999, la Fundación Ciudad de Sigüenza, promotora de la recuperación de la Casa del Doncel, ya le había buscado una solución con la Universidad de Alcalá. A lo largo de este año, se llevaron a cabo todas las actuaciones previas al inicio de las obras, preparación de proyectos, financiación, licitación y otros trámites. En diciembre de 1998, la UNESCO concedió a la Universidad de Alcalá la declaración de Patrimonio de la Humanidad, por la recuperación de todos los edificios históricos de la antigua ciudad universitaria. En esos años el Rector, Manuel Gala y todo el equipo universitario estaban eufóricos por todo lo que habían conseguido y su promesa y compromiso con Sigüenza, esta vez, iba a ser una realidad.

Navidades y recuerdosEn uno de los viajes del Rector a Sigüenza, le invitamos a visitar la ruina en que se encontraba la iglesia de Santiago, ubicada enfrente del edificio adquirido por la Universidad para hacer la Hospedería Porta Coeli. Don Gerardo López, nos abrió la puerta y allí en la nave central, la cubierta era el cielo, la planta del suelo un jardín romántico, con piedras caídas, zarzas, árboles y pájaros, únicamente el ábside y la capilla mayor se había salvado de la ruina. El Rector, delegó en la Fundación, como ya lo estaba haciendo con la Casa del Doncel, para iniciar los trámites y los contactos con el Sr. Obispo, Don José Sánchez y el Cabildo.  En primer lugar, se presentó una pequeña memoria con un presupuesto para la recuperación, de unos 300 millones de pesetas, para realizarla en dos fases, que podrían ser financiadas por los Fondos FEDER, del mismo modo que se iban a financiar la Casa del Doncel y la Hospedería Porta Coeli. El objetivo de esta propuesta era una cesión de la iglesia a la Universidad para su restauración y utilizarla como Aula Magna o Aula polivalente.
Una vez presentado el presupuesto y el objetivo, el Sr. Obispo solicitó un borrador para llevar a cabo el Convenio de Cesión. La Universidad preparó el borrador y se envió a cada uno de los miembros del Cabildo, al Sr. Obispo y al Concejal de Patrimonio. Finalmente, ante la duda que les inspiraba la Universidad para llevar a cabo el proyecto, decidieron no aceptarlo.
Nos consta, que la iniciativa promovida desde la Fundación Ciudad de Sigüenza, y el interés de la Universidad para actuar en la iglesia de Santiago, no gustó, ya que después de más de 60 años del incendio y de la ruina más absoluta, no había ningún interés para actuar en la misma, ello suponía una inversión muy importante y no había ninguna necesidad para acometer estas obras.
En esos momentos, el Sr. Obispo se encontró en la disyuntiva de ceder la iglesia a la Universidad o iniciar, desde el Obispado, la recuperación de la misma. D. José Sánchez se comprometió en incluir Santiago en las actuaciones, que desde la Junta de Comunidades, se estaban realizando en las iglesias románicas de la provincia, para ello pidió colaboración a la Universidad. A los pocos meses, se entregó al Sr. Obispo, un proyecto de recuperación de la iglesia, realizado por dos alumnos del Master de Restauración y Rehabilitación del Patrimonio de la Universidad. Este paso fue definitivo para requerir de la Junta la actuación pertinente y la Comisión Mixta de la Junta de Comunidades-Iglesia Católica incluyó en sus prioridades la rehabilitación de la iglesia de Santiago.
Se encargó el proyecto a la Arquitecta Pilar Hierro, y en el año 2002 comenzó la primera fase de las obras, que comprendía el desescombrado y limpieza del edificio y recuperación de la cubierta con una inversión superior a los 60 millones de pesetas. A los dos años, se ejecutó la segunda fase con la restauración de la fachada. Posteriormente, la iglesia fue incluida para continuar con su restauración en el Plan de Recuperación del Románico Marca Media, que ejecutaba la Fundación Santa María la Real. Se intervinieron en varias iglesias del románico rural de la provincia, pero con la llegada de la crisis, falló la financiación por parte de la Junta y no se llegó hacer ninguna intervención en la iglesia de Santiago.
Esta explicación, de forma resumida, es necesaria para comprender el proceso por el cual la iglesia se encuentra en la situación actual, y creemos que sería conveniente haberlo indicado en el díptico informativo que se ha preparado con la historia del edificio, ya que esta gestión fue fundamental, también es la historia del edificio en el siglo XXI, y sin ella, hoy no se hubiese podido abrir la iglesia.
Por otra parte, ha sido muy oportuno y valiente, que el Ayuntamiento a través de la Concejalía de Urbanismo y Patrimonio, haya llegado a un acuerdo con la firma un Convenio con el Cabildo para la cesión de la iglesia. Se han realizado trabajos de limpieza y de una adecuación básica para poder realizar actividades culturales, y finalmente la creación de la Asociación de Amigos de la Iglesia de Santiago, para continuar con el proceso de recuperación y ubicar en un futuro un Centro de Interpretación del Románico.
Los sueños para la iglesia de Santiago, eran una realidad la noche del día 22 de diciembre del 2012, la iglesia abierta, el Coro de la Universidad, el coro de Sigüenza Universitaria, la clausura de los Cursos de Otoño, los alumnos, etc. Por todo ello y para que no caiga en el olvido, dedicamos un recuerdo y agradecimiento especial, primero a Don Gerardo López que abrió la puerta, a Don Manuel Gala, Rector de la Universidad de Alcalá, que creyó en el proyecto, y al Obispo Don José Sánchez porque, al final, cumplió su palabra. A partir de ahora, los mejores deseos para la Asociación de Amigos de la Iglesia de Santiago. “Alegrémonos pues…”

