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Las conferencias de Juan Antonio García, Carlos Pulido y Alfonso José López, junto a las visitas a escenarios del frente y el estreno del mediometraje La Plaza Vacía, confirmaron el creciente interés por una iniciativa que sigue aportando nuevas miradas sobre uno de los episodios más trascendentales del siglo XX en la villa.

Hay historias que parecen definitivamente escritas y, sin embargo, siguen creciendo con el paso del tiempo. A veces reaparecen en una vieja fotografía olvidada en un archivo, en el diario de un soldado conservado durante décadas por una familia o en una sencilla anotación sobre el precio de una cerveza, una entrada de cine o el arreglo de unos pantalones. Esa certeza, la de que la historia sigue revelando nuevas voces y matices, estuvo muy presente en las III Jornadas sobre la Guerra Civil celebradas en Cogolludo, una cita organizada por la Sociedad de Amigos de Cogolludo (SADECO), con la colaboración de la Asociación Histórica Frente de Guadalajara, el Ayuntamiento de Cogolludo y Guiarte Guadalajara, que volvió a reunir a investigadores, vecinos y aficionados a la historia en torno a un pasado que continúa muy presente en la memoria colectiva de la villa.

Juan Antonio García.

La tercera edición confirmó además el creciente interés que despierta esta iniciativa, ya con vocación nacional. El Salón de Plenos del Ayuntamiento registró una gran asistencia durante la jornada de conferencias y las actividades programadas volvieron a demostrar que la Guerra Civil sigue siendo un campo de estudio vivo, en el que todavía aparecen documentos capaces de completar la historia y, sobre todo, de acercarla a las personas. Así lo destacó César Pérez, presidente de SADECO y principal impulsor de las jornadas, quien recordó la evolución de una iniciativa que comenzó hace apenas tres años con una sencilla conferencia y que ha ido creciendo hasta incorporar nuevas investigaciones, visitas al frente y propuestas audiovisuales. Pero, más allá del éxito de participación, Pérez insistió en algo que considera esencial. "Todos los años van surgiendo documentos nuevos que nos aportan más información sobre la guerra aquí en Cogolludo y con ese ánimo seguimos", afirmó.

No se trata de una frase hecha. En los últimos meses han aparecido dos nuevos diarios de soldados que se suman a otros testimonios ya conocidos. Gracias a ellos, hoy es posible reconstruir episodios concretos desde ambos bandos y comparar cómo una misma batalla o una misma escaramuza fue vivida y relatada por quienes se encontraban en lados opuestos del frente. Pérez se detuvo especialmente en uno de esos descubrimientos recientes, el cuaderno de cuentas de un oficial destinado en la comarca entre 1938 y 1939. En sus páginas anotaba con minuciosidad todos sus gastos, desde el precio de una cerveza o un paquete de tabaco hasta el coste de arreglarse la ropa, desplazarse en taxi o ir al cine durante alguno de sus viajes. "Nos está permitiendo descubrirlo todo sobre su vida cotidiana. Es un documento fantástico", explicaba, subrayando el valor que tienen estas pequeñas historias para comprender cómo era la vida durante la guerra.

Ese interés por la dimensión humana del conflicto estuvo también presente en la visita nocturna guiada por el propio César Pérez, uno de los momentos más esperados de las jornadas. El recorrido comenzó en la Plaza Mayor, escenario de desfiles, actos públicos y celebraciones religiosas durante aquellos años. Continuó por la Plazuela, antiguo centro comercial de la villa, donde algunas tiendas permanecieron abiertas durante la contienda y cuyas fachadas todavía pueden reconocerse en fotografías tomadas por los propios soldados. La visita se detuvo después en la iglesia de San Pedro, utilizada por las tropas republicanas como cuartel y centro logístico, un edificio que aún conserva las cicatrices de la guerra, desde impactos de bala hasta las huellas de los bombardeos que sufrió el municipio. El itinerario prosiguió por el barrio del Trabuquete, donde fotografías aéreas alemanas permiten identificar manzanas enteras desaparecidas durante la contienda, y por la conocida como Casa de los Alemanes, utilizada por el personal encargado de las telecomunicaciones militares. El recorrido concluyó en la Fuente Abajo, lugar en el que las tropas nacionales se detuvieron antes de entrar en Cogolludo el 11 de marzo de 1937, una escena inmortalizada por el fotógrafo Sebastián Taberna y que hoy sigue ayudando a reconstruir uno de los episodios más trascendentales de la historia local.

Iglesia de Cogolludo.

Los cielos de Guadalajara y la historia de quienes los surcaron

La primera conferencia de las jornadas corrió a cargo del investigador azudense Juan Antonio García, que trasladó a los asistentes a los meses decisivos de febrero y marzo de 1937, cuando las batallas del Jarama y de Guadalajara convirtieron los cielos de la provincia en un escenario estratégico de la Guerra Civil. A través de la historia de la Escuadrilla Lacalle y del aeródromo republicano de Azuqueca, conocido como Campo X, García reconstruyó el papel desempeñado por los cazas Polikarpov I-15, los célebres "Chatos", y por los hombres que los pilotaron. "Entre los días 12 y 20 de marzo de 1937, en los cielos de Guadalajara hubo una verdadera batalla aérea", afirmó, recordando que la victoria republicana en el aire fue determinante para frenar la ofensiva sobre Madrid.

