De la comarca a la marca®

La Comisión que debe persuadir a los encargados de la ansiada designación de la comarca como Parque Temático Mundial (PTM) se va nutriendo cada día con más jugosos fichajes. Se anuncia la posible incorporación de la estrella del balón, Leo Messi, una garantía de que, a partir de ahora, la marca juegue en la liga de los campeones. También se estudia recabar el apoyo de algún magnate mediático (de esos que se preparan para huir del planeta cuando las cosas se pongan feas) para que promocione la marca en sus viajes turísticos espaciales. Pero este aspecto sideral de la candidatura no tiene por qué estar reñido con su necesario cariz medieval. Para ello nada como invitar a algún componente de la nutrida familia real liberado del trabajo de inaugurar eventos, para que patrocine la marca.

Por lo demás la Comisión de la candidatura debería seguir celebrando desayunos, comidas y cenas de trabajo en los lugares más emblemáticos de la comarca. En estos ágapes la Comisión tendría como objetivo seguir reuniéndose con periodicidad. Sugerimos también que para luchar contra la masificación se divida en varias Subcomisiones para poder abarcar así más establecimientos hosteleros en lo que significaría una importante labor de apoyo a la gastronomía local, fomentando además la virtuosa economía circular.

Una labor fundamental de esta Comisión sería la creación de una identidad corporativa que pusiera en candelabro la marca. Para ello nada mejor que dotarse de una imagen y un lema que la definiera. Se trataría de jugar con olores y sabores, como si de un producto culinario se tratara, buscando el adecuado maridaje para que resulte digerible al organismo decisorio.

Sugerimos un logotipo con la imagen de un escudo dividido en tres pabellones: a la izquierda, tres caramelos rampantes simbolizarían la dulzura del territorio; a la derecha un salero a modo de torre defensiva señalaría el recio sabor del paisaje y debajo se incluiría, a modo de basilisco, una apisonadora sobre un campo de asfalto, para simbolizar la llegada del firme al territorio. El escudo iría provisto de una corona que recalcaría la raigambre dinástica de la marca. El lema podría ser: “Un pavimento iluminado con muchos sabores”. Una vez establecida la identidad, habría que hacer un profuso uso de las redes sociales corporativas para recibir el máximo de likes, estrellas, soles y demás parabienes digitales. Otra tarea de la Comisión sería crear un centro de interpretación de la marca donde se podrían vender al turisteo todo tipo de motos de aspecto medieval.

Pero para que la declaración de PTM se convierta en realidad, hay que ponerse manos a la obra. Por una parte se trataría de dotar al territorio de una adecuada iluminación para que las abundantes ruinas que lo jalonan, lucieran más auténticas que nunca. Otra labor imprescindible sería la creación de aparcamientos persuasorios bien asfaltados para que los cientos de miles de visitantes puedan llegar en sus caballerías mecánicas, (a ser posible híbridas) para fotografiar las ruinas. Se podría cobrar un peaje para monetizar la inversión.

Las apisonadoras deberían ya estar calentando motores para hacer realidad este sueño asfáltico, de tal manera que suelos pavimentados cubrieran todo tipo de superficies evitando que el molesto polvo de la tierra arruinara el calzado de los visitantes. Por otra parte para dinamizar la marca se podrían utilizar técnicas de geoingeniería que dotaran al territorio de algún fenómeno natural extremo, susceptible de ser explotado mediáticamente. No resulta fácil competir con un espectáculo como el que hoy nos ofrece el volcán de La Palma pero se podrían provocar pequeños movimientos sísmicos que proporcionen titulares de impacto de una manera sostenida y sostenible. Pero para ello habría que impedir que la población residual obstaculizara, con obsoletos cultivos y ganado sin estabular, este imparable proceso. El modelo ya se vislumbra en la isla de La Palma, en donde el poco rentable cultivo del plátano va siendo desplazado por la más lucrativa cosecha del selfie volcánico.

Se trataría de convertir una comarca sin valores dignos de destacar en una marca registrada con el suficiente valor añadido como para lograr su venta como PTM.

Y al final ya solo quedaría la labor de organizar rogativas para evitar la llegada de la próxima pandemia.

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