Gloria de las Heras
Fundación Ciudad de Sigüenza

Distintos escenarios y distintas miradas


La marca Sigüenza y el escaparate
Tengo delante de mí una vista panorámica de la catedral, una foto aérea realizada por Antonio López Negredo en la que también pueden verse los edificios y los patios vacíos de los Padres Josefinos y las Hermanas Ursulinas. Como cada año por estas fechas (gracias Pilar, gracias Tomás), acabo de colocar el calendario de la Fundación Martínez Gómez-Gordo en mi despacho, encima de la pantalla del ordenador, como testimonio de la belleza y del encanto de esta ciudad. Y también, por qué no decirlo, para dar envidia a más de un compañero.

marca siguenzaA medida que vaya pasando páginas, mes a mes, tendré delante de mis ojos algunos de los monumentos y rincones más bellos de Sigüenza. Las murallas iluminadas del Castillo, el Arco del Portal Mayor visto desde la calle del mismo nombre, aunque popularmente conocida como  “Rompeculos”, el rosetón de la fachada principal de la catedral enclavado entre las dos torres almenadas, una vista del final de la calle Mayor, con las parras que la cruzan a la altura de la Taberna Seguntina o la fuente de la Alameda en primavera, con el surtidor de agua en plena actividad como primer plano y con la calle Medina y la catedral al fondo.
El mes de junio se abre – en el calendario, se entiende – con el polvorín de piedra rojiza que parece vigilar el Oasis y la parte posterior del castillo. El boquete que se abre en la pared de este sólido, aunque ya deteriorado torreón, rodeado por las hierbas secas del verano, ya solo sirve para constatar la realidad de las viejas historias de buenos y malos que escuchábamos a los mayores junto a la chopera de la Fuente Picardas.
En este recorrido visual, magníficamente retratado por Antonio López Negredo con alguna de sus viejas cámaras Leica, te puedes encontrar la Fuente Nueva, en su ubicación antigua, en la cuesta de los hoteles, que va a dar a la actual urbanización de las Malvinas. Es la misma fuente, pero conserva intactas las escaleras de piedra y los poyos en los que se sentaban las señoras mientras se llenaba el cubo o el cántaro de agua.
La Alameda en fiestas es la foto que ilustra, como no podía ser de otra manera, el mes de agosto. Los dos gigantes bailan y los pliegues de sus ropajes se mueven delante de una charanga, camino de la Ermita del Humilladero. Cada foto te produce distintas sensaciones, te trae recuerdos, unos más próximos y otros más lejanos.
Los fuegos artificiales que iluminan aún más la catedral y el castillo, la sobriedad y la elegancia de la fachada principal del antiguo colegio de los Josefinos, en el callejón de los Infantes, o la Plaza Mayor desierta con el Ayuntamiento al fondo y el empedrado brillando bajo los focos van pasando ante tus ojos como si fueran las secuencias de una película muchas veces visionada, pero donde los escenarios te siguen pareciendo increíbles.
He disfrutado viendo las fotos de Antonio López  Negredo, aunque  solo sean una pequeña muestra de su archivo, y he reflexionado sobre ellas en esta difícil cuesta de enero. Aunque aquí estamos bastante acostumbrados a remontar pendientes que superan muchas veces el 15% de desnivel – la calle Rompeculos puede ser un ejemplo -, necesitamos coger aire en plena subida. Necesitamos el oxígeno que nos llega de fuera. Sigüenza es demasiado importante como para que tenga que conformarse con una economía de supervivencia.
