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  • OPINIÓN

    Julio Álvarez Jiménez

    Nos vale cualquiera de las versiones de la alabanza que la “multitud celestial” canta ante los pastores, el problema del ‘Anthropois Eudokias’ (ἀνθρώποις εὐδοκίας), que ha sido señalado como la “tortura de los traductores”. Nos quedamos con que el breve himno angelical en Lucas 2:14 lanza un bello deseo: “Paz en la Tierra...” Un deseo de las huestes de Dios, nada menos. No puede ser deseo baladí. Y no vamos a...

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    Pedro Ortego Gil

    Los diferentes portales de transparencia de las Administraciones Públicas, con alguna excepción, permiten a los ciudadanos obtener información acerca de determinados actos, procedimientos o resoluciones administrativas. Vaya por delante, en consecuencia, mi agradecimiento a las personas encargadas de...

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  • OPINIÓN

    Jesús F Carrasco

    Michael Crichton (1942-2008) fue un licenciado en medicina que se hizo famoso como novelista y director de cine. Las historias que imaginó y publicó fueron el origen de famosas series de televisión, como Urgencias, y muchas películas. Algunas se convirtieron en saga, como Parque Jurásico.

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Levantar la vista al cielo liberó al hombre de sus mitos y le inspiró la ciencia. Siglos después, Sigüenza se conserva como una orilla transparente hacia el océano cósmico que habitamos.

Cielo de Sigüenza. Foto de Javier Castañón Barbero.

Donde habitualmente se acaba la mirada del viandante, en el punto de fuga de las milenarias calles seguntinas, de las almenas de su catedral-fortis y su alcazaba, se encienden las estrellas de un límpido cielo castellano, valiosísima reserva natural de noches oscuras cada vez más escasas en nuestro continente y en todo el planeta. Esta formidable cúpula celeste, de escasa contaminación lumínica, constituye un patrimonio de valor literalmente astronómico y potente sinergia con otros tipos de patrimonio cultural y natural. Es a la vez consecuencia y garante de un entorno biodiverso y bien conservado en lo vegetal, animal, geológico e hidrológico: noches oscuras son sinónimo de riqueza en la base de la cadena trófica, equilibrio depredador-presa y sueño reparador.

Sigüenza se asoma al vasto océano cósmico por un horizonte de una luminosidad y belleza únicas – amplio, sin grandes elementos disonantes, abierto 360º pero en absoluto plano. Recorrer, con la vista o las botas, sus “siete colinas” (Mirón, Villavieja, Otero, Morretón, Buitrera, Quebrada y los Chorrones) es disfrutar de bosque –pinar y rebollar–, páramo, campos de labranza y vega sin toparse con una valla. Se goza, en suma, del derecho no escrito a un horizonte despejado que nos saque del ensimismamiento. El horizonte seguntino se abre a un Parque Natural (Río Dulce), al nacimiento de un río (Henares), al paso natural entre dos cordilleras (central e ibérica), a picos señoriales (Ocejón, Alto Rey, Urbión, Moncayo), al vértice de tres vertientes (Tajo, Duero, Ebro) y a los escenarios de nuestra historia (Vía Augusta, frontera Castilla-Aragón, reconquista, guerras de independencia y civil).

Tras un atardecer de luz sanguinolenta sobre arenisca, ese mismo horizonte se abre a la Vía Láctea en itinerarios estelares –circumpolares, estacionales, zodiacales– como los que se describen en el mirador celeste del molino conocido como el Polvorín.

Javier Bussons Gordo, astrofísico.

Este escrito forma parte de la Iniciativa letras vivas seguntinas. Sigüenza candidata a patrimonio de la humanidad.

 

 

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