Conclusiones abordadas en el curso de verano «Energía hoy: reto, crisis y futuro», organizado por la UNED de Guadalajara y la Delegación de Guadalajara del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Madrid.
España avanza con rapidez en el despliegue de las energías renovables, pero producir más electricidad limpia ya no es suficiente. Para aprovecharla, atraer nuevas industrias y electrificar la economía se necesita una red capaz de transportar la energía, gestionar una generación cada vez más variable y responder a nuevos consumos que se concentran en
lugares concretos.
Durante años, el debate energético se ha centrado principalmente en la generación. La atención se ha dirigido a cuánta potencia renovable debía instalarse, qué tecnologías convenía impulsar y cómo reducir la dependencia de los combustibles fósiles. Sin embargo, el rápido crecimiento de las energías renovables está desplazando el foco hacia otro reto mucho menos visible. Se necesitan unas redes capaces de integrar esa nueva generación y llevar la electricidad allí donde realmente hace falta.
No es una preocupación exclusiva de España. La Agencia Internacional de la Energía (IEA) advierte de que las redes eléctricas se están convirtiendo en uno de los principales cuellos de botella de la transición energética. Según este organismo, más de 2.500 GW de proyectos de generación renovable, almacenamiento y grandes consumidores eléctricos permanecen pendientes de conexión a las redes en todo el mundo.
Según el Informe del sistema eléctrico español 2025, elaborado por Red Eléctrica, durante ese año se incorporaron en España cerca de 10 GW de nueva potencia eólica y fotovoltaica, una cifra que asciende a 11,6 GW si se incluye el autoconsumo. Al mismo tiempo, la demanda eléctrica aumentó un 2,8 %, reflejo del creciente proceso de electrificación de la economía.

Una nueva demanda que necesita capacidad
La electrificación de la industria, la movilidad eléctrica, la producción de hidrógeno renovable y la implantación de centros de datos están modificando el mapa tradicional del consumo. Se trata, en muchos casos, de proyectos con una elevada demanda de potencia y ubicados en puntos muy concretos, donde no siempre existe capacidad disponible para conectarlos de forma inmediata.
Los datos publicados por Red Eléctrica en febrero de 2026 reflejan con claridad este cambio.
Desde 2022 se han otorgado 11,8 GW de capacidad de acceso para nueva demanda en la red de transporte que todavía no están en servicio. A ello se suman permisos para 129 GW de generación eólica y fotovoltaica y 16 GW de almacenamiento. Estas cifras muestran hasta qué punto la disponibilidad de red se ha convertido en un factor determinante para que numerosos proyectos puedan materializarse.
El reto no pasa únicamente por construir nuevas líneas eléctricas. También será necesario reforzar subestaciones, mejorar la coordinación entre las redes de transporte y distribución, incorporar almacenamiento y avanzar en la digitalización del sistema para gestionar en tiempo real tanto la generación como la demanda.
Las redes del futuro tendrán que ser más amplias, pero también más flexibles e inteligentes. La gestión activa de la demanda, las baterías, el bombeo hidráulico, las interconexiones y los sistemas de control contribuirán a equilibrar el sistema cuando no coincidan los momentos de mayor producción renovable y mayor consumo.
Una infraestructura para la competitividad
La planificación eléctrica ha pasado de ser una cuestión exclusivamente energética a convertirse también en una herramienta de política industrial y de ordenación territorial. Una empresa que proyecta una nueva fábrica necesita saber si dispondrá de la potencia necesaria, en qué plazo podrá acceder a ella y con qué garantías. La existencia de capacidad eléctrica puede condicionar tanto una nueva inversión como la ampliación de una industria ya implantada.
El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico trabaja ya en la nueva planificación de la red de transporte con horizonte 2030, que prioriza el refuerzo de las infraestructuras para atender el crecimiento de la demanda asociado a la descarbonización industrial, el hidrógeno renovable, la electrificación y los nuevos consumos.
Según Santiago Verda Henche, vicepresidente de la Delegación de Guadalajara del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Madrid (COIIM), la transición energética «no dependerá únicamente de cuántas fuentes renovables, aerogeneradores o paneles solares se instalen. Su éxito exigirá que la electricidad pueda llegar allí donde se necesita, en el momento adecuado y con la seguridad suficiente». Además, subraya que sigue pendiente otro desafío estratégico: reforzar la interconexión de la red eléctrica con Europa a través de Francia, una medida que permitiría optimizar el sistema al ajustar mejor la oferta y la demanda.
Este cambio de paradigma fue uno de los ejes del curso de verano «Energía hoy: reto, crisis y futuro», organizado por la UNED de Guadalajara y la Delegación de Guadalajara del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Madrid, dentro de la 37.a edición de los Cursos de Verano de la UNED. Durante las distintas sesiones, especialistas del sector analizaron cómo adaptar las infraestructuras eléctricas a un sistema cada vez más electrificado, digital y descentralizado, un desafío que marcará el futuro energético e industrial de España.
El Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Madrid (COIIM), creado en 1950, es la corporación de derecho público que representa y defiende los intereses profesionales de los ingenieros industriales en Madrid, Guadalajara y el resto de su ámbito territorial, que agrupa a más de 9.000 colegiados. El COIIM colabora con las administraciones públicas, el mundo empresarial y académico en materia técnica, económica y jurídica, e impulsa la formación continua de sus profesionales a través de sus distintas delegaciones territoriales, entre ellas la Delegación de Guadalajara.