Cada vez que se habla de vender la “marca España”, como un reto pendiente en nuestra ya larga historia, me asalta la duda de si nosotros estamos sabiendo vender bien nuestra marca de referencia, nuestra “marca Sigüenza”. En una palabra, si estamos dando las mayores facilidades del  mundo para que la ciudad sea destino prioritario para el turismo. Está claro que tenemos los mejores mimbres para armar la cesta, porque nos los ha dado la historia, pero quizás nos falta explotar al máximo las nuevas vías de comunicación, buscar nuevos horizontes, nuevos mercados, que apoyen la promoción que cada uno hacemos en los círculos donde nos movemos.
Tenemos que reforzar la “marca Sigüenza”, como diría Don Daniel,   abriendo  caminos. Y, sobre todo, sin cerrar puertas. No se puede seguir culpando a la crisis económica de las decisiones que van en detrimento de esta promoción turística tan necesaria para el futuro de esta tierra. Para vender Sigüenza – en el sentido figurado de la palabra – hay que ponerla en el escaparate, con una buena iluminación y exhibiendo sus atractivos, que son muchos.
Durante las pasadas Navidades, con las torres de la catedral casi ocultas por la niebla, en la agradable soledad de los caminos que conducen al pinar, me he preguntado por la cantidad de razones que justifican la promoción a todos los niveles de la “marca Sigüenza”. Y les aseguro que son innumerables.
Cada día me encuentro con alguna nueva al levantar la cabeza de la pantalla y recorrer con la mirada las maravillosas fotos de López Negredo.

Javier del Castillo

Obsolescencia programada

Consideremos por un momento una bombilla eléctrica de las normales (si se prefiere de las antiguas), llamadas incandescentes. Fueron inventadas por Edison, en una versión que disfrutaba de una vida útil de unas 1.500 horas de funcionamiento. Esta cifra se aumentó, gracias a una investigación profunda, llegando como media a cifras superiores a 2.500 horas.

En este momento empezó a funcionar el sindicato de fabricantes de bombillas, que planteó a sus socios la conveniencia de reducir la vida de sus creaciones, para aumentar las ventas, poder iniciar fabricaciones en cadena más mecanizadas (con ahorro por tanto de mano de obra), con el resultado final de ganar más dinero.

El acuerdo debió llevarse a cabo ya que en estos momentos la vida media que se atribuye a una lámpara incandescente es de 1.000 horas; desde principios del siglo pasado, fecha de los acuerdos de los que se habla, hasta el principio de este siglo la tecnología ha mejorado, las técnicas de fabricación han avanzado de manera impensable para nuestros abuelos, y se han aplicado, en este caso, para controlar en negativo la duración de un producto.

Consecuencia de ello han sido los millones de toneladas de residuos en vidrios, casquillos, filamento, … que han ido a parar a los vertederos, privando a la humanidad de cobre, tunsteno, … en igual medida. Además, las personas han perdido dinero.

El vender productos conscientemente deficientes es una estafa; un crimen, dada la cuantía económica, que ningún Estado ha perseguido. ¿Cómo es posible que un crimen de este estilo se deje ipune? ¿Tiene explicación que se persiga a un carterista y se ampare a esta mafia?

Si, tienen explicación acciones de este tipo. Por una parte no se puede abandonar la idea de que la autoridad sea comprada, cuestión que está de moda; las mordidas, los untos, sobornos, son panes nuestros cotidianos. Pero en este caso existen razones más poderosas para permitir el tipo de acciones que se comentan y merece la pena airearlas.

