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    José María Martínez Taboada

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  • OPINIÓN

    Luis Cancer Pomar

    2026 será recordado como uno de los peores años en lo referente a incendios forestales en España. Pero no será un caso aislado, puesto que en años anteriores, recientes y no tan recientes, la situación fue también muy negativa. Es habitual oír en la calle, en tertulias radiofónicas y televisivas, en declaraciones de cargos políticos, que se trata de una derivada más del cambio climático. Pero el problema es mucho más...

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    Julio Álvarez Jiménez

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  • OPINIÓN

    Julio Álvarez Jiménez

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  • CULTURA

    José María Martínez Taboada

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    Lo...

Últimos artículos comentados

  • Julio Álvarez comentó el Miércoles, 09 Septiembre 2026 16:40
    Claro, creía no haber dicho lo contrario en ningún momento, quizá me enrolle demasiado y a veces no sea claro[…]
  • Jesús FCV comentó el Miércoles, 02 Septiembre 2026 14:03
    Buenas tardes:
    No voy a abundar en la línea que, las explicaciones del autor, y el comentario de Julio, ya[…]

Este es un comentario basado en una impresión personal, no tanto la explicación de profesional a aficionado, a cargo de un crítico de arte profesional, sino una apreciación subjetiva y libre, eso que podríamos definir como “sentimiento”, hijo de la inmediatez, la intuición y lo primero que te viene a la cabeza. 

En la galería de arte Sigüenza, una exquisita galería en miniatura que no tiene nada que envidiar a otras mayores y más conocidas, expone, desde el sábado 20 hasta final del mes de septiembre, una pintora que ya colgó obra anteriormente, Ángela Mena.

Ángela Mena (derecha) con la galerista Sonia Hernández

Ángela Mena es joven, sencilla y amable, sabe muy bien lo que quiere y a dónde quiere llegar. Ángela Mena es sevillana, hija de esa Sevilla que, durante siglos, fue el punto de trasvase de la cultura europea a ese Nuevo Mundo llamado Las Indias, y viceversa. 

Una ciudad con un legado artístico tan extenso e importante, que ha conformado la forma de ser de sus habitantes, rodeados del poso de las grandes olas culturales, el ir y venir de ideas, concepciones de la belleza y el mundo, exploraciones estéticas y sus resultados.

Alumna de la Universidad de Bellas Artes como pintora, tuvo ocasión de ampliar estudios en el extranjero, y trabajar con la escultura, de forma que pasó de las dos dimensiones al mundo espacial, tridimensional, algo que marcaría su trayectoria posterior, y que, paulatinamente, le iría introduciendo en el mundo de la abstracción, la búsqueda de esa piedra filosofal que se formula como “menos es más”. 

De floraciones disueltas y paisajes con un toque daliniano, ha pasado a plegamientos de agudas aristas y bordes curvados, todo ello resuelto en colores fuertes, luminosos, con tenues gradaciones que constatan un conocimiento preciso de texturas y comportamiento de la pintura en sí, las transparencias u opacidades del soporte y el contraste sutil entre la superficie pintada y el lienzo desnudo.

En una primera mirada, la limpieza y precisión, la integración de los marcos en la obra, y, en general, el acabado de cada cuadro, se vuelven asimismo protagonistas, algo que no es casual pues se trata de una de las claves de la biografía de la autora, quien ayudaba en el negocio paterno a las tareas del enmarcado de obras de arte, donde es necesaria una exactitud absoluta en lo que a formas, tamaño, materiales y medidas se refiere. 

Debo decir que siempre admiré a los cristaleros que, con un elegante movimiento, dividen limpiamente una placa de vidrio. Ese acto, aparentemente sencillo, que todos creemos poder realizar sin problemas, provoca continuos fracasos y muchos cristales rotos. Traigo este detalle a colación porque la pintura de Ángela es algo parecido: parece fácil, pero es el resultado de destreza y esfuerzo. Quizás por ello es por lo que no tiene inconveniente en mostrar sus técnicas y procedimientos, sabedora que el mero hecho de conocerlos no implica un resultado sin más.

Inauguración de la exposición

Si no hubiéramos contemplado en 2022 alguna de sus esculturas, la impresión al ver el conjunto de lo que hoy se expone, hubiera sido otra. Por lo pronto, la misma artista crea el objeto tridimensional y su versión en dos dimensiones, es decir, la escultura y su alter ego pintado, al que dota de las correspondientes cualidades pictóricas, Consiguiendo un efecto volumétrico que sigue una tradición secular, muy utilizada en el barroco hispano: el trampantojo o simulación ilusionista del relieve en superficie plana. 

Trabaja, como confiesa ella misma, al modo de Velázquez, maestro de maestros, de dentro a afuera, construyendo planos sucesivos que emergen al exterior, de forma que la capa pictórica podría, hipotéticamente, desplegarse como un acordeón.

Otro rasgo que enlaza con la gran pintura renacentista y barroca es el claroscuro, el juego de luces y sombras que resalta el relieve escultórico, expresado con eficacia virtuosista.

Y, finalmente, el color, ese color que se te lanza a la cara, que resume, en un breve muestrario, la esencia de la gran pintura barroca: blancos paños de Zurbarán, fondos velazqueños de oscuridad palpitante; rosas, carmines y bermellones de destellos cardenalicios; azul de Purísimas resplandeciendo con la luz del alba… y el amarillo cadmio, ocres de frutas apiladas, dorados mantos de apostolados… alguno me dirá que deliro, pero es lo que yo percibo. Luz, color y forma.

He visto Sevilla, y eso antes de saber que pintaba una sevillana. 

Qué cosas. 

Letizia Arbeteta Mira

 

 

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