Pero la conferencia fue mucho más allá de la estrategia militar. Juan Antonio García recuperó las historias personales de algunos de aquellos aviadores. Habló del mercenario norteamericano Frank Tinker, a quien la República pagaba 1.500 dólares al mes, cuyas memorias constituyen hoy una fuente imprescindible para conocer aquellos acontecimientos, y recordó la historia de Ramón Castañeda, piloto republicano que se enamoró en Azuqueca de Elisa Gallego, una joven del municipio con la que terminaría formando una familia. Gracias a la documentación conservada por su hija -esencial y emotiva fuente documental para García-, hoy puede reconstruirse aquella relación nacida en mitad de la guerra, una de tantas vidas marcadas por el conflicto. García recordó además que Cogolludo no fue un escenario secundario. "Cogolludo fue claramente objetivo de la aviación republicana. Fue bombardeado en varias ocasiones y fue objetivo de la Escuadrilla Lacalle", señaló, situando a la villa serrana dentro del gran relato de la Batalla de Guadalajara.

Palacio de Medinaceli.

El Katiuska de Membrillera y la búsqueda de una historia que aún no ha terminado

La segunda conferencia trasladó a los asistentes al verano de 1937. Carlos Pulido reconstruyó el derribo de un bombardero Tupolev SB-2, conocido popularmente como Katiuska, en las proximidades de Membrillera. Sin embargo, su intervención acabó convirtiéndose también en la historia de una búsqueda personal. "Soy un ratón de archivo y de biblioteca, pero sobre todo me gusta salir al monte a buscar aviones. Hay gente que sale a buscar setas o fósiles. Yo salgo a buscar aviones", explicó con una sonrisa.

Durante años, Pulido ha rastreado la historia de aquel aparato a través de fotografías históricas, documentación militar y numerosas salidas al campo. El camuflaje del fuselaje, explicó, ha sido una de las claves para seguir su pista, porque "la pintura del avión era como una huella dactilar. Cada avión era diferente". Gracias a ese trabajo ha podido reconstruir buena parte de la historia del Katiuska después del derribo y acotar la zona en la que terminó cayendo.

La investigación le ha permitido también arrojar nueva luz sobre la tripulación del bombardero. Durante años se creyó que el ametrallador fallecido en el derribo era otra persona, pero nuevos documentos han permitido identificarlo correctamente. Se trataba de Roger Ricard, un brigadista internacional francés de 24 años, que murió en el combate y fue enterrado en Jadraque. Fue el único miembro de la tripulación que perdió la vida, mientras que el piloto y el observador sobrevivieron y fueron hechos prisioneros.

Pulido explicó que aún quedan incógnitas por resolver y dejó entrever que la investigación continúa abierta. "A ver si el año que viene les podemos dar alguna noticia más sobre el tema", afirmó, despertando la expectación del público, en alusión a la posible ubicación del lugar donde cayó.

El katiuska de Membrillera.

La humanidad de la guerra escrita en las paredes

La última ponencia estuvo protagonizada por Alfonso José López y su libro Mientras aún había tiempo, una investigación dedicada a los grafitis y grabados realizados por soldados republicanos y sublevados en la provincia de Guadalajara. Su mirada se apartó deliberadamente de las grandes operaciones militares para fijarse en las personas. "Hay que saber buscarla, y en la guerra también hubo humanidad", afirmó al comienzo de su intervención.

A partir de dibujos encontrados en búnkeres, trincheras, casamatas y edificios utilizados durante la contienda, López mostró cómo los combatientes expresaban el miedo, la nostalgia, la fe o la esperanza de regresar a casa. Uno de los ejemplos más conmovedores fue el dibujo realizado por un soldado republicano en un búnker situado entre Humanes y Torre del Burgo. Había dibujado su casa. El investigador confesó que siempre imagina a aquel muchacho entrando cada día al refugio, deteniéndose unos segundos ante aquel dibujo y esperando que la guerra terminara para poder regresar. También habló del soldado gallego que llenó una pared de gallinas porque le recordaban a su hogar, o del joven alicantino que grabó con la bayoneta el rostro de la mujer a la que echaba de menos.

Grafiti de Mussolini en Sigüenza,

Pero la conferencia fue también una llamada a la conservación del patrimonio. De los 68 registros documentados en su investigación, 23 han desaparecido para siempre en los últimos cinco años. Por ello defendió la necesidad de preservar estas huellas sin distinción de ideologías, porque, como recordó al concluir su intervención, "estamos hablando de personas, estamos hablando de hombres, de un bando o de otro, me da lo mismo".

Las jornadas se completaron con una nueva visita al Monte Trapero, uno de los escenarios más representativos del frente de Guadalajara, donde los participantes pudieron conocer sobre el terreno la evolución de los combates y la importancia estratégica de este enclave durante la guerra.

