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La rotonda mágica y otras propuestas geoturísticas

Ante la noticia de que se estudia hacer un proyecto para la rotonda del polígono industrial a la entrada de Sigüenza, proponemos varias alternativas para dignificar este emblemático espacio para que cumpla su función de anunciar dignamente la ciudad a los visitantes y se convierta en un estratégico e incomparable imán de atracción turística.

Para no repetir la anodina colocación del nombre en un arco, emulando el dudoso gusto de ciudades como Marbella, proponemos otras alternativas para dar la bienvenida a la ciudad. La primera, siguiendo cierta tendencia actual, obviaría las vocales de la palabra, de tal modo que el topónimo se convirtiera en un minimalista SGNZ. Esto tendría la ventaja de ahorrar el importe de las letras suprimidas y además el nombre de la ciudad cobraría un matiz más moderno e idóneo para interactuar con él en las redes sociales. Otra posibilidad sería jugar con el orden de las letras, de manera que, invirtiendo el nombre, nos toparíamos con una enigmática AZNEÜGIS que podría venderse como de origen sumerio, atribuyendo así un remoto y exótico origen a la ciudad. Este hallazgo provocaría estupor y alimentaría el factor sorpresa en los automovilistas, a pesar de contar con la asistencia de su correspondiente navegador tom tom a bordo. Dicho topónimo podría servir para alguna serie televisiva de moda, y utilizarse como marca-ciudad alternativa de Sigüenza.

También se podría innovar y cambiar la denominación geoturística de la Ciudad del Doncel, sustituyendo al noble mancebo caído en la guerra de Granada por la sufriente dama cautiva del castillo de Sigüenza. De este modo se dotaría a la ciudad de una perspectiva de género. Así se podría rotular en la rotonda (en idioma bilingüe por supuesto) un acogedor Welcome to Mrs. White’s City.

Una alternativa sería utilizar como leyenda asuntos de actualidad, sugerimos el de “Sigüenza, dónde el Henares cobra su hedor” al menos hasta que la promesa de nueva depuradora se haga realidad. Es verdad que no resulta un eslogan demasiado atractivo para incrementar las visitas pero podría servir para llamar la atención de las administraciones competentes. Otro lema a considerar podría ser el impactante “Sigüenza, dónde hasta las viejas piedras tiemblan”, poniendo en énfasis el nivel de decibelios que se alcanza en la ciudad en los periódicos saraos que ensordecen sus recoletas plazas. También existe la opción de añadir al topónimo algún adjetivo oscuro que nadie sepa muy bien lo que significa pero que suene bien de cara a su posicionamiento turístico en el mercado globalizado. Sugerimos por ejemplo: Sigüenza, ciudad telúrica, totémica, nosomántica… las opciones son infinitas.

En cuanto al diseño de la rotonda habría varias posibilidades, una de ellas es dejar que se hiele el pavimento en invierno y llenarlo de gravilla en verano o simplemente hacerlo deslizante, de tal manera que los vehículos patinen, den un trompo y se vayan a la cuneta. La iniciativa puede resultar arriesgada (sobre todo para los visitantes), pero se podría vender como turismo de aventura lo que incrementaría el número de entradas de los que busquen emociones fuertes y tomen como un reto superar la rotonda. También sería positivo para la dinamización del polígono industrial adyacente ya que propiciaría la instalación allí de talleres mecánicos dispuestos a echar una mano al bolsillo de los osados automovilistas que se aventuraran a circular por la rotonda.

Otra alternativa sería crear una rotonda inteligente, dotada de software de reconocimiento facial, de modo que discriminara a los visitantes por su poder adquisitivo con el objetivo de dotar a la ciudad de un turismo de calidad y evitar así su masificación. Los rechazados por la inteligencia artificial en la rotonda serían desviados al polígono donde habría un centro de interpretación de la rotonda con reproducciones creadas con impresora 3D de la Sigüenza petrificada y de hologramas con muestras de la población autóctona. Para monetizar esta iniciativa se podrían vender allí mismo como souvenirs, pedruscos de diversas zonas ruinosas de la ciudad (la Travesaña Baja podría ser una mina) o de las pedanías (restos de demolida torre de Séñigo o de las Salinas de Imón).