Las bases de este sistema son las empresas que mueven dinero; si una empresa se hace con unas pocas pesetas de cada persona tendrá los millones necesarios para fundar nuevas empresas que den trabajo, que emitan acciones, que compren aviones para sus ejecutivos, y que puedan mantener este estado de cosas. Se han prohibido las lámparas incandescentes; en este momento se actúa en impresoras, ordenadores, en electrodomésticos, …

La verdad es que este sistema vive de la estafa, del robo de particulares. Este sistema está íntimamente relacionado con el crimen; si defendemos el sistema defendemos el crimen.

¿Cuál es la salida?

Una criatura necesaria y deseada

Una criatura necesaria y deseada

A la gente le gusta que haya gente que le cuente historias que le pasan a la gente. Y si esto no fuera así, los periodistas tendríamos que dedicarnos a otra cosa. También es cierto que muchos ya se dedican a otra cosa, pero no porque esa premisa haya dejado de ser válida, sino porque la crisis económica se está llevando por delante el viejo oficio de contar historias a través de los periódicos y revistas.

Corren malos tiempos para los medios de comunicación, especialmente para la prensa escrita. Cada día se cierran puertas y ventanas a la libertad de expresión y al derecho de los ciudadanos a estar informados. Son ya muy numerosos los amigos y compañeros que no pueden asomarse cada día a las páginas de importantes periódicos nacionales para explicar algunas de las cosas que están pasando. Y del panorama de la prensa regional o provincial ni hablamos.

Hace algunas semanas, mientras me tomaba una cerveza en el Bar Kentia, una persona me contaba alarmada la ausencia de información sobre la tragedia ocurrida en la Estación de Ferrocarril unos días antes. Se lamentaba de que las circunstancias en las que se produjo la muerte de una buena señora pasaron prácticamente inadvertidas en los medios de comunicación. Se quejaba de que no hubiera nadie dispuesto a denunciar lo que supuestamente era una muerte anunciada, por la falta de medidas de seguridad en el lugar de los hechos. Como si todo hubiera sido un mal sueño. ¿Dónde están los periodistas de Guadalajara que no cuentan y denuncian este tipo de cosas?.

Pues la mayoría de ellos, querido amigo, están en el paro. Y los que no están en el paro trabajan de forma precaria, rellenando páginas con las notas de prensa que les remiten los gabinetes de comunicación de organismos públicos, partidos políticos, instituciones y empresas. Es triste reconocerlo, pero es así. A esta escasez de recursos humanos hay que añadir la ausencia de compromiso por parte de los propietarios de las diferentes cabeceras, más preocupados por la cuenta de resultados que por denunciar los atropellos – nunca mejor dicho – de los derechos ciudadanos o las corruptelas de los poderosos. La transparencia en estos momentos es un bien escaso y el papel de la prensa en nuestra democracia va camino de convertirse en papel mojado.

Podría seguir enumerando algunos de los problemas actuales de los medios de comunicación, reflexionar sobre las ventajas e inconvenientes de Internet y de las redes sociales o contarles algunas experiencias propias sobre los riesgos que entraña el ejercicio valiente y responsable de esta profesión, pero prefiero dejarlo para otra ocasión.

Ahora lo importante es celebrar el nacimiento de esta nueva criatura informativa y hacerlo con la ilusión y la esperanza de que cumpla el objetivo de cualquier medio de comunicación que se precie: enriquecer el pluralismo, informar con rigor y honestidad de lo que pasa y colaborar en todo aquello que pueda servir para mejorar Sigüenza y las condiciones de sus habitantes.

Sin una prensa libre, no hay auténtica democracia. El poder, incluso para evitar cualquier tipo de tentaciones, necesita transparencia y vigilancia. La desconfianza sobre la clase dirigente es tan grande en estos momentos que su regeneración no va a ser posible sin medios de comunicación que expliquen las actuaciones que alcaldes, concejales o diputados estén llevando a cabo. Está demostrado que la información contrastada es la mejor medicina contra el mal uso del poder delegado en ellos por los ciudadanos.