El recorrido comenzó en los Altos del Trapero, en el camino que une Jócar con Romerosa. Allí, el coronel José Romero ofreció una explicación sobre la disposición de fuerzas en el verano de 1937. Frente a frente se encontraban la 90 Brigada Mixta republicana, inicialmente al mando de Víctor Lacalle y posteriormente del italiano Nanetti, y las tropas nacionales de la Segunda Brigada de la División Soria, dirigidas por el coronel Marzo, con cerca de diez mil hombres desplegados entre el río Sorbe y la carretera Nacional, enlazando ya con las unidades italianas del CTV.

Junto a las trincheras tomó la palabra César Pérez, quien reconstruyó el ataque nocturno del 26 de agosto de 1937. Las fuerzas nacionales, reforzadas por unidades llegadas desde Jadraque y Sigüenza, integradas por requetés y falangistas y apoyadas por la caballería de Pita da Veiga, lanzaron una ofensiva por ambos flancos contra las posiciones republicanas. El combate dejó numerosas bajas. Los partes oficiales nacionales hablaban de seis muertos y unos cuarenta heridos en sus filas, mientras que las pérdidas republicanas pudieron situarse entre cincuenta y setenta combatientes, algunos de ellos enterrados en una fosa común en el propio monte.

Carlos Pulido.

Los asistentes conocieron también el destino de los caídos nacionales, enterrados en el cementerio de Jócar, único vestigio del pueblo abandonado en la década de los setenta. Pero quizá el momento más emotivo de la visita llegó con la lectura de una carta escrita por un joven soldado mallorquín destinado en el frente de Cogolludo.

Natural de Inca y trabajador antes de la guerra en una fábrica de calzado de la familia Melis, aquel soldado relataba cómo, llegada la noche, el silencio borraba durante unas horas la distancia entre ambos ejércitos. Apenas trescientos metros separaban las trincheras nacionales de las republicanas y los soldados comenzaban a hablarse unos a otros. Intercambiaban noticias, comentaban corridas de toros o partidos de fútbol y compartían canciones. Un trompetista del lado nacional interpretaba pasodobles que eran respondidos con aplausos y olés desde las posiciones republicanas. En el otro lado, un soldado cantaba fandanguillos que también recibían la ovación de sus adversarios.

"Por la noche casi nos hacíamos amigos, pero cuando amanecía volvíamos a dispararnos", escribió aquel soldado, en una frase que resume con extraordinaria sencillez la contradicción humana de una guerra en la que muchos jóvenes combatieron porque las circunstancias les habían llevado hasta allí.

La visita terminó con una explicación del coronel Romero sobre los últimos días del conflicto en la comarca. Explicó cómo, durante marzo de 1939, las posiciones republicanas fueron abandonándose progresivamente en la zona de Beleña, Torrebeleña, Aleas y Montarrón, mientras las armas eran entregadas y apiladas junto a la antigua caseta de camineros del cruce de Beleña. El 28 de marzo, dos días antes del último parte de guerra, el frente quedó definitivamente roto y las tropas nacionales avanzaron sin oposición hacia Guadalajara, poniendo fin a casi tres años de enfrentamientos.

La clausura llegó en el Palacio de los Duques de Medinaceli con el estreno del mediometraje La Plaza Vacía, dirigido por Javier Freixo y rodado parcialmente en Guadalajara. La expectación fue máxima. Las 140 sillas preparadas por la organización resultaron insuficientes para una proyección que llenó por completo el salón del palacio, transformado para la ocasión con una cuidada iluminación, luces LED integradas en el espacio y una puesta en escena que aportó al acto un ambiente especialmente cinematográfico.

La velada comenzó con una pieza audiovisual que combinaba imágenes reales de la Guerra Civil con escenas del rodaje, un prólogo que sirvió para enlazar la memoria histórica con el trabajo desarrollado por el equipo de la película. A continuación se proyectó el mediometraje y, posteriormente, tuvo lugar un coloquio en el que participaron Javier Freixo, la productora y los tres actores protagonistas, quienes compartieron con el público detalles del rodaje, las dificultades de la producción y sus impresiones sobre una obra estrechamente vinculada a la memoria y al territorio.

El público pudo conocer además algunos de los entresijos del proyecto gracias a la proyección de un breve making of, con imágenes inéditas del proceso de grabación y de los días de trabajo desarrollados en Cogolludo y otros escenarios de la provincia.

En la recta final del acto, Javier Freixo quiso agradecer públicamente la colaboración de todas las personas que habían hecho posible la película, así como el apoyo recibido por parte del Ayuntamiento de Cogolludo, que facilitó el uso del Palacio de los Duques de Medinaceli y colaboró durante las jornadas de rodaje celebradas en la localidad.

Con esta tercera edición, las Jornadas sobre la Guerra Civil en Cogolludo volvieron a demostrar que la historia sigue siendo una conversación abierta. Una conversación en la que todavía aparecen diarios olvidados, fotografías inéditas y nuevas historias capaces de explicar, desde la cercanía y la emoción, lo que vivió la villa durante aquellos años decisivos.

 

 

 

 

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