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Llamado Guinea-Conackry, para diferenciarlo de las otras dos Guineas, Guinea Bissau, que fue colonia portuguesa, y Guinea Ecuatorial, que lo fue española. Lo curioso es que estos tres países no tienen fronteras comunes.

Teníamos cierta prevención al visitar este país, ya que existe poca información turística, y además tuvimos serios problemas para obtener el visado de entrada, que se solucionó con unos cuantos miles de francos guineanos.

Pese a que estábamos recelosos al paso de la aduana, no tuvimos ningún problema y fue de los sitios mas fáciles y tranquilos en el control aduanero.

Al contrario que en Costa de Marfil, no tuvimos problemas con la moneda, ni con los cambios. Un euro equivale, mas o menos, a 10.000 francos. Y el billete mas alto es de 20.000 francos. Cambiamos 100 euros y nos dieron un montón de billetes, casi un millón de francos. La gente cuando va a comprar algo un poco caro, o pagar los hoteles, va con una bolsa, por la cantidad de billetes que debe dar. Además, prácticamente no se utilizan tarjetas de crédito.

El 90 por ciento de los guineanos son musulmanes, pero no vimos en la calle ninguna presencia religiosa. No se ven mujeres con velo, y se puede beber cerveza o licores por cualquier sitio.

Tuvimos serios problemas con la agencia guineana con la que contratamos el viaje. Intentaron alojarnos en hostales para mochileros, sucios, sin aire acondicionado, y aunque esto se solucionó, no cumplieron con el programa ofrecido. Tanto el guía como el conductor no sabían donde teníamos que ir, ni cuando debían pagarnos las comidas. Nos dimos cuenta que es un país no turístico, y que solo llegan algunos mochileros para subir a una montaña sagrada con vistas a todo Conakry, en todo caso el viaje estaba programado para visitar solo la costa. Supongo que el interior debe ser mas auténtico.

La comida no está mal, y solucionamos algunos almuerzos y cenas con el maravilloso pan que está por todos lados, y algunas latas estupendas de atún y sardinas.

Gran mezquita de Conakry

El mismo día de llegada, hicimos un circuito por Conakry, ciudad enorme, con un trafico terrible y que se alarga muchísimos kilómetros a lo largo de la costa. Visitamos la Gran Mezquita, edificio situado en medio de la ciudad, y construido gracias a la financiación de Arabia Saudita. Es un templo con una enorme explanada, muy bien cuidado y limpio. Se puede visitar con un permiso y con unos cuantos miles de francos de propina.

Catedral católica

Después visitamos la catedral católica, custodiada por varios vehículos militares. Nos encontramos dentro del recinto con el obispo, que nos enseño el templo por dentro y nos dejó entrar también en sus aposentos personales.

Puerto de pescadores

Seguidamente fuimos al puerto de pescadores, donde había varias embarcaciones de pescadores y otras de pasajeros. El sitio es de los mas sucios de la ciudad, con basura y plásticos acumulados de años. Muy cerca está situado el palacio presidencial., edificio imponente, con mucha vigilancia, y al que está prohibido fotografiarlo.

Cuevas de Cireyah.

Al día siguiente salimos hacia el lago Coba, por el camino visitamos las cuevas de Cireyah. Estas cuevas están formadas por inmensos pilares rocosos, con cuevas entre ellos, formadas por la acción del agua. El sitio es interesante, muy poco visitado, lleno de murciélagos. Tiene cierta similitud con la ciudad encantada de Cuenca, aunque con los pilares mucho mas juntos y apretados, y, por supuesto, todo mas salvaje.

Llegamos al hotel del lago Coba por la tarde, todavía con luz. El hotel estaba situado a orillas del lago, y las habitaciones eran cabañas individuales y aisladas unas de otras. No llega la corriente eléctrica, y se ilumina con generadores a partir del anochecer. Enfrente, en la orilla contraria del lago, y muy lejanos, había otro hotel y un palacio presidencial. Antes de anochecer nos bañamos en el lago, agua completamente tibia y deliciosa.

Antes de que encendieran los generadores pudimos asistir a una puesta de sol absolutamente maravillosa. Todo en silencio, salvo los sonidos naturales de aves y animales, con la luz naranja poniéndose en el horizonte, entre palmeras y el agua. Qué momento mas relajante y precioso. Sintiendo esta belleza, te das cuenta de lo reales que son las referencias que siempre hemos leído sobre la luz de África.

Después estaba programado ir a la isla de Kito, pero la agencia no tuvo a bien llevarnos, y en su lugar estuvimos visitando un mercado en uno de los pueblos de la ruta, realmente auténtico y una parada en las cascadas de Soumba, lugar realmente increíble. Para empezar la cascada estaba seca, los tres cuidadores del lugar estaban tirados en tumbonas, y ni se molestaron en incorporarse a nuestra llegada. Había una especie de laguna de agua sucia, y un montón de de salvavidas tirados por el suelo en cualquier lugar. Totalmente lamentable. El sitio tiene una especie de hotel y restaurante, que estaba quemado, y las habitaciones desmoronadas. La dejadez y el abandono es manifiesto, pero te cobran entrada.

Mercado callejero de Dubreka.
Tiendas en el mercado.
Vendedora del mercado de Dubreka.

Esa misma tarde fuimos a Dubreka, y antes de ir al hotel paramos para visitar el puerto pesquero de esta localidad.

Puerto pesquero de Dubreka.

A la mañana siguiente, y después de tener que esperar casi dos horas para que nos recogieran, fuimos al mismo puerto para coger una piragua que nos llevaría a Conacry. El puerto de Dubreka está situado en una profunda bahía en el interior y conecta luego con mar abierto. El plan programado era recorrer los manglares de la zona y ver toda la fauna existente, esto es cocodrilos, monos, varanos, lezardos, etc, pero nos montamos en una patera a motor, y al descubierto durante casi 3 horas, por medio del agua, sin ver absolutamente nada, mojándonos y quemándonos. En lugar de llevarnos a Conacry, nos llevaron a una de las islas de Los, que están enfrente de la ciudad, pretendiendo que pasáramos ahí el resto del día. El hotel no tenía electricidad y era propio de mochileros, la playa no estaba mal, sin mucha suciedad, pero como al día siguiente nos volvíamos a España nos negamos a pasar allí esa noche. Fuimos a un hotel en Conakry a pasar el último día, y como este estaba cerca de la playa, salimos para hacer una visita.

Isla de Loss.

La playa de Conackry tiene tres zonas diferenciadas, una, es una hilera de chiringuitos para tomar algo, con música, y algunas terrazas bien puestas. La segunda zona es una franja entre los chiringuitos y el agua, que es un auténtico basurero, millones de plásticos y vidrios sin recoger de años, lo peor que hemos visto en la vida. Horripilante. Por último, el agua, con poco oleaje, y flotando plásticos por todos lados. Evidentemente no se baña nadie.

Playa de Conakry

A día siguiente de madrugada salimos hacia el aeropuerto para volver a España. El balance del viaje que se me ocurre es que en ambos países no hay mucho que ver, pero sentir la esencia de África de esta forma es muy auténtico, conociendo pueblos y personas, y que ha merecido la pena, volveremos a África, sin duda.

Viaje al golfo de Guinea 1

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