“La Plazuela” – aunque yo sea más de “La Corrala” por razones familiares – se merece, antes que nada, un voto de confianza. En los últimos seis meses de sequía informativa, tras el cierre de “El Afilador”, me he encontrado con bastantes seguntinos que lo echaban de menos y que lo lamentaban. La gente tiene derecho a estar informada y la gente quiere saber, que diría Mercedes Milá, lo que pasa en su ciudad. Confrontar opiniones y conocer también las inquietudes de sus habitantes.

Tenemos una ciudad que impresiona al visitante. Una ciudad que merece estar en el escaparate. No hay motivos para escondernos, sino todo lo contrario. Es hora de abrir puertas y ventanas

Como esta que se acaba de abrir ahora y a la que espero asomarme de vez en cuando.

Javier del Castillo

 

De plazas y plazuelas

De plazas y plazuelas

Muchos son los significados que, los entendidos de la lengua, atribuyen a la palabra plaza. Al margen de todos ellos, lugar donde confluyen varias calles, espacio ancho,… pasamos a la palabra plazuela. Poco nos dice la RAE de esta singular palabra que a muchos de nosotros nos dice algo. Bien es verdad que por nuestra forma de usar y entender el lenguaje, plazuela evoca en nuestro entender una plaza más pequeña similar a algunas de las plazuelas a las que todos llamamos, la primera en el ranking, “la plazuela de la cárcel” de nuestra ciudad de Sigüenza.
Pero mirando más allá de los significados tanto una como otra palabra significan mucho para la vida social de las personas. En ellas, en las plazas o plazuelas, se ha articulado y desarrollado todo el tejido del entramado social de nuestras culturas. En ellas han tenido lugar muchas cosas importantes para la vida de las personas que les han ido marcando y configurando: el mercado, las tomas de posesión, los pregones, las noticias,…
En definitiva, la plazuela, es para todos el lugar de la comunicación. Es el lugar donde todo el mundo acudía con necesidad de emitir un mensaje y con necesidad de recibir ese mensaje. Unas veces para bien, otras para mal, pero en la plazuela, se fomentaba la comunicación. Una comunicación no exenta de muchos parásitos comunicativos: los ruidos, los malentendidos, los fanatismos e imposiciones,… pero aun con todo, en la plazuela, te comunicabas.
Pero no podemos permitirnos hablar en pasado. No. Y menos ahora. Ahora que arrancan estas nuevas páginas que, a imagen de la plazuela física de nuestras poblaciones y ciudades, pretende comunicar. Pretende emitir mensajes que brotan de una serie de emisores, y ojalá sean muchos y variopintos, que desde su realidad concreta e individual, quieren trasmitir un mensaje a todos aquellos receptores que lean sus páginas. Receptores que no están exentos de su circunstancia personal que les hará recibir los mensajes de una forma determinada.
Ante esto podemos pensar que, entonces, la comunicación es algo difícil y complicado, y sí, lo es. No todo el mundo sabe expresar lo que quiere comunicar y a su vez, no todos saben recibir el mensaje en su más pura neutralidad. Pero a pesar de esto, la comunicación es lo más hermoso que puede hacer el hombre ya que es el único ser que se abre a los demás y así se construye como persona. La capacidad comunicativa del ser humano es libre, espontánea, rica, original,… en comparación a la comunicación animal que sólo responde a un esquema finito de situaciones.
Y quizá esta grandeza humana es la que pretende plasmar, número a número, estas páginas que desde ahora comienzan a ser familiares a nosotros. Páginas que serán ricas en mensajes, páginas que llegarán a todos sus lectores y que estos cribarán, corregirán, malinterpretarán, ampliarán, trasmitirán, (y mil cosas más) sus mensajes.
Así, este medio, no sólo llevará el nombre de La Plazuela sino que hará de plazuela para todos nosotros. Así este medio quiere tomar parte en el arte de la comunicación. Así este medio fomentará el arte del “buen decir”. Así, este medio, sólo medio, facilitará la comunicación sobre muchas y variadas cosas, pero ante todo, eso, facilitará la comunicación.
Y muchos son los emisores y uno queda admirado de ver a cual de mejor valía. Y ante esto, queda agradecido, de que en La Plazuela también quepa yo. Como uno más que, más peor que mejor, sólo quiero comunicar.

Julio Arjona